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¿Estás atento a los sonidos de la vida?

Esta semana os quiero hablar de estar atento. De ser consciente de lo que pasa a nuestro alrededor. De prestar atención a lo que nos rodea y a quienes nos rodean. Porque, en ocasiones, las prisas, los nervios… nos hacen perdernos detalles de la vida que nos pueden hacer muy felices, que nos pueden ayudar a disfrutar un poco más de nuestra existencia. Y para comenzar, os quiero formular un par de preguntas:

atento

¿Estáis atentos a los sonidos de la vida?

¿A qué sonidos prestas más atención?

Y antes de que contestéis os pido que leáis esta historia que he encontrado y que habla sobre la importancia de saber escuchar lo que nos cuenta la vida. Su autor es el sacerdote Carlos G. Vallés y la ha llamado ‘Desafinado’.

Cuentan que una vez dos amigos caminaban juntos por una calle de una gran ciudad (de cualquiera que os queráis imaginar). Mientras andaban se hallaban envueltos en el ruido de la ciudad moderna: Ruido de coches, teléfonos móviles sonando, conversaciones en voz más alta de lo habitual, niños que lloran…etcétera.

Los dos amigos eran diferentes. Tanto, que incluso se notaba en su manera de caminar. Uno de ellos, de origen alemán. Hijo de una gran ciudad, criatura del asfalto, acostumbrado al día a día de las urbes.

El otro, un yogui hindú. El joven está de visita en la ciudad. Vestido con ropas amplias y de tonos chillones camina con los pies descalzos con mirada inocente y presuroso por seguir a su amigo.

De repente, el yogui se detuvo y cogió del brazo a su amigo mientras le dijo:

-“Escucha, está cantando un pájaro”

El joven le contestó:

– “No digas tonterías. Aquí no hay pájaros. No pares que no llegamos”, y continuó caminando.

 Al cabo de un rato, el yogui, disimuladamente, dejó caer una moneda sobre el pavimento. Entonces, su amigo se detuvo y le dijo:

– “¡Espera! Se ha caído algo”.

Y sí, claro… allí estaba la moneda sobre el adoquín.

El joven yogui, entonces, sonrió y le dijo.

– “Tus oídos están afinados al dinero, y eso es lo que oyen. Basta el sonido mínimo de una moneda sobre el asfalto, para que se llenen tus oídos, y se paren los pies. Estás a tono con el dinero, y eso es lo que oyen tus oídos, lo que ven tus ojos ,y lo que desea tu corazón. Oímos lo que queremos. En cambio, estás desafinando ante los sonidos de la naturaleza. Tienes muy buen oído, pero estás sordo. Y no sólo de oído, sino de todo. Estás cerrado a la belleza, a la alegría, a los colores del día, y a los sonidos del aire. Andas desafinado.”

¡Ah!, por cierto, el pájaro sí había cantado.

Y ahora, me gustaría que os respondierais a las preguntas que os he formulado al iniciar este post.

Mirad, en ocasiones, vivimos tan obsesionados por conseguir cosas que no nos damos cuenta de lo que ya tenemos… Y cuando lo conseguimos queremos más ¡sin aprovechar y disfrutar eso que hemos logrado! Y así pasa nuestra vida. Sin darnos cuenta de todo y tanto bueno que nos rodea.

Septiembre es un buen momento para revisar esa forma que muchos tenemos de caminar por la vida y aplicar un poquito de lo que hemos ido aprendiendo durante el periodo de descanso. ¡Os invito a probarlo!

Cuando os levantéis cada mañana dar gracias por el día que comienza, sentiros afortunados por tener un trabajo, una familia, unos estudios…por tener amigos o por tener la salud suficiente para seguir buscando ese trabajo ideal.

Cuando os toméis el desayuno disfrutar de ese café caliente o del té, del zumo fresco, de la tostada o de los cereales…saborear esa primera comida del día.

Y cuando estéis en un atasco para ir a trabajar aprovechad para escuchar vuestra música preferida en la radio o si vais caminando respirar ese aire, calentaros con ese tímido rayo de sol o refrescaros con la brisa de la mañana…¡pero escuchad, sed conscientes…!

Al llegar a vuestro lugar de trabajo o de estudio, o al supermercado o al colegio a dejar a los niños…¡donde sea! Saludar a las personas que os encontráis cada día, sed conscientes de su estado de ánimo y prestar atención por si necesitan ser escuchados o sólo necesitan una sonrisa…

Y disfrutar también de un trabajo bien hecho.

En definitiva, os animo a ser conscientes, a ejercitar la atención plena…con el único objetivo de no perderos ni un detalle de vuestra vida, de vuestro día a día ¡y no perderos el canto de los pájaros, la mirada de cariño de ese ser querido o la de necesitar ayuda de ese otro!

Cuando practiquéis la atención consciente y dejéis atrás el ‘modo automático’ de transitar por la vida os aseguro que disfrutaréis muchísimo más de vuestro día a día y que seréis vosotros los que os deleitaréis con el sonido de ese pájaro que canta en lo alto de un árbol en la gran ciudad.

¿Os animáis a estar atentos a los sonidos de la vida? ¿Os sumáis a practicar la atención plena?

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