Esta semana vamos a hablar de renovación. Recién pasada la noche de San Juan, en la que decimos adiós a lo viejo para dejar entrar a lo nuevo, en la que nos renovamos con el fuego purificador de las hogueras que se reparten a lo largo y ancho de nuestra geografía, quiero que pensemos cuál es nuestra actitud ante los cambios, cómo los afrontamos y si somos capaces de aprovechar las oportunidades que nos da la vida para renovarnos. Y, comenzaré con una historia que el psiquiatra A. J. Twerski hizo viral por un vídeo en el que narraba la renovación de las langostas. Alguno de vosotros lo conoceréis, pero me ha parecido adecuado recordarlo:

Cuenta Twerski en su vídeo que la langosta es un animal suave y pulposo, que vive dentro de un caparazón rígido. Ese caparazón rígido no crece, no se expande. Entonces, ¿cómo puede crecer la langosta?, se preguntaba este doctor.

El secreto que permite a la langosta crecer es la presión que siente bajo un caparazón tan angosto. Para deshacerse de él de forma segura se esconde bajo una formación de piedras, donde estará a salvo de depredadores y es allí donde se desprende de su carcasa. Ahí mismo, mientras permanece escondida, volverá a producir uno nuevo, más acorde con su tamaño actual.

Llega un día en el que ese nuevo caparazón también se vuelve pequeño y la langosta vuelve a sentir la presión y vuelve a refugiarse bajos las rocas para repetir el proceso que le permite evolucionar. Esto pasa varias veces a lo largo de su vida.

El psiquiatra concluye afirmando que “el estímulo que permite a la langosta crecer es sentirse incómoda. Si las langostas tuvieran doctor nunca crecerían, porque en el momento en el que se sintiesen incómodas irían al doctor para conseguir un Valium y al sentirse bien de nuevo nunca se quitarían el caparazón”.

Y, aunque personalmente discrepe de esta generalización de Twerski sobre los médicos, ya que la mayoría nos ayudan a mantener nuestra salud, nos alivian muchas dolencias y muchas veces salvan vidas -lo que digo por experiencia ya que conmigo así fue y es-…, esta conclusión del psiquiatra sí que me puede servir como metáfora para continuar con el post.

La adversidad es un estímulo para la langosta que nos demuestra que cuando la utilizamos de forma correcta nos permite crecer, sólo hay que estar atento a los estímulos y las señales que nos dan los tiempos de estrés.

Os quiero hacer una pregunta:

¿Cómo respondéis cuando se os presenta una contrariedad en el trabajo, en la vida personal, en la salud…?

Muchas veces nuestra primera reacción es lamentarnos, hundirnos y criticar nuestra mala suerte. Es un comportamiento lógico. En un primer momento no comprendemos por qué nos pasa esto, no lo aceptamos y nos preguntamos ‘por qué a nosotros’, más que buscar soluciones buscamos motivos… Pero una vez superado este bache, tenemos que actuar ¿y cómo lo hacemos? Intentando calmar todos esos pensamientos negativos y buscando cómo podemos superar esa situación o cómo sobrellevarla de la mejor manera obteniendo un aprendizaje. ¿Qué es complicado? ¡Por supuesto!, pero no es imposible y os aseguro que es la mejor manera de superar una situación que no es agradable para ninguno de nosotros.

¡Y se puede hacer! ¿Cuántos casos de profesionales y empresas que se transformaron empujados por la crisis económica conocéis? ¡Seguro que hay bastantes entre ellos que dieron el paso que, en otra situación, no se hubieran atrevido a dar! Porque no es fácil salir de la zona de confort y estas ocasiones complicadas nos empujan a hacerlo.

¿Cuántas personas empiezan a saborear la vida cuando les diagnostican una enfermedad grave? Esa situación límite les hace vivir la vida de otra forma y valorar cada momento, incluso, hacer cosas y tomar decisiones que -de otra forma- no hubiera adoptado.

Otro aliciente para aprovechar esos momentos complicados, esos obstáculos que nos tropezamos a veces en la vida, es pensar que casi siempre salimos fortalecidos y más fuertes de este tipo de situaciones. Porque, al volver la vista atrás, nos damos cuenta de que hemos sido capaces de sobrellevarlos y de obtener un aprendizaje de ellas. Una persona demuestra equilibrio emocional cuando es capaz de dotarse de manera habitual de los mejores estados emocionales, aunque las circunstancias que le rodean no sean las mejores.

Os invito a cambiar la pregunta. ¡Sí! A que cuando os encontréis en una situación difícil, de estrés, de crisis…, en definitiva, en un momento complicado en lugar de machacaros con la eterna pregunta: ¿Por qué me ocurre esto a mí?, os preguntéis: ¿Cómo voy a sacar partido de esta situación? ¿Qué voy a hacer para salir fortalecido y renovado de ella? ¡Y claro que sí! Al principio nos va a costar, pero os aseguro que esta capacidad de dotarnos de estrategias para ser un poco más felices ¡se aprende a costa de entrenarse! La capacidad de generar estados positivos incluso en la peor de las situaciones es la que nos permite renovarnos y salir fortalecidos de una situación no del todo idónea. Es la capacidad de crecer bajo presión, como la langosta, la que nos convierte en personas fuertes, capaces y renovadas… en definitiva en personas que disfrutan de cada momento de la vida y no temen la adversidad ¡porque han aprendido a crecer con su impulso!

¿Os animáis a aprovechar cualquier momento complicado para renovaros? Y, aunque a veces sea difícil. ¿Os animáis a desprenderos de vuestro caparazón y a crecer también bajo presión como la langosta?