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No trates de ser perfecto, trata de ser feliz

woman-591576_1920Esta semana quiero hablaros de la belleza de la imperfección o de cómo ser felices siendo perfectamente imperfectos. Porque de eso se trata la vida, de ser feliz, aunque a veces se nos olvide. En los últimos días he leído varios artículos en medios de comunicación que han llamado mi atención: Adolescentes que ponen en riesgo su vida por alcanzar las medidas ‘ideales’. Niños de 8 o 9 años con estrés por los resultados escolares. Un incremento alarmante del consumo de ansiolíticos y antidepresivos entre los adultos… ¿Qué nos pasa? ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿Qué queremos conseguir? ¿Nos hemos olvidado de ser felices, de disfrutar en nuestra lucha por alcanzar una perfección que sólo existe en nuestra cabeza?

Porque me gustaría preguntaros:

¿Qué es para ti una vida perfecta?

¿Qué es para ti ser perfecto?

En ocasiones, tratando de ser perfectos o de intentar que lo sean los que nos rodean nos olvidamos de muchas cosas y nos perdemos muchas otras. Queremos hijos perfectos, con un brillante expediente académico. Les exigimos la perfección. ¿Un notable? No nos vale. Además, pretendemos que sea el mejor deportista y que hable dos idiomas como un diplomático. ¡Queremos más! Parejas perfectas, jefes perfectos, compañeros perfectos, amigos perfectos… Si te sientes identificado, ¿me podrías responder a esta pregunta?:

-¿Qué prefieres, tratar con personas perfectas o con personas felices?

A veces hay que rebajar las expectativas que nos hemos formado porque son irreales. La perfección no existe. Y basar nuestra vida y las de los demás sobre esta falacia es generar únicamente insatisfacción para nosotros mismos y para las personas que viven con nosotros. Y no, no estoy diciendo que no haya que inculcar el esfuerzo, la fuerza de voluntad, el trabajo, el progreso en nuestros hijos…pero sin olvidarnos de que también es nuestro deber enseñarles a disfrutar de los amigos, de las enseñanzas que nos regala la vida día a día, del tiempo libre. Hemos de enseñarles a aprender de sus errores, a sobreponerse a ellos y tolerar la frustración, a levantarse y a seguir. No podemos primar la perfección de una vida soñada sobre la felicidad.

Y si digo todo esto es porque si les enseñamos a fluir, a disfrutar de cada momento, de cada cosa, dando lo mejor de sí mismos cada instante, cuando nuestros hijos maduren serán adultos que sepan salir fortalecidos de sus fracasos (porque los tendrán) y no estarán todo el día quejándose, lamentándose por no ser como…, adultos que valorarán lo que han alcanzado y que trabajarán por alcanzar sus metas pero sin obsesiones, sin descuidar lo realmente importante: LA VIDA.

Así formando personas mejores, más felices y reconociendo la imperfección habremos conseguido hacer un mundo mejor. Porque madurar es aprender a ser feliz, aunque sepamos que no todo es perfecto ¿no os parece?

Esta semana, me gustaría terminar el post con una historia sobre la perfección que he encontrado en Internet, la de ‘El Rey de Casi-Todo’:

El Rey de Casi-Todo tenía casi todo. Tenía tierras, ejércitos y tenía mucho oro. Pero el Rey no estaba satisfecho con el casi todo. El quería todo.

Quería todas las tierras. Quería todos los ejércitos del mundo. Y quería todo el oro que hubiese todavía.

Entonces, mandó a sus soldados para que se lo trajeran todo. Y así, fueron conquistadas más tierras. Otros ejércitos fueron dominados. En sus cofres ya no cabía tanto oro…

Pero el Rey todavía no tenía todo. Seguía siendo el Rey de Casi-Todo. Por eso quiso más.

Quiso las flores, los frutos y los pájaros. Quiso las estrellas y quiso el sol. Flores, frutos y pájaros le fueron traídos. Se apresaron las estrellas y el sol perdió su libertad.

Pero el Rey todavía no tenía todo.

Porque teniendo las flores, no podía quitarles la belleza y el perfume. Teniendo los frutos, no podía quitarles el sabor. Teniendo los pájaros, no podía quitarles el canto. Teniendo las estrellas, no podía quitarles el brillo. Y teniendo el sol, no podía quitarle la luz.

El Rey era aún el Rey de Casi-Todo.

Y se puso triste. En su tristeza, salió a caminar por sus reinos. Pero sus reinos eran ahora muy feos. Las flores y los frutos habían sido recogidos. La noche no tenía estrellas y el día no tenía sol. Y tristes, como él, estaban sus súbditos.

Entonces el Rey de Casi-Todo no quiso nada más.

Mandó que devolviesen las flores a los campos y que entregasen las tierras conquistadas. Mandó que plantasen árboles que dieran frutos y que soltaran los pájaros. Mandó que distribuyesen las estrellas por el cielo y que liberaran al sol.

Y el Rey se volvió feliz. En su inmensa alegría, sintió la paz. Y sintiendo la paz, el Rey vió que no era más el Rey de Casi-Todo.

Él ahora tenía todo.

Esta entrada tiene 5 Comentarios

  1. Carina says:

    No dejó de sorprenderme. …gracias Luis Galindo y gracias a la vida por haberte conocido por este medio tus palabras son el día a día en mi vida

  2. Manuel Medina says:

    Gracias Luis por compartir tantas Reflexiones, por todas las transformaciones positivas que logras, por creer en el potencial humano, por dar Vida a la Vida.
    Saludos desde la Península de Yucatan

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