La superación. Durante esta semana en muchos de mis posts de las Redes Sociales he querido hacer especial hincapié en este término, en el aprendizaje que podemos obtener al conseguir o no conseguir nuestro objetivo, en poner en el sitio adecuado el problema y enfocarse en la solución, en definitiva, en olvidar el por qué y cambiarlo por el para qué. Porque, en la vida de cualquier persona siempre hay algún obstáculo que superar para alcanzar la meta, siempre hay un pasado del que obtener un aprendizaje, en definitiva, siempre hay VIDA ¡sí! con mayúsculas…porque de eso se trata de la vida y sólo así podrás saborearla al 100%.

Como siempre, he intentado buscar una historia que nos ayude a reflexionar y he encontrado este breve cuento sobre Buda y un granjero. Os invito a leerlo:

“Había una vez, en una lejana tierra, un granjero que se acercó al Buda, teniéndolo por un maestro sabio e instruido. El granjero se dirigió a Buda para comentarle las inquietudes que no le dejaban conciliar el sueño:

–Maestro, tengo una buena granja, pero a veces hay inundaciones, y otras veces hay sequía, y mis cosechas no crecen tan bien como quisiera. Amo a mi esposa y ella a mí, pero a veces me regaña demasiado. Mis hijos se portan bien, pero demandan mucho de mí y muy a menudo, ¿Qué debo hacer?

El Buda miró al granjero con compasión, extendió ambas manos y respondió:

– Lo siento, no puedo ayudarte con esos problemas.

Ante la respuesta de Buda, el granjero se quedó atónito y replicó un tanto confundido:

– ¡Espera un minuto! La gente habla maravillas de ti en todos los rincones de la tierra. Vienen a verte buscando consejo para toda clase de cosas, y aseguran que se van iluminados… ¿Cómo me contestas esto?

– Lo siento –repitió el Buda– pero no hay nada que pueda hacer para ayudarte. Cada persona tiene 83 problemas, cuando un problema desaparece, otro nuevo asoma para sustituirlo, la cantidad permanece siempre igual. No puedo ayudarte con los 83 problemas.

– Bien, dime entonces –preguntó el granjero esperando sacar algo en claro de su visita–, ¿con qué me puedes ayudar?

– Te puedo ayudar con el problema número 84”.

¿Os imagináis una vida sin preocupaciones? ¿Sin ningún tipo de obstáculo? ¿Sin retos que superar? ¿Sin nada nuevo que aprender? Sería impensable, ¿verdad? Pues eso es lo que buscaba el granjero de Buda. Y eso es lo que, en ocasiones, buscamos nosotros. Y nos obsesionamos tanto que no nos damos cuenta de que, precisamente, ese esfuerzo de superación que realizamos cada día en alguna de nuestras tareas es lo que nos mantiene vivos.

Os pondré un ejemplo. Quiero que penséis en cómo os sentisteis cuando os contrataron para ese trabajo que tanto ansiabais o cuando superasteis ese examen para el que habíais estado tanto tiempo estudiando. En definitiva, me gustaría que recordarais vuestros mayores momentos de euforia, de felicidad y con qué los asociáis. Seguro que muchos de esos instantes están asociados a la recompensa tras un duro esfuerzo, ¿verdad?, a momentos de superación.

Por eso creo que es tan importante trabajar cada día por nuestras metas. Si un día damos dos pasos ¡enhorabuena! Si al día siguiente retrocedemos uno, ¡no importa! Nos quedamos con ese pequeño paso que ha acortado nuestro camino. ¿No os parece? Y reflexionemos: ¿Qué hemos hecho hoy diferente de ayer para retroceder en lugar de avanzar? o mejor, ¿Qué hicimos ayer para poder avanzar dos pasos? ¿Qué hemos aprendido hoy que no debemos repetir mañana si queremos seguir avanzando? ¡Es tan maravilloso seguir aprendiendo! ¿No os parece? Tengamos la edad que tengamos…la vida es un aprendizaje continuo (tanto de las cosas que hacemos bien como de las que podemos mejorar).

El orgullo de superar una situación complicada, la satisfacción de alcanzar ese sueño, la tranquilidad del deber cumplido cuando el día llega a su fin… Ninguna sensación es mejor, ni siquiera el no tener ningún problema que resolver como reclamaba a Buda el granjero ¿no os parece? Porque los pequeños obstáculos del día a día nos hacen sentirnos vivos, el resolverlos nos hace sentirnos útiles. Los retos nos cargan de oxígeno para continuar.

Os invito a que cada lunes (o domingo por la noche) saboreéis la vida y, para ello, anotéis en un cuaderno cuál es el propósito por el que vais a trabajar durante la semana y qué pasos habéis pensado ir dando para conseguir alcanzarlo. Y no tiene por qué ser un gran reto, puedes tener gtel propósito de organizarte el trabajo para llegar antes a casa, conseguir ese cliente que tanto te gustaría, aprender a dialogar con tus hijos o con tu pareja sin pelearte…

Al terminar la semana, retomad el cuaderno y contestaros sinceramente:

-¿He conseguido avanzar en mi propósito?

-¿Qué he hecho bien?

-¿Qué es lo que no me ha llevado por el camino esperado? ¿Puedo corregirlo?

-¿Qué he aprendido de mis pasos esta semana?

Os aseguro que ese aprendizaje continuo, esa superación, ese esfuerzo diario… es el que nos hace sentirnos tan vivos.

Y tú, ¿te animas a seguir superándote? ¿te sumas a saborear la vida?