Actitud. Esta semana quiero que reflexionemos acerca de nuestra actitud ante la vida, ante los que nos rodean, ante los que nos quieren. De nuestra actitud ante las cosas que nos pasan cada día, ante las cosas buenas y las no tan buenas. ¿Cuál es nuestra reacción? ¿Con qué actitud afrontamos el día a día?

Después de leer la siguiente historia, entenderéis perfectamente porqué os formulo esta pregunta:

“Un día, el pequeño Jorge, de apenas 10 años de edad, entró a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto. Su padre, al ver el estado en el que se encontraba, lo llamó y le pidió que le explicara qué es lo que le pasaba.

Jorge, acudió a su llamada, cada vez más irritado:

– Papá, ¡Te juro que tengo mucha rabia! Pedro no debió hacer lo que hizo conmigo. Por eso, le deseo todo el mal del mundo, ¡Tengo ganas de matarlo!

Su padre, un hombre sencillo, pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al hijo quien continuaba diciendo:

– Imagínate que el muy estúpido me humilló frente a mis amigos. ¡No lo acepto! Ojalá que se ponga muy enfermo y no pueda ir más a la escuela.

El padre siguió escuchando y se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, de donde tomó un saco lleno de carbón, que llevó hasta el final del jardín. Una vez allí, le hizo una propuesta:

– ¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es Pedro y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él. Tírale todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo. Después yo regreso para ver como se ha quedado la camisa.

El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los trozos de carbón, pero como el tendedero estaba lejos, pocos fueron a parar hasta la camisa.

Cuando, el padre regresó y le preguntó:

– Hijo mío, ¿cómo te sientes?

Jorge respondió sonriendo:

– Cansado, pero alegre. Acerté algunos pedazos de carbón a la camisa.

Entonces, el padre cogió al niño de la mano y le dijo:

– Ven conmigo quiero mostrarte algo.

Lo colocó frente a un espejo que le permitía ver todo su cuerpo. De pronto, el pequeño vio que estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos.

En ese momento el padre dijo:

– Hijo, cómo pudiste observar la camisa quedó un poco sucia, pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú. El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros. Por más que queremos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre queda en nosotros mismos.

Cuida tus pensamientos porque ellos se transforman en palabras.

Cuida tus palabras porque ellas se transforman en acciones.

Cuida tus acciones porque ellas se transforman en hábitos.

Cuida tus hábitos porque ellos moldean tu carácter.

Y cuida tu carácter porque de él dependerá en gran medida tu destino”.

Ahora sí, ¿verdad? Esta historia anónima que leí en una ocasión me sirve para reflexionar acerca de la importancia de nuestra actitud. En muchas ocasiones me habéis escuchado decir que la vida es un eco que te devuelve todo lo que le das. ¡Pues es cierto!

Probad a afrontar el día a día de otra manera. Para ello, de nuevo, os pido que practiquéis el agradecimiento. Es fundamental levantarse cada mañana dando las gracias para sentir lo afortunados que somos y adoptar una actitud positiva ante el día a día. Cuando comencéis el día con una sonrisa, veréis como las personas que están a vuestro alrededor os devuelven esa sonrisa multiplicada. ¿Tan difícil es dar los buenos días en el trabajo? ¿Preguntar a ese conocido por su hijo que estaba enfermo o desear un buen día al conductor del autobús que te lleva hasta el trabajo?

¡Seguro que todos vosotros tenéis una persona de referencia con la que vale la pena pasar un rato, conversar, escuchar, esa persona que os carga las pilas…! ¿Ya la tenéis en la cabeza? ¿Sabéis cuál es su secreto para que estéis deseando estar con ella? ¡Su actitud ante la vida! Seguro que, como todos, ha atravesado momentos más difíciles que otros, que no siempre su vida ha sido un camino fácil, pero ¡siempre! os ha trasmitido alegría, paz, serenidad, comprensión… Porque ha decidido adoptar una actitud positiva ante la vida ¿Por qué no probáis a imitarla? ¿Por qué no intentáis ser ese referente para alguien?

¿Os parece que hagamos la prueba esta semana, a la vuelta de las Navidades?

Seguro que, entre todos los compromisos que tenéis tras el descanso, hay alguno al que os hace menos ilusión acudir… ¿la cena pendiente con los amigos de tu pareja?, ¿el almuerzo con tu jefe?, ¿la reunión con ese cliente…? ¿Algún encuentro pospuesto con…? Os invito a afrontar este momento con una actitud abierta, una nueva visión más optimista del evento, a mirar a esos amigos o familiares con otros ojos, a dar las gracias por ese momento, a probar a pasar un buen rato, a escuchar a esas personas, en definitiva, a poneros en ‘modo disfrute’… Veréis como si cambiáis vuestra actitud, si sois capaces de cambiar vuestra mirada, la vida os devolverá un momento mucho más dulce que el esperado.

¿Os animáis a regalarle a la vida una actitud positiva?