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No te resignes, acepta

hipster-865300_1920Tal vez, a algunos, el título de este post les parezca contradictorio: No te resignes, acepta. Pero os aseguro que no es así. Esta semana quiero hablaros de la diferencia entre resignarse ante una situación o aceptar una situación que nos disgusta. Porque creo que aceptar lo que no podemos cambiar es la fórmula que nos permite continuar con nuestra vida, seguir adelante con nuestros objetivos y nuestras metas. Y os aseguro que no tiene nada que ver con resignarse ante una determinada situación eludiendo cualquier responsabilidad, sin haber analizado antes lo que podemos hacer para cambiarla.

Para explicar mejor la diferencia entre estas dos actitudes quiero que os hagáis esta pregunta:

-¿Qué es lo que no te gusta?

Encuentra esa cosa, esa situación, ese obstáculo que te preocupa porque te impide seguir con tu objetivo de vida. Un jefe con el que no congenias, una enfermedad que te impide realizar determinadas cosas, una mala relación con tu familia, una situación complicada de tu empresa… ¿Ya la tienes?

Ahora piensa: ¿Está en tus manos cambiarlo? ¿Puedes hacer algo para modificar esa situación que te disgusta?

Si la respuesta es ‘sí’… ¡fantástico! Sigue adelante. Trabaja hasta que consigas modificar esa situación. Pon todo tu empeño y esfuerzo hasta que consigas cambiarla y deje de preocuparte.

Si, por el contrario, tu respuesta es ‘no’…, entonces no pierdas ni un minuto en luchar contra esa situación. No te desgastes. Admite que no puedes cambiarla y modifica tu actitud dirigiendo tu acción hacia nuevos objetivos, sigue con tu camino, ábrete a nuevas posibilidades. Gestiona la situación. Busca nuevos caminos que te lleven a tu objetivo, en definitiva, acepta que hay cosas que no está en tu mano cambiar y sigue trabajando para llegar a dónde tú quieres. ¡Eso es aceptar!

Cuando aceptas algo has adoptado una actitud de acción porque antes de aceptar has analizado la situación, te has planteado las posibilidades de hacerle frente y, como has visto que no depende de ti, has buscado nuevas alternativas, nuevos caminos para alcanzar tus objetivos. ¡Estás vivo, estás trabajando en firme por tus metas sin desgastarte en batallas ya perdidas antes de empezarlas!

Sin embargo, cuando te resignas estás eludiendo tu responsabilidad, adoptas una actitud apática, pasiva, no buscas salidas, ni siquiera analizas las posibilidades que tienes de actuar ante eso que te desagrada. Simplemente bajas los brazos, te dejas llevar, te rindes y además sueles quejarte. Como decía Balzac: La resignación es un suicido cotidiano, es morir un poquito cada día, en vida. Y como, a menudo, pregunto en mis conferencias y cursos: “¿Quién quiere morirse un poquito todos los días?”

Yo desde luego no ¡y estoy casi seguro que tú tampoco! Por eso te pido que no te resignes, que trabajes cada día por conseguir tus objetivos, por alcanzar tus metas, pero sin perder el tiempo, sin dedicar ni un minuto de esfuerzo en intentar cambiar situaciones que están fuera de tu área de responsabilidad. Acepta que hay cosas que no dependen de ti, pero sé consciente de que puedes cambiar tu actitud ante ellas y encontrar nuevos caminos… Y por favor te pido que: ¡Nunca dejes de buscarlos!

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