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El Optimismo Inteligente

Henry Mintzberg, profesor académico en distintas Universidades y Escuelas de Negocios de EE.UU. y Canadá, internacionalmente reconocido por sus aportaciones al Management, afirma que la esencia de la eficacia de un directivo depende, en una gran parte, de saber reconocer cuál es su verdadera labor en cada situación específica a la que se enfrenta.

En una situación tan compleja como la actual, nuestra responsabilidad como directivos conlleva identificar el papel que debemos asumir ante una coyuntura tan particular. El verdadero reto del directivo, durante estos años, es pasar de elaborar estrategias, organizar trabajos, estructurar tareas… a inspirar confianza y recuperar la ilusión de nuestros equipos en base a una información veraz, objetiva, realista y a la vez ilusionante.

Una de las conferencias que más nos demandan en los últimos dos años, tanto PYMES como grandes corporaciones, es la titulada “El Optimismo Inteligente como Actitud”. Martin Seligman, Doctor en Psicología y profesor de la Universidad de Pensilvania, es el creador de una nueva corriente de pensamiento: la Psicología Positiva. Dentro de este concepto se enmarca el término de Optimismo Inteligente.

No creemos que sea casualidad que durante el año académico 2010-2011, uno de los cursos más demandados en Harvard Business School sea el de Psicología Positiva. Hoy más que nunca el directivo tiene que ser un experto en infundir un entusiasmo maduro a pesar de convivir con entornos muy complejos y turbulentos.

Nuestras empresas influenciadas por un entorno poco motivador están sobradas de personas con una actitud pesimista, que ellos mismos definen como “realistas”: se empeñan en destacar lo que no funciona, buscan culpables, viven en el lamento, se quejan con frecuencia y eso les lleva a la inacción.

También existe en nuestras empresas otro perfil, tan peligroso o dañino como el anterior, nos referimos al Optimista Ñoño (término propio), entendido como la persona que tiende a negar la realidad, le molestan los que expresan un espíritu crítico y confían en que el paso del tiempo arregle por sí mismo la situación. Suele estar de buen humor sin justificación, cree en que el sistema se autorregulará, no es capaz de tomar decisiones difíciles ante una realidad que no quiere ver.

Como respuesta a estos dos comportamientos propugnamos el del Optimista Inteligente. Este ve la realidad con objetividad, es capaz de reconocer que es lo que no funciona pero no pierde ni un minuto en quejarse de ello sino que hace todo lo posible por solucionarlo en medida de sus posibilidades. Toma conciencia de su capacidad para cambiar su realidad. Valora lo que tiene y disfruta de ello, agradece lo que ha conseguido y todo ello le da una fuerza especial para enfrentarse a las dificultades.

A pesar de las dificultades objetivas que estamos viviendo, os animamos a liderar vuestras empresas con Optimismo Inteligente y con una gran ilusión renovada.

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