Elogio a Jaime

“Los amigos son esa familia escogida, con mesura y cariño, que te va a acompañar durante tu vida. Unos, fugazmente, otros durante más tiempo, y algunos durante toda tu vida. Seguro que tienes algún amigo al que no te hace falta ver a diario, al que no llamas tanto como quisieras, pero que sabes que si sucediese algo le llamarías. Es tu amigo del alma. El que puede escuchar cualquier cosa de ti, sin juzgarte. El que te acompaña aunque no esté a tu lado físicamente…”

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El primer párrafo de este post forma parte del último capítulo de ‘Reilusionarse’, el relativo al amor. En él hablo de la amistad, de los amigos, de esos hermanos elegidos. Cuando escribí estas líneas acerca de los amigos tenía en mi mente a una persona muy especial, a Jaime, a mi amigo del alma. A ese que casi veía a diario, que siempre estaba y sentía a mi lado. Y se me hace difícil hablar de él en pasado, pero he de hacerlo porque Jaime se fue hace apenas unas semanas. De golpe y sin avisar. Sin darnos tiempo a despedirnos. Y os aseguro que duele. Duele mucho.

Pero no quiero hablar de dolor, ni de tristeza, mi intención en este post es hacer un elogio a la amistad. A esa amistad que yo he tenido el privilegio de vivir y compartir al lado de Jaime –quizás arrebatada demasiado pronto-. La amistad que convierte tus encuentros con ese amigo en el mejor bálsamo para el alma. La que con apenas una conversación es capaz de calmar cualquier preocupación, convertir cualquier encuentro en una fiesta… La amistad que sólo puede venir de personas a las que admiras, de personas de las que puedes aprender, en definitiva, de personas que con su sola presencia mejoran tu vida y te ayudan a ser un poquito mejor.

¡Por eso, os insto a que os rodeéis de ese tipo de personas! Y os invito a no vivir la amistad con prisa, a afianzar lazos auténticos con quien de verdad vale la pena, a tener amigos de verdad y a dedicarles tiempo. ¡Todo el que os sea posible! Porque recuerda: el tiempo no se pierde si lo dedicas a los que quieres. Y ¡vale la pena! ¡De verdad! Compartir lo bueno y lo no tan bueno con tu amigo del alma hace que merezca la pena vivir.

Y, por último, quiero pediros una última cosa: no escatiméis muestras de afecto y cariño hacia vuestros amigos. ¡Besad, abrazad, acariciad…, expresad vuestro amor, vuestro cariño hacia ellos! No seáis tacaños con vuestro amor. No escondáis vuestros sentimientos hacia los amigos. Escribía Susanna Tamaro que: “Nuestros encuentros en la vida son un momento fugaz que debemos aprovechar con la verdad de la palabra y la sutileza de los sentimientos”. ¡Aprovechadlos!

Para terminar, me gustaría haceros unas preguntas:

¿Hace cuánto tiempo que no abrazas a tu mejor amigo, a ese hermano elegido?

¿Y a qué esperas para hacerlo?