Dar las gracias. De eso se trata el post de esta semana. Y no sólo de estar agradecido sino de decirlo, de contarlo, de cerciorarse de que el otro lo sepa, … ¡porque os aseguro que es muy importante! Y que provoca una sensación enorme de bienestar en el otro, casi tan grande como la del que se siente agradecido. Y este post ha surgido a raíz de la conferencia en abierto que di el pasado día 4 en Sevilla. Y es que, ¡por más conferencias que doy no dejo de sorprenderme! Y espero seguir sorprendiéndome siempre y seguir teniendo que escribir post como éste en el que, además de daros las gracias, quiero trasladaros -en la medida de lo posible- lo que sentí tras la conferencia. Más bien, lo que me hicisteis sentir.

Veréis, el mismo día de la conferencia comenzaron a llegarme correos de agradecimiento que se entremezclaban con mensajes en las Redes Sociales.

  • ¡Gracias Luis!, desde ayer he decidido comenzar con una nueva vida. Y tú lo has hecho posible.
  • ¡Gracias Luis!, ayer me trasmitiste una verdad muy difícil de encontrar en estas charlas… eres un referente
  • ¡Gracias Luis!, tus charlas salen del corazón y eso se nota…
  • ¡Gracias Luis! Al salir de tu conferencia me he ido corriendo a casa de mis padres a darles un abrazo (¡hacía tanto tiempo que no les abrazaba así!)
  • ¡Gracias Luis! Hoy al levantarme lo primero que he hecho es pedir perdón, dar las gracias y decir te quiero…
  • ¡Gracias Luis! Mil gracias…me has dado el empujón definitivo que necesitaba.
  • ¡Gracias Luis! Tras tu conferencia he dado el primer paso para enfrentarme a mis miedos.
  • (…)

He querido compartir con vosotros una muestra de lo que han sido estos mensajes, estos correos (que mientras escribo este post me siguen llegando). Y no lo he hecho por vanidad, ni por ego… ¡No! os aseguro que lo he hecho porque estoy inmensamente agradecido a todos vosotros, porque yo también quiero ser el que dé las gracias. No quiero guardarme para mí lo que me llena compartir un rato con vosotros, lo que supone estar ante un auditorio lleno y ver vuestras caras de emoción, escuchar vuestras risas y ver cómo se derrama alguna lágrima de emoción.

Siempre que comparto una jornada con vosotros el que más enriquecido sale de esta experiencia soy yo. Me encanta que al terminar la charla me contéis lo que habéis sentido, me trasladéis cómo os han podido ayudar mis palabras en vuestra historia personal… La gratificación es enorme y, como he dicho en alguna otra ocasión, ¡me cargáis las pilas!

Y, por eso, una vez más, os quiero dar las gracias. Porque vosotros siempre sois capaces de decirlo: con palabras o con la mirada; con aplausos o con silencios; al estrecharme la mano o al abrazarme… Siempre sois los valientes que dais las gracias. Y hoy quería ser yo.

En esta ocasión, quiero que el post termine con una historia para que todos reflexionemos acerca de la cara que estamos mostrando a los que nos rodean, se llama ‘La vida es un espejo’:

“Cuentan que, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logró entrar a la casa y se topó con una puerta semiabierta; lentamente se adentró en el cuarto y se dio cuenta que dentro de ese cuarto había mil perritos más observándolo, como él los observaba a ellos.

El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas. Los mil perritos hicieron lo mismo. Sonrió y ladró alegremente a cada uno de ellos, los mil perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él.

Cuando salió del cuarto pensó: ¡Qué lugar tan agradable! Voy a venir más veces a visitarlo. Tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y entro al mismo cuarto. Pero a diferencia del primero, al ver a los mil perritos que aguardaban dentro se sintió amenazado, ya que consideró que le miraban de forma agresiva. Empezó a ladrar y vio como los mil perritos le ladraban también a él.

El perrito salió del cuarto y pensó: ¡Qué lugar tan horrible! Nunca más volveré a entrar allí. Frente a la casa había un letrero que decía: “La casa de los mil espejos”.

¿Te das cuenta? Tú no eres responsable de la cara que tienes, eres responsable de la cara que pones. Todos los rostros del mundo son espejos. Decide qué rostro llevarás por dentro y ese será el que mostrarás. Las cosas más bellas del mundo no se ven ni se tocan, sólo se sienten con el corazón”.

 Os aseguro que el rostro que me trasladasteis el pasado día 4 en Sevilla y el que me trasladáis en cada una de las conferencias que doy por toda la geografía española es el que me hace sentir con el corazón este agradecimiento que hoy os quiero brindar y expresar.

¡Gracias de nuevo! ¡Gracias de corazón!