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Hoy me gustaría invitaros a disfrutar de la vida. ¡Sí! Y quiero hacerlo con una historia, con un cuento que me narraron hace unos años que me hizo pensar y que, creo, puede ayudarnos a todos a recapacitar sobre cómo afrontamos nuestro día a día:

“Un grupo de ejecutivos con un gran reconocimiento profesional se reunieron para ir a visitar a su viejo profesor. Ese maestro que les había conocido cuando todavía eran estudiantes con muchas ganas de trabajar y de prosperar en la vida. Y, precisamente, eso era lo que aparentemente habían conseguido. Tras los saludos y el reencuentro inicial comenzaron las quejas acerca del estrés que les impedía verse, disfrutar de su familia o tomarse un simple café con sus viejos amigos.

Llegado este punto de la charla, el profesor de levantó para apagar el fuego en el que humeaba una cafetera. Colocó en una bandeja tazas de diversos modelos –plástico, porcelana, cristal, decoradas, descascarilladas- y la cafetera. Se dispuso a servir el café y les ofreció para que cada uno de sus discípulos tomara la que considerara adecuada.

Cada uno eligió una y miraba con recelo la del compañero, especialmente los últimos que no habían podido escoger.

El profesor, sonriendo, les miró y le dijo. ¿Os habéis dado cuenta de que no os he dado ninguna taza igual? Había bonitas, feas, nuevas, viejas… Los primeros habéis escogido las que considerabais mejores y los últimos os habéis tenido que conformar con las que quedaban y miráis con cierta envidia a los que han elegido primero.

En cierto modo, prosiguió el viejo maestro, las tazas son el problema de vuestro estrés. El café en todas ellas era el mismo. La taza no añade calidad al café. Lo que a vosotros os interesaba era tomaros un café, pero fuisteis directos a buscar la mejor taza y muchos habéis sentido envidia por las tazas de los demás…

La vida es el café. Los trabajos, la posición social, el dinero… son meras tazas que soportan nuestra vida, pero no tienen porque interferir en la calidad de la vida, en el sabor de nuestro café. A menudo, por centrarnos tan sólo en la taza, dejamos de disfrutar del profundo sabor del café… por centrarnos en tener una mejor posición social, laboral o más dinero nos olvidamos de lo más importante: disfrutar de nuestra vida…”

¿Qué os parece esta historia?

Las personas más felices no son las que tienen los mejores coches, pisos o más reconocimiento social o profesional… las personas más felices son las que son capaces de hacer lo mejor con lo que tienen, de valorar el día a día, de disfrutar de las pequeñas cosas. Las que son capaces de saborear ese humeante café en la taza desportillada.

Y vosotros, ¿disfrutáis de la vida?