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Abandona las excusas y ¡pasa a la acción!

“Quien quiere hacer algo encuentra un medio, quien no quieres hacer algo encuentra una excusa” Proverbio Árabe

excusas¿Eres de los que siempre tienen una excusa para todo? ¿Tus excusas llegan a convencerte a ti mismo y te quedas paralizado? Esta semana te invito a abandonar las excusas, a dejar el no puedo y a ¡pasar a la acción! Pero ya. Sin esperar ni un minuto más.

Entre la cantidad de motivos por los que podemos utilizar las excusas en determinados momentos, pueden ser, por ejemplo: el no tener ganas de hacer ningún esfuerzo, por miedo al cambio o por miedo a asumir responsabilidades, por falta de confianza en uno mismo, reflejo de una baja autoestima…

El principal problema es que cuando utilizamos de manera reiterada una excusa nos llegamos a convencer de que somos incapaces de acometer determinada tarea, nos creemos de verdad que no podemos. Con las excusas nos ponemos límites inexistentes, que nosotros mismos hemos creado. Limitamos nuestra capacidad para sobreponernos a dificultades, a retos,…nuestra capacidad de crecer como seres humanos. Y, al final, terminamos con esa manida frase de: ¡Es que yo soy así!, afirmación autodestructiva que se convierte en una creencia firme y sin posibilidades de modificación. ¿De verdad que vas a limitar tus progresos en la vida, que vas a resignarte a no alcanzar tus metas y objetivos, que vas a dejar de lado tus sueños, por una excusa?

Te propongo que dejes de justificarte, que abandones tus excusas, que tomes la determinación de ir más allá de lo que crees que te limita. Y ¿por qué no empiezas analizando cómo has superado las excusas que has dado durante el día de hoy? Por ejemplo, analiza las razones que te has dado a ti mismo para ir al gimnasio, para acabar ese trabajo, acompañar a tu madre al médico, visitar a ese vecino enfermo, comer un poco más sano, ir andando al trabajo, ayudar a tu hijo con los deberes… Quizás pienses que son pequeñas cosas que no van a ningún lado. Pero si nos acostumbramos a mentirnos a nosotros mismos con excusas en estos pequeños quehaceres diarios, nuestra mente actuará de la misma forma ante grandes responsabilidades o ante retos más ambiciosos. Porque, como he dicho anteriormente, el problema es que nos creemos nuestras propias excusas.

Para modificar nuestra tendencia a excusarnos cuando algo no nos apetece, nos da miedo o requiere demasiado esfuerzo os invito a que vayáis poco a poco. Quizás empezando por estas pequeñas cosas que a diario dejamos para otro día porque ‘hoy me duele la espalda y no puedo ir al gimnasio, mañana empiezo la dieta que hoy no puedo ir a comprar, el fin de semana iré a ver a mi madre y que me cuente lo del médico que hoy voy muy liado, …’ Os animo a sustituir la excusa por un: ¡Sí, voy a hacerlo! A no dejar a vuestra mente trabajar para pensar qué excusa puedo o ‘me puedo poner’ para no hacerlo. A ser más rápidos que vuestras excusas y a tomar las riendas de vuestras decisiones y encontrar esas poderosas razones para ¡hacerlo! Os invito a decir ¡sí, puedo!

De esta forma, comenzaremos educando al pensamiento con estos pequeños actos cuando se nos presente un gran desafío en lugar de buscar la excusa buscaremos la forma de acometerlo. Nos preguntaremos, ¿qué puedo hacer para alcanzar ese objetivo? En definitiva, de esa forma en lugar de buscar la excusa buscaremos el cómo.

Y para alcanzar el éxito en este ejercicio tenemos que ser pacientes y constantes. Porque no podemos pretender lograr algo de la noche a la mañana. Tenemos que ir poco a poco. Con pequeños cambios que nos animen a continuar, que demuestren a nuestra mente que sí podemos hacerlo porque hemos buscado la forma, el modo en lugar de la excusa.

Para finalizar, como sabéis, me encanta buscar cuentos que puedan ayudar a ilustrar mis post. Esta semana comparto con todos vosotros un cuento de Jorge Bucay, ‘El elefante encadenado’.

“De pequeño me gustaba el circo. Me encantaban los espectáculos con animales y el animal que más me gustaba era el elefante. Me impresionaban sus enormes dimensiones y su fuerza descomunal. Después de la función, al salir de la carpa, me quedaba extrañado al ver el animal atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que le aprisionaba una de las patas. La cadena era gruesa, pero la estaca era un ridículo trozo de madera clavado a pocos centímetros de profundidad. Era evidente que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo también podía tirar de aquel minúsculo tronco y huir.

-¿Por qué no la arranca y se escapa? —pregunté a mis padres.

Me contestaron que era porque estaba amaestrado. La respuesta, sin embargo, no me satisfizo. ‘Si estaba amaestrado, ¿por qué lo tenían atado?’ Pregunté a parientes y maestros y pasó mucho tiempo, mucho, hasta que alguien que resultó ser un sabio me dio una respuesta convincente: ‘El elefante del circo no se escapa porque está atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño’.

Entonces me imaginé el elefante recién nacido y atado a una estaca. Seguro que el animal tiró y tiró tratando de liberarse. Debía terminar el día agotado porque aquella estaca era más fuerte que él. Al día siguiente debía volver a probar con el mismo resultado y al tercer día igual. Y así hasta que un día terrible para el resto de su vida, el elefante aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Desde entonces, el elefante tenía grabado el recuerdo de su impotencia. Y lo que es peor, nunca más volvió a cuestionarse ese recuerdo y nunca más volvió a poner a prueba su fuerza”.

El elefante pensaba que no podía porque había dejado de intentarlo.

Y tú, ¿vas a seguir encadenado a tus excusas o te animas a pasar a la acción?

Esta entrada tiene 1 Comentario

  1. Excelente artículo
    Aquel que no evoluciona, nunca tiene tiempo para nada, siempre pone impedimentos a todo.
    La excusa es la respuesta de los flojos, se sienten mejor al contar que no ha hecho tal cosa porque no ha podido por esto o por lo otro….. Ruina

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