Esta semana quiero invitaros a reflexionar acerca de identificar los problemas, las dificultades, esos escollos que, en ocasiones, nos encontramos en el camino y que nos dejan paralizados. Y quiero que nos fijemos en que, hay veces, en las que no nos damos cuenta de que estamos ante un problema porque se nos presenta disfrazado y somos incapaces de distinguirlo.

Y, como cada semana, os voy a transcribir una historia que leí hace algún tiempo, un cuento budista que se llama ‘El problema’:

“Cuenta la leyenda que, en un monasterio budista ubicado en una ladera casi inaccesible de las frías y escarpadas montañas del Himalaya, un día uno de los monjes guardianes más ancianos falleció. El resto de la congregación le hizo los rituales tibetanos propios para esas ocasiones, llenos de profundo respeto y misticismo.

Sin embargo, era preciso que algún otro monje asumiera las funciones del puesto vacante del guardián. Debía encontrarse el monje adecuado para llevarlas a cabo. El Gran Maestro convocó a todos los discípulos del monasterio para determinar quién ocuparía el honroso puesto de guardián que había quedado vacante.

El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, colocó una magnifica mesita en el centro de la enorme sala en la que estaban reunidos y encima de ésta, colocó un exquisito jarrón de porcelana, y en él, una rosa amarilla de extraordinaria belleza y dijo:

  • “He aquí el problema. Asumirá el puesto de Honorable Guardián de nuestro monasterio el primer monje que lo resuelva.”

Todos quedaron asombrados mirando aquella escena: un jarrón de gran valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro. Los monjes se quedaron como petrificados en el más respetuoso silencio, hundidos en sus interrogantes internos… ¿Qué representaría ese bello jarrón con flores? ¿Qué hacer con él? ¿Cuál podría ser el enigma encerrado de tan delicada belleza? ¿Simbolizaría acaso las tentaciones del mundo? ¿Podría ser algo tan simple como que necesitara agua la flor? Eran tantas preguntas…

En un momento determinado, uno de los discípulos sacó una espada, miró al Gran Maestro, y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y … ¡zas! Rompió todo de un único golpe.

Posteriormente, el discípulo volvió a su sitio, ante la mirada perpleja de sus compañeros.

Cuando estuvo de vuelta en su lugar, el Gran Maestro dijo:

  • “Alguien se ha atrevido no sólo a dar solución al problema, sino a eliminarlo. Honremos a nuestro Guardián del Monasterio”.

¿Qué os parece? ¿Hubierais sido capaces de identificar dónde se encontraba el problema en el monasterio budista?

En ocasiones, somos como la mayoría de los monjes del monasterio. Queremos avanzar. Queremos prosperar en nuestro trabajo, en nuestra vida personal, en nuestras relaciones, pero tenemos ante nosotros lo que nos impide hacerlo y no nos damos cuenta. Puede ser que ese obstáculo en el camino sea algo que lleva acompañándonos tanto tiempo que no lo identificamos como un problema o puede que se nos presente de una forma tan bella (como la flor del jarrón y el jarrón en sí mismo) que seamos incapaces de pensar en ello como una dificultad. Entonces, creemos que el escollo somos nosotros porque no somos capaces de averiguar qué es lo que nos pasa (como los monjes del monasterio que no podían encontrar cuál era el problema).

Os invito a mirar de frente al problema, a ser capaces de realizaros estas tres preguntas cuando os encontréis con algo (una persona, una situación personal, un proyecto…) que os detiene en vuestro camino de superación personal o profesional.

¿Me hace bien?

En realidad, ¿lo necesito?

¿Me va a ayudar a avanzar?

Si alguna de las respuestas es ‘no’, empezad a mirar ese ‘algo’ como una posible dificultad… ¡y poned remedio! Llega el momento de mirar de frente al problema para así poder atajarlo.

Muchas veces cargamos en nuestras espaldas una pesada mochila llena de preocupaciones, de recuerdos del pasado que ya no nos sirven, de objetos que, en su momento, nos ayudaron pero que ya no necesitamos. Es un lastre que no reconocemos como tal y que nos resistimos soltar.

Y de nuevo he de recurrir al gran Rafa Nadal como ejemplo de identificar y mirar a la cara a los problemas. Esta misma semana ha sido capaz de llegar a la final del Open de Australia. ¡Y lo ha hecho con un nuevo saque! Cuando parecía que ya no era capaz de evolucionar, el campeón ha vuelto a sorprender a todos con una nueva mecánica de saque. Se ha atrevido a decir adiós al saque que tantos torneos le ha hecho ganar porque ‘siempre hay que dar un paso más’, en sus propias palabras. ¡Y lo ha conseguido! Nadal es siempre un ejemplo de ilusión y pasión por su trabajo, pero es que, además, es capaz de identificar un posible problema y ponerle solución antes de que sea tarde para conseguir volver a ser el número 1 del tenis mundial.

Por eso, me gustaría invitaros a que miremos os invito a que miréis la vida con los ojos del monje budista y que seamos capaces de identificar esos obstáculos camuflados que nos hacen disfrutar menos del camino, que hacen más complicado el trayecto para alcanzar esas metas que nos propusimos hace poco más de un mes con el comienzo del año.

Y vosotros, ¿sois capaces de identificar y mirar a los problemas de frente? 

¡Vamos a ello!