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Hace unos días, repasando documentos me encontré con la maravillosa carta escrita por el periodista Jesús Espada que resultó ganadora de un concurso de cartas de amor y que reproduzco. Y esta semana, en este post escrito casi en el ecuador de este caluroso verano quiero hablaros de amor. Quiero animaros a que repartir amor entre los que os rodean sea uno de los objetivos –el primero- que os marquéis antes de iniciar el nuevo curso, en septiembre.

Las vacaciones, de las que muchos disfrutáis, habéis disfrutado o estáis a punto de hacerlo durante estos días son una época magnífica para prestar un poquito más de atención a nuestros seres queridos. Pasar un ratito más con nuestros mayores, jugar con los más pequeños, compartir esa velada con tu pareja (sin móviles ni distracciones), conversar con ese amigo al que nunca puedes ver porque siempre tenéis trabajo, conocer un poco mejor al panadero del barrio…, en definitiva, acercarnos a esas personas con las que compartimos la vida, pero a las que, a veces, no prestamos la suficiente atención.

¿Te has preguntado alguna vez lo poco que cuesta escuchar un poco a tu madre? ¿Has sentido la gratificación de abrazar a alguien de verdad, hasta escuchar latir su corazón? ¿Has visto la cara de felicidad de tu hijo cuando le dedicas unas cosquillas antes de acostarse?

Y ¿te has parado a pensar lo poco que te ha costado hacerlo? Incluso, ¡lo bien que te has sentido después de hacerlo! Como siempre me gusta decir, porque creo que es cierto, el amor es lo único que crece, que aumenta, que se multiplica cuando lo repartes… ¡qué gozada! ¿no?

Todo son beneficios a la hora de repartir amor, cariño, dedicación… ¿te animas a ponerlo en marcha este verano? Y a mantenerlo en septiembre… como propósito del nuevo curso.

¿A qué estás esperando?… ¡expresa tus sentimientos, reparte amor, ofrece tu tiempo, muestra tu cariño!

A continuación, como os he anunciado al comenzar el post reproduzco esta maravillosa carta en la que el autor se metió en la piel de un enfermo de Alzhéimer:

“Querida Julia:

Te escribo ahora, mientras duermes, por si mañana ya no fuera yo el que amanece a tu lado. En estos viajes de ida y vuelta cada vez paso más tiempo al otro lado y en uno de ellos, ¿quién sabe?, temo que ya no habrá regreso.

Por si mañana ya no soy capaz de entender esto que me ocurre. Por si mañana ya no puedo decirte cómo admiro y valoro tu entereza, este empeño tuyo por estar a mi lado, tratando de hacerme feliz a pesar de todo, como siempre.

Por si mañana ya no fuera consciente de lo que haces. Cuando colocas papelitos en cada puerta para que no confunda la cocina con el baño; cuando consigues que acabemos riéndonos después de ponerme los zapatos sin calcetines; cuando te empeñas en mantener viva la conversación aunque yo me pierda en cada frase; cuando te acercas disimuladamente y me susurras al oído el nombre de uno de nuestros nietos; cuando respondes con ternura a estos arranques míos de ira que me asaltan, como si algo en mi interior se rebelase contra este destino que me atrapa.

Por esas y por tantas cosas. Por si mañana no recuerdo tu nombre, o el mío.

Por si mañana ya no pudiera darte las gracias. Por si mañana, Julia, no fuera capaz de decirte, aunque sea una última vez, que te quiero.

Tuyo siempre

 

T.A.M.R.”.

(Carta ganadora del III Concurso de Cartas de Amor de Cobisa (Toledo). Año 2014. Autor: Jesús Espada)

 

Y tú, ¿todavía vas a esperar para empezar a demostrar tu amor?