Esta semana quiero que reflexionemos acerca de la actitud. De la actitud con la que afrontamos las cosas que nos pasan en la vida. Os invito a que analicéis vuestra reacción cuando ha sucedido algo importante en vuestras vidas y que penséis si podíais haber reaccionado de forma diferente, de tal manera que el resultado hubiera sido mejor.

Y, para ayudaros a pensar un poquito, comparto con vosotros una historia que encontré hace días y que se llama ‘El sabio de la tribu’.

“El sabio de una tribu reunió una noche muy fría a los más jóvenes en torno a una hoguera cerca del río. Los jóvenes de la tribu se miraron entre sí, curiosos. El frío era tan intenso aquella noche que hasta los riachuelos estaban congelados.

Con gestos lentos y precisos, el sabio colgó sobre el fuego una olla llena de agua. Mientras él agua se calentaba, extendió una estera en el suelo y colocó sobre ella tres vasijas de barro vacías.

Cuando el agua comenzó a burbujear, casi a cien grados, el viejo jefe la echó en la vasija que tenía a su derecha.  Después cogió del riachuelo el agua helada casi a cero grados, a punto de congelarse, y la vertió en la vasija que estaba a su izquierda.  En el recipiente del medio mezcló agua fría y caliente a partes iguales.

Los jóvenes asistían a todo este ritual en silencio, cada vez con más curiosidad.

 El jefe le pidió entonces a uno de ellos:

 -Pon la mano derecha en el agua helada y la mano izquierda en el agua caliente y déjalas allí durante un rato.

 El viejo respiró hondo tres veces, inspirando y espirando lentamente. No tenía reloj, y no lo precisaba porque su noción del tiempo era magistral.

 -Ahora saca las manos y coloca las dos en la vasija del medio -le dijo al joven-. ¿Cómo notas ahora el agua?

 Sorprendido, el joven respondió que sentía calor en la mano derecha y frío en la izquierda. En la mano derecha, que estaba en el agua fría, sentía que el agua de la vasija del medio estaba caliente; la mano que había sacado del agua caliente la sentía fría, aunque las dos manos estuvieran sumergidas en la misma vasija.  

 El viejo hablaba poco en los momentos en que transmitía sus conocimientos más importantes:

 -El agua puede estar fría o puede estar caliente; depende de cómo esté tu mano…

 Respiró, miró de nuevo al joven, le sacó las manos de la vasija y continuó:

 -Como todo lo que sucede en la vida… puede ser bueno o malo. Eso depende…, ¿de qué?

 -De uno mismo -respondió el joven indio, contento con la enseñanza, que no olvidaría nunca más”.

 El enfoque que le damos a las cosas que nos pasan es importante ¿no creéis?  

Está claro que no podemos cambiar los hechos, sean buenos o malos, cuando ya han pasado…pero sí que podemos modificar nuestra manera de mirarlos, nuestra manera de afrontarlos ¿no os parece? Y darle un enfoque que nos haga salir fortalecidos y más sabios.

La actitud con la que afrontamos las cosas es la que nos ayuda a marcar la diferencia. ¡Y no! La mayoría de las veces no podemos elegir lo que nos pasa, pero sí que podemos elegir la actitud con la que nos enfrentamos a eso que nos pasa. Y os aseguro que modificando nuestra actitud e intentado generar estados positivos aún cuando las cosas se ponen complicadas ganamos mucho más que cuando perdemos el tiempo con lamentaciones. ¿Qué cómo podemos hacerlo?

Lo primero que debemos hacer ante una situación complicada en el trabajo, en la familia, con los amigos es preguntarnos: ¿Qué puedo hacer para mejorar lo que estoy viviendo? ¿Cómo puedo mejorar esos aspectos de mi vida que no funcionan como me gustaría? ¡Toma las riendas de tu vida! Y deja de lamentarte porque ¡eso no va a funcionar!

Muchas veces, cuando echamos la vista atrás y analizamos una situación difícil con la distancia que nos da el tiempo nos damos cuenta de que ahora, en nuestro YO del presente, no actuaríamos de la misma forma ¿verdad?

Pues lo que quiero es invitaros a entrenar ese YO presente para que antes de actuar pensemos en lo poco que nos vale lamentarnos y lo importante que es analizar la situación y preguntarnos si podemos hacer algo para cambiarla: Si podemos hacerlo ¡vamos a ello! y si no es posible cambiarla, ¡aprendamos lo que nos ha llevado hasta ella, olvidemos las quejas y sigamos caminando con la sabiduría y la experiencia vital que nos ha proporcionado esta vivencia! Si aprendemos a reaccionar de esta forma, de manera realista, sin lamentaciones…estaremos construyendo esa nueva versión de nosotros mismos que nos lleva a destinar toda nuestra energía a buscar soluciones, a aprender de nuestras equivocaciones y a vivir disfrutando al máximo del camino.

Porque, como habéis visto en el cuento, cuando la mano está fría el agua se nota muy caliente y cuando la mano está caliente, el agua se siente fría… pero el agua siempre está a la misma temperatura, ¿verdad? Pues con las situaciones complicadas pasa lo mismo…la situación es la misma, pero ¡cómo cambia en función de nuestra actitud! ¡en función de cómo decidamos vivirla!

Y ahora os pregunto: ¿Cómo habéis decidido vivir vuestra vida? ¿Qué actitud elegís para caminar por la vida?