fortalezasHace meses escribía un post en el que os hablaba del Kintsugi, la técnica japonesa que consiste en reparar los objetos dañados con oro, lo que los hace aún más valiosos. Hoy me gustaría insistir en la posibilidad que tenemos cada uno de nosotros de transformar nuestras ‘debilidades’ en fortalezas, aprovechar nuestros puntos de mejora y cambiarlos para así convertirlos en algo positivo para nuestra vida y la de los demás. ¿Cómo? Con una actitud optimista y positiva y actuando como personas fuertes y luchadoras a las que no les acobarda el esfuerzo que supone el trabajo diario y además valoran el aprendizaje de cada situación.

Dicen que el piloto mallorquín Jorge Lorenzo es experto en traducir lo negativo en positivo, las derrotas en aprendizaje y que es su secreto de ganador. Transformar las imperfecciones, las ‘debilidades’ en fortalezas es la máxima por la que se rigen la mayoría de los deportistas de élite. Siempre me gusta poner el ejemplo de Rafa Nadal que aprovechó su baja en la competición por lesión para prepararse físicamente, entrenar duro y volver mucho más fuerte a las pistas. Nadal supo sacar partido de su supuesta debilidad en la rodilla.

¿Pero de verdad son ‘debilidades’?

¿Es tu madre una pesada porque te llama a diario para interesarse por ti? ¿Es tu hijo un alborotador porque no para de preguntar en clase al profesor? ¿Es tu pareja una persona maniática porque repasa una y otra vez la lista de las cosas que hay que llevar en ese viaje? ¿Es Rafa Nadal un deportista acabado porque sufre una lesión? ¿Se han acabado los títulos para Jorge Lorenzo porque se ha salido en una carrera?

A veces bastaría con cambiar la manera de nombrar, de calificar las cosas. ¿Por qué no decimos que tu madre te adora y se preocupa por vosotros? O pensar que tu hijo es curioso y que esa curiosidad le ayudará en el periodo de aprendizaje que es la vida… ¿Qué tal si piensas que tu pareja es metódica y organizada?

¿A qué visto así es más fácil la transformación?

Os propongo unos deberes ahora que la mayoría dispondréis de algún tiempo de libre por el verano:

  1. Prepara un papel y divídelo en dos columnas.
  2. Piensa en las cosas que consideras que son una ‘debilidad’ en tu forma de ser, una imperfección y anótalas en la columna de la izquierda.
  3. Ahora, busca el lado positivo de esa supuesta ‘debilidad’ y apúntalo a su lado en la columna de la derecha.
  4. Si no encuentras el lado positivo (incluso encontrándolo), haz un plan y empieza a trabajar para modificar esa supuesta ‘debilidad’ y transformarla en fortaleza.

¡Haz la prueba! Verás cómo es posible que muchas de las cosas que consideras un ‘defecto’, una ‘carencia’, una ‘imperfección’, en realidad, no lo son.

Y para terminar, comparto con vosotros un cuento que leí hace mucho tiempo y que me parece que puede servir para ilustrar este post:

Hace mucho, mucho tiempo… un cargador de agua en la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo que él llevaba cada día encima de los hombros. Una de las vasijas tenía una grieta, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua hasta el final del largo camino a pie desde el arroyo hasta la casa de su patrón. Sin embargo, cuando llegaba a su destino, la vasija rota sólo contenía la mitad del agua.

Y eso ocurrió cada día durante dos años. Desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, perfecta para los fines para la que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía conseguir la mitad de lo que se suponía era su misión. Después de esos dos años le habló al aguador diciéndole:

-“Estoy avergonzada de mi misma y me quiero disculpar contigo…”

– “¿Por qué?”- le preguntó el aguador.

– Porque debido a mis grietas, sólo puedes entregar la mitad de mi carga. Debido a mis grietas, sólo obtienes la mitad del valor de lo que deberías cobrar del patrón.

El aguador se sintió muy apesadumbrado por la vasija y con gran compasión le dijo: “Cuando regresemos a la casa del patrón quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino”.

La vasija agrietada así lo hizo y en efecto vio muchísimas flores hermosas a lo largo del camino, pero de todos modos se sintió muy apenada porque al final sólo llevaba la mitad de su carga.

Entonces, el aguador le dijo:

  • “¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino?, siempre he sabido de tus grietas y quise obtener ventaja de ello, sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde tú vas y todos los días tú las has regado. Por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi maestro. Sin ser exactamente como eres, él no hubiera tenido esa belleza sobre su mesa”.

 

Y ahora te toca a ti: ¿Te atreves a reconocer tus supuestas ‘debilidades’ y sembrar para convertirlas en bellas y fuertes flores de tu jardín?