Es el momento de darse para construir un futuro juntos. Esta semana quiero que reflexionemos sobre la importancia de la red de amigos y familiares más cercana en estos momentos en nuestra labor de construir un nuevo futuro. De la importancia de prestar atención a las necesidades del resto, incluso de adelantarnos a ella. En definitiva, de que ha llegado el momento de crear un futuro que nos haga sentirnos orgullosos.

Comenzaré el post con una pequeña historia sobre el Cielo y el Infierno.

“Cuentan que hace años, en un reino lejano de Oriente había dos amigos que tenían la curiosidad y el deseo de saber acerca del bien y del mal. Un día, se acercaron a la cabaña del sabio del lugar para hacerle algunas preguntas acerca de lo que les inquietaba. Una vez dentro de la cabaña del anciano maestro le preguntaron:

-Buenas tardes, nos podría decir ¿qué diferencia hay entre el cielo y el infierno?…

El sabio contestó con una voz muy cálida:

-Veo una montaña de arroz recién cocinado, todavía sale humo. Alrededor hay muchos hombres y mujeres que tienen mucha hambre. Los palos que utilizan para comer son más largos que sus brazos. Por eso, cuando cogen el arroz no pueden hacerlo llegar a sus bocas. La ansiedad y la frustración cada vez son mayores…, pero también puedo ver otra montaña de arroz recién cocinado, todavía sale humo. Alrededor hay muchas personas alegres que sonríen con satisfacción. Sus palos son también más largos que sus brazos. Aun así, han decidido darse de comer unos a otros.

Los dos amigos se miraron y sonrieron al comprender que las almas que habitan el cielo están pendientes del bienestar de sus semejantes y, sin darse cuenta, alimentan su propio bienestar mientras que el egoísmo de las almas que habitan el infierno provoca la infelicidad de todos”.

Y vosotros, ¿qué veis cuando os asomáis a la ventana?

Cuando escribí Reilusionarse, la economía mundial estaba inmersa en una gran crisis económica. Los que hayáis leído el libro lo sabréis, pero al resto os quiero traer hasta aquí cuál era la idea en torno a la que insté en su momento a reilusionarse a miles de personas: si no apostamos por la ilusión, estamos cayendo en la resignación y, como dijo Honoré de Balzac “la resignación es un suicidio cotidiano”, es morirse un poquito cada día. Estos días de crisis sanitaria he palpado en algunos momentos un ambiente similar al de esos días: miedo (un sentimiento lógico por haber perdido la seguridad cotidiana y enfrentarnos a una posible enfermedad), incertidumbre (también algo consecuente con la situación actual de indefinición), tristeza (totalmente normal pues ha habido demasiados fallecidos y enfermos)…Ya os he comentado en post anteriores que todos son emociones y sentimientos habituales en una realidad complicada como la que estábamos atravesando, pero creo que ha llegado el momento de tener esperanza en el futuro, de contribuir a esa esperanza formando parte del colectivo que ha de crearlo… ¡porque somos todos nosotros! Con nuestra actitud, nuestro esfuerzo y nuestro empeño los que vamos a protagonizar ese futuro y ¿qué mejor manera de hacerlo que con actitud de servicio hacia los que tenemos cerca? ¿Qué mejor forma que contribuyendo a hacer la vida más fácil a los que nos rodean? Aquéllos que durante esta crisis han resultado más vulnerables.

Me gustaría que os hicierais una pregunta:

  • ¿Cómo puedo contribuir a mejorar la vida de los que me rodean?

Puede ser de muchas maneras, ¿verdad? Dando cariño, disponibilidad y, si estamos preparados, apoyo emocional a los que han perdido a un ser querido. Brindando ayuda a los que han perdido su puesto de trabajo o han visto mermados sus ingresos, ofreciendo una red de contactos. Contribuyendo a mejorar la educación de los estudiantes que se han quedado sin clase con ayudas virtuales o, simplemente, llamando y escuchando a esas personas que están solas y no tienen con quién hablar. Nunca se sabe cuántas personas necesitan de nosotros ¡Hay tantas formas de acercar esos largos palos a las bocas de los demás para que todos puedan disfrutar del arroz! Y os aseguro que ¡es tan gratificante ser útil a los que nos rodean!

Por eso, y como ya hice hace años en mi libro Reilusionarse, quiero invitaros a volver a ilusionaros por el futuro. A esperanzaros con la nueva vida que nos hemos encontrado al salir de nuestras casas para ir a trabajar, a comprar, a hacer deporte o a pasear… Porque en estos momentos es cuando necesitamos dar la mejor versión de nosotros mismos. Aunque no tengamos ganas, aunque nos cueste, aunque sea complicado porque la otra opción es la resignación. Y, en mi opinión, esa no es ninguna opción. Como no me canso de repetir en mis conferencias y cursos, hay que tomar ejemplo de mi admirado Rafa Nadal: ‘Cuando un partido es complicado, pongo el doble de ilusión y el doble de pasión’. ¡Me encanta esa actitud ante la vida!  

Ante las dificultades que estamos atravesando, es el momento de poner el doble de ilusión y el doble de pasión. ¿Y qué mejor manera que con una actitud de servicio que nos haga reilusionarnos con los que nos rodean? ¿Se os ocurre una forma mejor de comenzar a crear ese nuevo futuro ilusionante? Ha llegado el momento, ¿no os parece?

¿Te atreves?