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¿Exceso de ego? ¡Practica la humildad cada día!

Esta semana quiero hablar sobre el exceso de ego que nos impide disfrutar. Más en concreto de las cosas de las que nos privamos cuando estamos demasiado pendientes de lo que ansiamos, de lo que creemos que merecemos y nos olvidamos de disfrutar el momento presente y de practicar la humildad.

humildad

Para hablar sobre el ego he querido recuperar un cuento budista que me relataron hace tiempo y que me parece muy significativo. Se llama ‘El monje y el helado de chocolate’

“Hacía ya tres años que Joel había llegado a una de las más antiguas comunidades budistas del Tíbet. Lo que más deseaba este joven era ser ordenado para convertirse en un monje ejemplar.

Todos los días, a la hora de la cena, Joel le hacía la misma pregunta a su maestro:  

  • ¿Mañana se celebrará la ceremonia de mi ordenación?

A lo que el maestro le respondía:

  • Todavía no estás preparado, antes de nada, debes trabajar la humildad y dominar tu ego.

¿Ego? Joel no entendía por qué el maestro hacía referencia a su ego. Él creía que era merecedor de ascender en su camino espiritual; ya que, meditaba sin descanso y repasaba a diario las enseñanzas del Buda.

Como todos los días Joel preguntaba lo mismo a su maestro, éste ideó una manera de demostrarle que todavía no estaba preparado. Antes de empezar con la sesión de meditación anunció lo siguiente: 

  • Quién medite mejor tendrá como recompensa un helado de chocolate.

Tras un breve alboroto, los jóvenes de la comunidad budista empezaron a meditar. Joel se propuso ser el que mejor meditara entre todos sus compañeros, así demostraría al maestro que estaba preparado para la ordenación. ¡Además se comería el helado de chocolate!

Joel consiguió centrarse por unos minutos en su respiración, pero por más que lo intentaba, al mismo tiempo que lo hacía visualizaba un gran helado de chocolate.

  • No puede ser, tengo que dejar de pensar en el helado o no conseguiré ganar, se repetía constantemente.

Con mucho esfuerzo, Joel lograba concentrarse, pero de repente le invadían imágenes de uno de los monjes disfrutando del helado de chocolate.

  • ¡No puede ser!, debo ser yo quién lo consiga!, pensaba el joven desesperado.

Cuando la sesión de meditación se dio por finalizada, el maestro comentó a los monjes que todos lo habían hecho bien, sólo había una persona que había pensado demasiado en la recompensa, es decir, en el futuro. 

Joel se levantó y dijo:

  • Maestro, he de admitir que yo pensé en el helado durante la meditación. ¿Pero cómo lo ha podido saber?

Y el maestro contestó:

  • Si te digo la verdad, es imposible saberlo, pero he comprobado que te has sentido aludido y sin que nadie dijera nada, te has levantado, te has sentido atacado, cuestionado, … Así es como actúa el ego, trata de tener razón en toda situación que se preste y se siente superior a los demás.

Aquel día, Joel comprendió porque su maestro le recalcaba que tenía que trabajar su humildad y que todavía le quedaba camino por recorrer. Trabajando con constancia y paciencia, por fin llegó el tan esperado día. El maestro llamó a su puerta y le anunció que había llegado su hora y que ya estaba preparado para su ordenación.

Cuando llegó al templo lo único que se encontró fue una pequeña tarima y sobre ella… un helado de chocolate. Joel disfrutó del helado agradecido, sin sentirse decepcionado. A continuación, se celebró su ordenación”.

¡Qué gran enseñanza la del maestro al joven monje!, ¿no? ¿Y cómo podemos aplicarla a nuestro día a día? Pues veréis, lo primero que tenemos que hacer es identificar cuál es nuestro helado de chocolate, ese deseo tan fuerte que nos distrae y nos aleja de lo que realmente queremos conseguir. En el caso del monje, le impedía meditar… ¿qué nos impide hacer a nosotros?

Es importante identificarlo porque así seremos conscientes de cuál es nuestra distracción y podremos ponernos a trabajar por apartarla de nuestro día a día. ¿Cómo? Marcándonos pequeñas metas, … ¿recordáis el método Kaizen? Se trataría de comernos un trocito de ese helado cada vez que alcanzamos esos objetivos. De esta forma, dejaremos de pensar en el gran helado de chocolate y disfrutaremos de cada uno de los logros que conseguimos a diario y que nos hacen estar más cerca de eso que tanto ansiamos.

En segundo lugar, me gustaría que analizáramos el comportamiento del joven cuando sin que nadie le pregunte, salta y se justifica por haber pensado en el helado y haber sido incapaz de meditar. ¡Allí está actuando el ego! Esa ansia de ser el protagonista, de estar por encima del resto, incluso en situaciones que nos pueden perjudicar. Justificarse antes de tiempo y ser incapaz de practicar la humildad, esa virtud que nos permite ser capaces de mostrar lo bueno y lo malo de nosotros mismos con tranquilidad. ¡Sólo así seremos capaces de ser felices!

¿Y cómo podemos practicar día a día la humildad? Pues veréis creo que son necesarias tres cosas:

-Honradez, lo que nos permite reconocer abiertamente lo que somos. Mostrarnos a los demás cómo somos, cuáles son nuestros defectos y nuestras virtudes. Sin caretas.

-Naturalidad, al no intentar dar una imagen de nosotros mismos diferente de la que en realidad somos.

-Gratitud hacia la ayuda que los demás nos prestan. Ser capaces de aceptar ayuda y agradecerla sin sentirnos atacados en nuestro ego.

Pues estos son los deberes de esta semana para apartar un poco el ego que nos impide disfrutar de nuestro día a día…. ¿Te animas a dejar de lado el ego y a practicar la humildad ejercitando la honradez, la naturalidad y la gratitud hacia el resto?

Esta entrada tiene 3 Comentarios

  1. Carlos Parra says:

    Gracias Luís.

    Aunque la humildad sea una de las virtudes que menos está de moda, quizá sea la más necesaria, en esta época ” en la que todo el mundo va a lo suyo, menos yo que voy a lo mío “, añadiría la idea de compartir,como tú lo haces en este blog.

    Un abrazo. Luís.

  2. Oscar Chaves says:

    La humildad es una virtud que muy pocos tienen, es muy difícil de conseguir, hay que poner en práctica estos ejercicios que usted propone y no dejar de hacerlo ni un sólo dia. “en una calle de calcuta la madre Teresa bañana a un leproso en ese momento paso una mujer de clase social alta y le dice a la madre Yo no haría eso ni por un millón de dólares y la madre en su infinita humildad le respondió ” Yo tampoco, Lo hago sólo ppr amor”

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