Esta semana en el post voy a reflexionar acerca de la amistad. Porque creo que, en ocasiones, no le damos la importancia que merece y es vital en nuestro día a día. Para comenzar, os pido que penséis en ese amigo o amiga con el que es un placer compartir vuestro tiempo, ese amigo que es un bálsamo para nosotros. Nos escucha, nos entiende, no nos juzga, nos acepta ¡tal y como somos! ¿No es maravilloso tener un amigo así? Y vosotros, ¿sois esa persona para alguien?

Hace unos días circuló por las Redes Sociales la historia de Haizea, una alumna de un colegio de Burgos que -tras hacer un trabajo sobre bullying- pensó en una iniciativa que podía ayudar a la lucha contra el acoso escolar. En junio escribió una carta a la directora de su colegio que decía lo siguiente:

“Hola Ana, me gustaría que haya un banco de la amistad en el patio. Tiene que ser de colorines y con un cartel que ponga ‘banco de la amistad’ para que quien se sienta solo se siente y alguien que le vea sentado le pregunte: ¿Quieres jugar conmigo?”

La petición de Haizea iba acompañada de un dibujo propuesta (la imagen que ilustra este post).

Esta historia fue compartida en las Redes Sociales por una de las profesoras del centro y se hizo viral. ¡Y me parece precioso! ¿No creéis?

En primer lugar, porque es una muestra de que, por pequeños que seamos, aunque nos sintamos insignificantes en este mundo enorme, aunque pensemos que nuestra idea no va a llegar a ningún sitio… ¡siempre es importante que tomen en cuenta nuestras opiniones! La idea de esta pequeña se ha puesto en marcha en varios centros escolares y es un granito de arena para luchar contra el bullying en los colegios. ¿No os parece fantástico? Sólo con que haya conseguido que algún menor se haya sentido menos solo ¡ya es un éxito!

Pero, además, es una historia maravillosa para reflexionar acerca de la importancia de la amistad… de tener esa persona que se acerque y te diga ¿quieres jugar conmigo?, ¿quieres mi hombro para apoyarte?, ¿necesitas hablar?, ¿puedo abrazarte?… ¡ese abrazo que reconforta y que llena! Esas tardes con amigos que nos cargan de energía positiva para toda la semana… esas conversaciones que nos descargan de problemas, que nos hacen ver las cosas de diferente manera, en las que hay un antes y un después.

Como siempre digo: la amistad hace que la vida valga la pena… ¡os lo aseguro! Pero no solo vale la pena recibir el cariño, el amor de los amigos… es todavía más reconfortante lograr la felicidad de nuestros amigos, esos que tanto queremos y que tanto nos importan. ¿Nunca habéis experimentado la satisfacción, la sensación de plenitud de haber arrancado una sonrisa a ese amigo o amiga que está pasando por un momento difícil?

La mayoría de las veces, el amor hacia los amigos, el estar pendientes de ellos nos hace olvidarnos de nuestras propias necesidades hasta que conseguimos haber satisfecho las de ellos…

Los amigos son esa familia que tú escoges, que nadie te impone. Algunos estarán contigo en los momentos más importantes de tu vida, otros en periodos fugaces, pero que han significado mucho para ti: los amigos de la infancia, esa amiga que te acompañó en tu primer trabajo, … Y los habrá -¡Con suerte!- los que estén siempre ahí, durante toda la vida. ¡Y qué placer es saber que esa persona siempre está ahí… cuando necesites su compañía, su aliento, su consejo o, simplemente, estar un rato a su lado!

Para tener amigos así, tú también has de ser un buen amigo: saber escuchar, dedicar tiempo a esas personas que quieres, estar siempre ahí cuando te necesiten ¡sin excusas! Porque es tu amigo. Y quieres.

Esa es la verdadera amistad. La que no necesita verte a diario, ni llamarte cada día, pero que es tan sincera, tan auténtica que no dudas acudir a ella cuando ocurre algo nuevo en tu vida. Sea bueno o malo. Es ese amigo que te acompaña siempre… aunque viva lejos, aunque no esté a tu lado.

Por eso, por la importancia de contar con amigos en el día a día, es tan valiosa la propuesta de la pequeña Haizea. Porque con ese ‘banco de la amistad’ se puede conseguir que ese niño o niña que se siente solo, que no sabe cómo acercarse al resto, tan solo con sentarse ya esté diciendo abiertamente que se siente solo, que necesita ese amigo que le arrope, que le ayude a relacionarse, a sentirse como el resto, acompañado por el grupo…

Y, por último, quiero reflexionar sobre otro aspecto: la propuesta de Haizea revela la gran sensibilidad de los niños, que ya -desde muy pequeños- son conscientes de la importancia de contar con amigos. Amigos para jugar, para confiarles cosas que no somos capaces de confiar a nadie, para conversar, para abrazar o, simplemente, para sentirse acompañado.

Para finalizar, os pido que reflexionéis acerca de los amigos que tenéis, cómo os hacen sentir, cuándo recurrís a ellos y porqué… pero ¡sobre todo! quiero que miremos un poco para adentro, hacia el interior de cada uno de nosotros mismos y nos preguntemos:

¿Somos un buen amigo? ¿Compartimos nuestro tiempo con los que consideramos nuestros amigos? ¿Estamos allí para lo que necesiten? ¿Nos interesamos por su trabajo, por su familia, por su salud…? ¡Ojalá respondamos a todo con un sí!

Para comenzar solo respondamos a esta pregunta:

¿Hace cuánto tiempo que no les damos un buen abrazo a ese amigo? ¡Pero de los de verdad! De los que salen del corazón y reconfortan el alma.