Esta semana, y tras el post anterior en el que os invitaba a identificar los problemas, quiero hablaros de cómo afrontamos las dificultades. Porque sois muchos los que me preguntáis, ‘Luis y una vez identificado el problema, ¿cuál es la actitud adecuada para afrontarlos?’ Y es que, en ocasiones, nos sentimos incapaces de hacer frente a determinada situación, a pesar de que nos sentimos preparados y fuertes.

Y, como cada semana, os voy a transcribir una historia que, considero, refleja muy bien el tema del que quiero reflexionar:

“Hace ya algunos años, el hijo de un exitoso hombre de negocios mostraba signos de gran preocupación. Acostumbrado como estaba a detectar problemas, el padre lo invitó a almorzar para charlar a solas y que así le contara lo que le sucedía. Después de indagar un poco, vio que, en efecto, las cosas no marchaban bien: su carrera, su trabajo, sus relaciones, estaban llenas de trabas y el joven se sentía acorralado e impotente.

– “No sé cómo superar los obstáculos”, le dijo con mucha preocupación a su padre, ” y no por debilidad, puedo asegurarlo. No conozco muchos más duros que yo, y sin embargo siento que retrocedo en vez de avanzar.”

– “Querido hijo, la dureza no lo es todo”, sonrió el progenitor. “El mármol es duro, pero si lo golpeas con un mazo se rompe en mil pedazos. Lo que importa no es ser duro, sino ser fuerte. El cuero es blando, pero a la vez fuerte, por más que lo golpees con un martillo no se romperá. Prueba a enfrentar las dificultades y desafíos con resistencia, pero también con flexibilidad, y pronto verás los resultados.”

Y vosotros, ¿cómo os sentís? ¿Sois como el mármol? ¿Duro y frío, pero al que un fuerte golpe es capaz de romper en pedazos? O ¿Sois como el cuero? ¿Cálido y flexible, pero resistente y fuerte, a la vez?

En ocasiones, y ante una situación complicada, pensamos que basta con ser fuerte, que podemos aguantar los envites que nos da la vida sólo a base de nuestra fortaleza. Pero no es suficiente. También es necesario que seamos un poco flexibles, como el cuero, para ser capaces de adaptarnos a la situación a la que nos enfrentamos y, sobre todo, para poder volver a nuestro estado original, tras atravesar una situación complicada.

Dicen que en la vida hay que seguir el ejemplo del bambú, que es fuerte y flexible a la vez. ¿Y sabéis lo que hace para ser una planta con estas características? Emplear cerca de diez años en echar raíces, para asirse firmemente a la tierra en la que se desarrollará y vivirá. Y cuando la planta ¡por fin! crece, es flexible. Porque ha de superar vendavales, lluvia… y siempre vuelve a su estado original.

Por eso, hemos de cuidar mucho nuestras raíces, afianzarlas ¿Y cómo? Siendo firmes en nuestros valores y principios. Esas raíces si están bien sembradas, ¡son imposibles de arrancar! Pero también debemos ser capaces de pensar soluciones más allá de las establecidas, es necesario que nos adaptemos a las nuevas situaciones, que hagamos un esfuerzo de aprendizaje con el objetivo de superar las dificultades.

Durante la época más dura de la última crisis económica, las empresas que fueron capaces de superarla no siempre fueron las más fuertes… (algunas de ellas se rompieron como el mármol), las que la superaron (y algunas incluso se engrandecieron) fueron las que se transformaron (las que fueron flexibles como el cuero). Las que, a pesar de que mantuvieron intactos sus principios, se atrevieron, se adaptaron a la nueva situación y emplearon toda su firmeza en salir adelante.

Para finalizar este post, me gustaría daros unos simples apuntes para conseguir ser flexible y fuerte a la vez cuando nos encontremos con una situación complicada:

  • Lo primero y principal. ¡Olvida el ‘no puedo’! Son dos palabras que debes desterrar de tu vocabulario porque el cerebro se cree todo lo que dices y nunca debes hacer creer a tu cerebro que no puedes.
  • Recuerda cuáles son tus fortalezas. ¿Qué es lo que te hace sentirte capaz? ¿Por qué eres fuerte? Puede ser que tengas empatía, que seas paciente, que seas creativo…
  • Cuando tengas claras tus fortalezas, pregúntate: ¿Cómo puedo utilizarlas para salir de esta situación?
  • Aleja del cerebro el ‘es que siempre lo he hecho así’… porque ahora así no vale, hay que ser flexible, hay que adaptarse. ¡Acuérdate del cuero y del bambú sacudido por el viento!

Cuando la situación pase (sea una grave crisis o un percance puntual) y tras haber empleado tu fortaleza y tu flexibilidad, te sentirás todavía más fuerte, hayas o no hayas sido capaz de superarla con éxito, porque habrás crecido como persona, sabrás más, serás más fuerte todavía y tu flexibilidad te ayudará a adaptarte a la nueva situación.

Y tú, ¿eres como el mármol o te pareces más al cuero?