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¡Estás vivo! Sigue sembrando…

¡Estás vivo! ¿Te das cuenta? Aprovecha esa vida, este minuto, este segundo (en el que me estás leyendo), disfruta de cada paseo, aprende de cada equivocación, vuelve a intentarlo… ¡no pasa nada! Lo importante es que ¡estás vivo! Y debes seguir sembrando.

vivo

En una ocasión leí un texto anónimo que dice que cada persona, durante su existencia, puede adoptar dos actitudes: construir o plantar.

Los constructores pueden tardar años realizando sus tareas, pero un día terminan aquello que estaban haciendo. Entonces, algunos, se paran, y se quedan encerrados entre sus propias paredes. La vida pierde todo su sentido cuando la construcción acaba y ya no tienen ganas de comenzar de nuevo con una nueva construcción.

Pero existen los que plantan. Éstos, a veces, sufren con las tempestades, las estaciones y raramente descansan. Pero al contrario que un edificio, el jardín jamás para de crecer. Y, al mismo tiempo que exige la atención del jardinero, también permite que, para él, la vida sea una gran aventura.

Os cuento esta historia porque me gustaría invitaros a reflexionar acerca del papel que hemos adoptado en la vida: si somos de esos constructores que se conforman con una sola obra o si somos jardineros. Si nuestro objetivo es hacer y concluir un edificio para sentarnos a contemplarlo o somos de los que no dejamos de sembrar, cada día, de crecer, de desarrollarnos….

Veréis, creo que es importante que nunca, nunca, dejemos de ilusionarnos por las cosas, que nunca dejemos de aprender cosas nuevas, de enseñar a los demás cuando la ocasión nos lo permita… ¿no os parece? De esta forma, y a pesar de las equivocaciones, de la edad, del cansancio, de las situaciones más o menos complicadas… siempre ¡siempre! tendremos una semilla esperando crecer, siempre estaremos a la expectativa, pendientes de ese jardín que nos sorprenderá ¡seguro! cada estación.

Hace un par de días leía una noticia sobre Miguel, el hombre de 80 años que se va de Erasmus a Verona ¿qué os parece? ¡A mí me pareció magnífico! Miguel es de los que planta, de los que se ha dedicado a sembrar su jardín ¡sí! Ha construido una vida, pero no se ha limitado a contemplarla sino que quiere seguir avanzando, seguir aprendiendo, aprovechar que ¡está vivo! ¡Y, por supuesto, que lo está! Me recuerda mucho a mi suegro que falleció, tranquilamente, estando muy vivo; con 93 años tenía la ilusión de un niño de 5, por los retos que se ponía día a día.

La vida no se acaba con la jubilación ni con una separación. La vida no termina cuando una persona querida se marcha o cuando los hijos se hacen mayores y abandonan el nido. La vida no termina cuando nos vemos obligados a dejar un negocio o cuando nos despiden de una empresa. La vida continúa y tenemos que seguir sembrando. Podemos hacerlo de muchas formas: estudiando y apasionándonos por eso que tanto deseábamos hacer y no pudimos en su momento, volviendo a soñar con ese trabajo que tanto nos gusta y aprendiendo de los errores que hemos cometido para no volver a hacer lo mismo, conociendo nuevas culturas, aprendiendo nuevas cosas, enseñando a quien lo necesita… ¡hay tantas maneras de seguir sembrando!

Y mientras sigamos sembrando mantendremos la ilusión de contemplar nuestro jardín, de esperar qué nos depara esa nueva cosecha. Como siempre digo, ‘el que mantiene la ilusión, no se hace nunca viejo’ Por eso, os invito a que sembréis para mantener esa ilusión, la misma que tiene un joven que llega por primer día a la Universidad, la misma ilusión que sentisteis cuando os enterasteis de la llegada de vuestro hijo o la misma con la que os enfrentasteis a ese primer día de trabajo. ¿Os acordáis lo que experimentasteis?

Haced un esfuerzo… ¿a qué fue maravilloso?

Porque cuando cultivamos la ilusión del que siembra, contagiamos esa ilusión a los que nos rodean y ¡qué maravilla! Nos sentimos plenamente vivos. Porque, como os he dicho, la vida no se acaba por una mala situación… y ¡sí! ¡estas vivo! ¿A qué esperas? ¿Te animas a ser de los que seguimos sembrando?

 

 

Esta entrada tiene 2 Comentarios

  1. fred says:

    Somos Sembradores y si no Sembramos bien, la cosecha Sera nula o tan Débil que con cualquie cosa o con cuaiquier viento se cae, Marchita y muere. El Sacerdote y nuestros Padres siembran, de nosotros depende si utilizamos bien la Semilla que sembraron en nuestra Mente y en nuestro Corazón. Ya, de nosotros es la Responsabilidad de definir qué Camino seguir y cómo Correspondemos a Dios y a nosotros mismos las Luces recibidas. Si la correspondemos con egoísmo o la Compartimos con el Otro, bien sea a Través del Diálogo o con nuestro Ejemplo. Nuestra misión es Representar a Dios y Sus mensajes para que quienes nos Rodean, en el Lugar qie ocupemos, sea el Hogar, el Trabajo un Encuentro público , seamos Siempre Luz y Eemplo para quienes nos Rodean Todos somos Enviados de Dios, en cualquier lugar en que nos encontremos. Es gratificante Espiritualmente, serlo.

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