“Si quieres ser feliz…
Durante una hora, haz la siesta.
Durante un día, vete a pescar.
Durante un mes, viaja.
Durante un año, recibe una herencia.
Durante toda la vida.., ayuda todos los días a alguien.”

No esperes nada a cambio y lo más seguro es que experimentes la felicidad. ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo sin esperar nada a cambio? ¡Seguro que hace bien poco, aunque no seas consciente! Pues bien…piénsalo y recuerda cómo te sentiste. ¿En qué grado fuiste feliz?
Hace unos días vi un vídeo precioso.
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En él, como habrás visto, un joven ayuda a una mujer, riega un arbusto seco, reparte lo poco que tiene… en definitiva, cada día realiza diversas buenas acciones por las que no espera recompensa alguna. ¡Pero la tiene, claro que la tiene! Obtiene un mundo más hermoso, es testigo de la felicidad de los demás y eso le hace ser más feliz, sentirse pleno,…
En mi libro ‘Reilusionarse’ ya te contaba con datos científicos que las personas con actitud de servicio son más felices, según los datos de las investigaciones sobre generosidad realizadas en el año 2005 por Sonja Lyubomirsky, profesora de la Universidad de California. Tras muchos estudios se llegó a la conclusión de que las personas que habían realizado un acto generoso a la semana, durante seis semanas, experimentaron un aumento significativo de la percepción de felicidad y de satisfacción con su vida.
Pues bien, ahora que estamos en pleno verano y muchos de vosotros tenéis más tiempo libre os quiero animar a ser un poquito más felices. ¿Os apetece? ¡Seguro que sí! Para lograrlo, os propongo que os animéis a practicar la generosidad, la ayuda, la solidaridad. Con un pequeño acto al día, uno solo, vuestra sensación de felicidad, de satisfacción con vosotros mismos aumentará.
Y no son necesarias grandes cosas… ¡No! No te pido que hagas nada que no puedas. Es tan fácil como dar conversación a ese vecino anciano que pasa el día en soledad, dejar pasar en la cola del supermercado a esa mujer con problemas de movilidad, llamar por teléfono a ese amigo que lo está pasando mal y escucharle, jugar con tus hijos o sobrinos o nietos en la playa, … en definitiva, te pido que estés alerta ante las necesidades de los que te rodean y que trates de ayudarles a satisfacerlas en la medida de tus posibilidades. Y por favor, cuando lo hagas, recuerda como te has sentido, escríbelo y si quieres ¡cuéntamelo!
¡Qué seas feliz!