Esta semana quiero reflexionar acerca de la importancia de la colaboración, de lo bueno que resulta trabajar junto a otras personas, aunque éstas sean la antítesis a nosotros. Porque, os aseguro que cuando unimos fuerzas en una dirección, cuando nos complementamos unos con otros ¡somos mucho más eficaces!

Y quiero contaros esta historia que pone de relieve la importancia de la colaboración en los equipos de trabajo. Se titula, ‘El cojo y el ciego’, de autor desconocido, y que leí hace un tiempo.

“Cuentan que, en lo más profundo del bosque, habitaban dos hombres muy pobres, que habían huido de la ciudad para vivir como ermitaños. Uno era ciego y el otro era cojo. Los dos se habían encontrado en aquel paraje deshabitado e inmediatamente habían sentido aversión el uno hacia el otro.

Se construyeron dos chozas como pudieron y se quedaron a vivir en ellas. Allí pasaban la noche, pero durante el día volvían a la ciudad, para intentar conseguir algo de comida, dinero o hasta chatarra para mejorar sus humildes casas.

Lo malo de estos dos señores es que se caían tan mal que siempre competían el uno con el otro. Peleaban por ver quién había recibido más monedas en las calles, quién encontraba las mejores sobras de comida u objetos abandonados en la basura. Y las personas los veían con lástima porque, aparte de tener mermadas sus capacidades físicas, no sabían ser amigos.

Así pasó el tiempo y el odio entre ambos crecía cada vez más.

Una noche, hubo un gran incendio forestal que se extendió hasta el prado en donde los dos vivían. Sus casas comenzaron a incendiarse y el fuego amenazó con cercar aquella pradera.

El hombre ciego podía correr para salvar su vida, pero no sabía hacia donde ir para alejarse de las llamas. El hombre cojo veía claramente el camino, pero con su pierna inválida era incapaz de irse lejos.

En ese instante, ambos se dieron cuenta de que tenían un problema, pero también se apercibieron de que al otro le faltaba lo que cada uno tenía.

—Te propongo algo —le dijo el hombre ciego al hombre cojo—, yo te puedo llevar en mi espalda para escapar de aquí, pero a cambio tú me tienes que ir diciendo por donde correr.

El hombre cojo aceptó el trato y, dicho y hecho, se subió a las espaldas de su hasta entonces enemigo y lo guió para que supiera hacia donde debía escapar. Así, fueron capaces de alejarse del incendio y cayeron exhaustos en un sitio seguro.

—Siento haber sido tan malo contigo —le dijo el vagabundo cojo—, ¿quién diría que tú me salvarías llevándome a donde mis piernas no podían?

—No lo habría logrado sin tu ayuda, pues tú te convertiste en mis ojos —le contestó el ciego—, creo que nos va mejor cuando unimos fuerzas, en vez de estar discutiendo por todo.

Desde entonces, ambos hombres trabajaron en equipo y no volvieron pelearse porque se dieron cuento de la importancia de colaborar.

A partir de ese momento, ambos se convirtieron en los mejores amigos. Cuando el incendio fue apagado, buscaron un nuevo lugar donde vivir juntos y comenzaron a compartir todas sus cosas. Es cuando se dieron cuenta de la fuerza que tenía el colaborar, aunque ambos fueran muy diferentes… Es, entonces, cuando les fue mucho mejor en su día a día”.

La mayoría de las veces es muy beneficioso que los miembros que componen un equipo de trabajo en una empresa sean distintos, que cada uno tenga diferentes fortalezas para, así, hacer frente a los posibles puntos de mejora de los demás ¿no os parece?

¿A qué en más de una ocasión os habéis preguntado cómo podéis trabajar con esta persona si sois tan diferentes? Pues ahí está el secreto, en la diversidad. Esa persona te complementa y es capaz, por ejemplo, de imponer su calma en un momento en el que de ti se apodera el estrés, o es creativa mientras que tú no tienes tanta capacidad de crear, pero eres extremadamente ordenado y un genio de la planificación mientras que ella no…

La diversidad en los equipos de trabajo, en las parejas, en las aulas, … ¡genera riqueza! Riqueza de conocimientos, de puntos de vista, de opiniones… ¡y engrandece el resultado!

Y si, puede que los que seáis responsables de un equipo creáis que dirigir un equipo con tanta diversidad es complicado… yo prefiero creer que para el líder del equipo contar con variedad de talentos es un reto. El reto de -como apuntábamos en el post anterior– saber ver y potenciar lo mejor de cada uno, e inspirar para que complemente al resto alcanzando el resultado que tanto deseamos. Porque este equipo diverso debe trabajar en pro de un único objetivo. ¿No os parece?

Así que, si tenéis la oportunidad de trabajar con, o en un equipo con diversidad de personas, pensad en la historia del hombre cojo y del hombre ciego, y concentraros en cómo trasladarla a vuestro día a día en el trabajo.

¿Cómo puedo ayudar, con mis habilidades y talentos a alcanzar el objetivo final? ¿Qué puedo aportar yo al resto del equipo? ¿Qué puede aportarme a mi cada persona del equipo?

Y, por encima de todo, ¡practicad la escucha! ¡escuchad todas las opiniones!, incluso las que vienen de boca de compañeros con los que creéis no coincidir en nada… Y recordad que sí que tenéis algo en común: ¡conseguir un trabajo bien hecho!

¿Os animáis a practicar la colaboración en el trabajo? ¿A convertir la diversidad en los equipos de trabajo en una oportunidad?