Esta semana quiero que reflexionemos acerca del valor. Pero no del valor de las cosas sino del valor que nos damos a nosotros mismos. Porque es importante saber cómo nos valoramos, si nos conocemos lo suficiente para apreciar nuestro valor, si nos queremos y nos respetamos. Antes de comenzar quiero que os respondáis a esta pregunta:

¿Crees que te valoras lo suficiente?

Mientras pensáis en la respuesta, me gustaría que leyerais la siguiente historia que me contaron hace algún tiempo y que me parece importante para ayudarnos a reflexionar.

“Cuentan que hace mucho tiempo, un joven discípulo acudió a su maestro en busca de ayuda.

Su gran preocupación era que sentía que no valía para nada y que no hacía nada bien. Buscaba constantemente la aprobación de los demás y quería le valorasen más.

El maestro, sin apenas mirarlo, le replicó:

“Me encantaría poder ayudarte, pero en estos momentos estoy ocupado con mis propios quehaceres. Quizás si me ayudases a solucionarlos podría acabarlos antes y ayudarte”.

El discípulo aceptó a regañadientes ya que, una vez más, sintió que sus preocupaciones eran poco valoradas.

Entonces, el maestro le entregó un anillo que llevaba en el dedo y le dijo:

“Coge un caballo y cabalga hasta el mercado más cercano. Necesito que vendas este anillo para poder pagar una deuda. Lo más importante es que trates de conseguir la mayor suma posible, pero -sobre todo- no aceptes menos de una moneda de oro por él”.

Obedeciendo al maestro, el discípulo cabalgó hasta el mercado más cercano para vender el anillo.

Empezó a ofrecer el anillo a diferentes mercaderes que mostraban interés en él hasta que les decía el precio: una moneda de oro.

La mayor parte de los mercaderes se reían al escuchar la suma, salvo uno de ellos que amablemente le indicó que una moneda de oro era muy valiosa para darla a cambio del anillo.

Frustrado y cansado, el discípulo cabalgó de nuevo a casa del maestro sabiendo que no había podido cumplir con el encargo que le había hecho.

“Maestro, no he podido vender tu anillo por una moneda de oro”, le dijo cabizbajo. “Como mucho ofrecían un par de monedas de plata, pero no he podido convencer a nadie sobre el verdadero valor del anillo”.

“Tienes razón en algo”, le contestó el maestro. “Necesitamos conocer el verdadero valor del anillo. Coge de nuevo el caballo y ve a visitar al joyero del pueblo. Pregúntale por el verdadero valor del anillo. Y sobre todo no se lo vendas”.

El discípulo, muy preocupado, cabalgó de nuevo hasta el joyero del pueblo quién, tras examinar con detenimiento el anillo, dijo convencido que valía ¡58 monedas de oro!

“¿Cómo? ¿58 monedas de oro?”, replicó el joven asombrado.

Y con esa buena noticia cabalgó de nuevo a devolverle el anillo a su maestro.

El maestro, le pidió que se sentase y que escuchase lo que tenía que decirle:

“¿Te das cuenta? Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera sea capaz de descubrir tu verdadero valor?”

El amor a nosotros mismos es necesario. El amor y el respeto harán que nos valoremos lo suficiente como para no necesitar la aprobación de todas las personas con las que nos crucemos.

En ocasiones, somos tan exigentes con nosotros mismos que sólo vemos nuestras carencias, sólo nos centramos en todo aquello en lo que tenemos que mejorar, pero hacemos caso omiso a todas nuestras virtudes, a nuestras fortalezas…

Os propongo un ejercicio que creo que puede ayudarnos a valorarnos un poco más. Me gustaría que os hicierais estas preguntas:

¿En qué soy bueno? ¿En qué destaco para bien con respecto a otras personas?

¿Qué es lo que más me gusta hacer? ¿Con qué disfruto tanto que se me pasa el tiempo volando?

¿Qué he hecho este mes por el bien de alguien cercano? (Un amigo, conocido, vecino, familiar…)

¿Qué cosas nuevas he aprendido este último mes o estos últimos meses?

¿Qué trabajo he hecho por acercarme a mis objetivos?

Cuando las respondáis -es conveniente que plasméis las respuestas por escrito- veréis vuestras fortalezas. Veréis porqué debéis valoraros. Porque en estas preguntas están incluidas muchas de vuestras virtudes: vuestras destrezas, vuestros sueños, vuestra capacidad de aprender, vuestra capacidad de expresar la amistad, vuestra constancia y vuestra pasión…

¿Os dais cuenta de cuánto valéis? ¿De verdad que es necesario que alguien os lo diga?

Cuando buscamos la aprobación y el reconocimiento de los demás, en realidad, estamos demostrando que dudamos de nuestra valía, que somos incapaces de reconocer todo lo bueno que hay en nosotros… ¡Y os aseguro que es mucho! Y no lo digo por decir… Ya sabéis que doy conferencias por toda España y por muchos países del mundo y ¡siempre! ¡siempre! me encuentro con personas valiosas. Personas que han sido capaces de levantar una empresa tras un mal momento; personas que no han dudado en donar alguno de sus órganos por salvar a un familiar enfermo; personas que se han hecho voluntarias para acompañar a ancianos, a niños con necesidades especiales, a mujeres maltratadas…; personas que -tras sufrir una gran pérdida- no han dudado en darse a otros que están pasando por la misma situación; personas que, partiendo de una situación humilde, han conseguido ser los mejores en su profesión; personas, en definitiva, grandes, valiosas ¡aunque muchas veces ni ellas lo sabían!

Y tú, si no sabes tu valor… ¿Cuándo vas a empezar a valorarte? ¿Cuándo vas a comenzar a quererte?