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¿Te afectan en exceso las críticas? ¿Cuánta influencia tienen los demás en tu vida?

Esta semana quiero hablar del impacto de las críticas en nuestra vida, de la influencia de las opiniones de los demás sobre nuestras acciones, de la fuerza del qué dirán en nuestra vida, de cuando nos paralizamos por las críticas ¿Os suena? Todos, en alguna ocasión, nos hemos dejado llevar por las opiniones del grupo que nos rodea. Y no sólo de nuestra familia o de nuestros mejores amigos… ¡es normal pedir opinión a los que nos quieren! Os hablo de cuando nos afecta demasiado lo que dicen personas a las que apenas conocemos, personas que tampoco nos conocen o no saben cuál es nuestro trabajo. En este post quiero que reflexionemos sobre las críticas:

¿Te afectan las críticas?

– ¿Cuánto nos afectan?

– ¿Interfieren en nuestras vidas?

– ¿Dejamos de hacer cosas que queremos por temor a las críticas?

Para ayudaros a reflexionar voy a transcribir una historia que leí hace mucho tiempo. Se llama ‘Pregúntale a los muertos’:

“Cuentan que, en un fresco y amplio patio de la casa más elevada del poblado, descansaba un hombre anciano cuyo rostro se decía que inspiraba una extraña mezcla entre misericordia y firmeza. Era conocido entre los habitantes de la población por el nombre de Khalil, y de todos era sabido que de sus palabras parecía brotar un manantial de sabiduría.
Un día de sol, en el que el anciano se hallaba meditando bajo la fresca sombra de una vieja higuera, se presentó ante el umbral de su jardín un joven:

  • Amigo sabio, ¿puedo pasar?, le preguntó al anciano
  • La puerta está abierta, respondió Khalil.

El joven, cruzando el umbral y acercándose al anciano, le dijo:

       – Me llamo Maguín y soy artista. Mi trabajo es sincero y pleno de sentimiento. Sin embargo, tengo un gran problema: me atormentan las críticas que se hacen de mi vida, mi obra y mi persona. Vivo obsesionado por las descalificaciones de los críticos de arte, y por más que trato de que no me afecten, me acaban esclavizando… Sé que eres un hombre sabio y que tu fama de sanador alcanza los horizontes más remotos. Dicen también que tus remedios son extraños, y, sin embargo, no me falta confianza para acudir a ti, a fin de conseguir la paz que tanto necesito en la defensa de mi imagen.

Khalil, mirando al joven con cierta displicencia, le dijo:

       – Si realmente quieres curarte, ve al cementerio de la ciudad y procede a injuriar, insultar y calumniar a los muertos allí enterrados. Cuando lo hayas realizado, vuelve y relátame lo que haya sucedido.”

Ante esta respuesta, Maguín se sintió claramente esperanzado en la medicina del anciano. Y aunque se hallaba un tanto desconcertado por no entender el porqué de tal remedio, se despidió y salió raudo de aquella casa.

Al día siguiente, se presentó de nuevo ante Khalil.

  • Y bien, ¿fuiste al cementerio?, le pregunto el anciano.
  • Sí, claro, contestó Maguín, en un tono algo decepcionado.
  • ¿Qué te contestaron los muertos?, se interesó el maestro.
  • Pues en realidad no me contestaron nada, estuve tres horas profiriendo toda clase de críticas e insultos, y ni se inmutaron.

A continuación, el anciano sin variar el tono de su voz le dijo:

  • Escúchame atentamente. Vas a volver nuevamente al cementerio, pero en esta ocasión vas a dirigirte a los muertos profiriendo todos los elogios, adulaciones y halagos que seas capaz de sentir e imaginar.

La firmeza del sabio eliminó las dudas de la mente del joven artista por lo que despidiéndose, se retiró de inmediato para acudir al cementerio de nuevo.
Al día siguiente, Maguín volvió a presentarse en la casa de anciano…

  • ¿Y bien?, volvió a preguntar el anciano.
  • Nada, contestó decepcionado Maguín.

Y añadió:

  • Durante tres horas ininterrumpidas, he articulado los elogios y elegías más hermosos acerca de sus vidas, y destacado cualidades generosas y benéficas que difícilmente pudieron oír en sus días en la tierra, y… todo continuó igual a pesar de mi entrega y esfuerzo. Así que… ¿eso es todo?, preguntó el joven con cierto escepticismo.
  • Sí, contestó el viejo Khalil, eso es todo… porque así debes ser tú, Magín: indiferente como un muerto a los insultos y halagos del mundo… porque el que hoy te halaga, mañana te puede insultar, y quien hoy te insulta, mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece en ti mismo, más allá de los claros y los oscuros del mundo”.

¿Qué os parece esta historia? ¿Creéis que sois capaces de actuar así ante las críticas? Os aseguro que cuando consigáis esa especie de coraza ante las críticas de las personas que, en realidad, no os importan os sentiréis mucho más libres y con más capacidad de seguir trabajando para conseguir vuestros objetivos.

No os estoy pidiendo que dejéis de contar con las opiniones de los que ¡de verdad! os quieren, de los que os importan o de esas personas que admiráis por su trayectoria profesional o personal… ¡por supuesto que esas opiniones son importantes! Os pueden ayudar a alcanzar vuestras metas y objetivos.

Me refiero a esas opiniones de personas que no os importan, que no nos conocen demasiado ni a nivel profesional ni a nivel personal… Pararos un momento y preguntaros:

– ¿De verdad es importante esa opinión?

– ¿Por qué he de dirigir mis acciones en función de esa persona que ni siquiera me interesa?

Os sorprenderá la de veces que nos hemos visto guiados por esas personas sin ni siquiera pararnos a reflexionar sobre la verdadera importancia de esa opinión. Las veces que nos hemos bloqueado, que hemos dejado de realizar un trabajo importante por ese miedo al ‘qué dirán’… ¿Qué tal si nos preguntamos mejor ‘quién lo dice’, ‘es verdaderamente importante para nosotros’,…. y, sobre todo, ‘nos ayuda en algo’?  Porque la única crítica que nos debe importar es esa que nos ayuda a ser mejores, la que nos dice por dónde ir, la que nos impulsa hacia nuestros objetivos. ¡Tengámoslo en cuenta?

Y vosotros, ¿hasta qué punto os influyen las críticas? ¿Qué vais a hacer para que os afecten menos?

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