¿Has aprendido a darte? En el post de esta semana te lanzo esta pregunta. Porque quiero hablar de generosidad, de ofrecer tiempo a los demás, de prestar ayuda, de dar nuestro apoyo ¡con lo que tengamos! Sin pensar en lo que nos cuesta o en nosotros. Sólo pensando en el bien que logramos en la otra parte. Y, para comenzar, como siempre, he elegido un relato muy cortito acerca de esta generosidad personal que podemos practicar cada uno de nosotros.

“Cuentan que un hombre muy pobre preguntó una vez al Buda: 

-“¿Por qué soy tan pobre?” 

El Buda dijo sin dudar ni un segundo:

-“Eres así de pobre porque no aprendiste a dar.”

Así que el pobre hombre se lamentó: 

-“¡Pero, si yo no tengo nada que dar!” 

A lo que Buda respondió:

-“Te equivocas. Posees muchas cosas: la cara, que puede dar una sonrisa; la boca, que puede enaltecer o consolar a otros; el corazón, que puede abrirse a los demás; los ojos, que pueden mirar al otro con los ojos de la compasión; el cuerpo, que puede ser utilizado para ayudar a los demás. ¿Te parece poco?”

¿Qué os parece? ¿No os ha pasado que cuando tenemos que pensar en un regalo para nuestros padres o para algún ser querido no se nos ocurre nada? Damos vueltas y más vueltas buscando ese ‘algo’ que les pueda hacer sentirse especiales, ese detalle que les sacará una sonrisa ¡y no lo encontramos! ¿Sabéis cuál es el mejor regalo? ¿El que más agradecen nuestros mayores? ¡El tiempo que pasamos con ellos! Ese tiempo de calidad que les dedicamos ¡tan pocas veces! Y también los niños… quieren que les dediquemos tiempo a jugar con ellos, a leerles un cuento: los padres ¡somos el mejor regalo! Y de adolescentes ¡quieren que los escuchemos, que les comprendamos… quieren esa mirada cómplice que les haga ver que estás ahí! ¿Y qué quiere ese amigo, esa amiga que te llama para ver cómo te encuentras y te sugiere que toméis un café juntos? ¡Un tiempo de escucha, una sonrisa, un poco de atención! O solamente el placer de estar contigo.

¿Sabéis una cosa? Todos, absolutamente todos, tenemos muchas cosas que ofrecer a los que nos rodean. No importa lo que ganemos al mes, ni el regalo que seamos capaces de encontrar. No es un tema material sino mucho más profundo… todos -como el hombre pobre del relato- tenemos unos ojos para mirar con amor, con complicidad o con comprensión; una boca con la que consolar o besar; unos oídos con los que escuchar pacientemente; unos brazos con los que abrazar o unas manos con las que estrechar esas otras…

Sin embargo, en ocasiones, no nos damos cuenta de todo ese poder que tenemos. El día a día nos sumerge en una dinámica de trabajo, de citas, de buscar siempre más y más ¡y nos olvidamos de todo lo que poseemos!

Por eso, en este post quiero invitarte a darte, a ofrecer con generosidad todos esos dones que la vida te ha dado. Cuando te vayas a la cama esta noche, me gustaría que te hicieras esta pregunta: ¿Hoy con mi presencia he conseguido hacer un poco más feliz a alguien? Porque, casi todos los días, tenemos la oportunidad de hacerlo tan sólo ofreciendo eso que tenemos. Hacer esa llamada a ese ser querido al que vemos tan poco, preguntar al amigo de la infancia cómo le va la vida o al vecino si necesita ayuda, al compañero de trabajo que pasa por una situación difícil y necesita ser escuchado… ¿os dais cuenta? Siempre hay alguien al que darse…

Y quiero contarte algo más. Cuando consigas darte a los demás con lo que tienes, cuando practiques la generosidad personal… tú serás el que obtenga la mayor recompensa ¡está comprobado! Hay estudios científicos que demuestran que las personas que practican el voluntariado (la máxima expresión de darse) generan más endorfinas (hormonas de la felicidad). ¡Qué gozada! ¿No os parece?

Pero es que no hacen falta estudios. Porque todos hemos sentido esa sensación de bienestar, de paz que nos embarga cuando hemos podido ayudar a alguien de manera desinteresada ¡sólo porque nos necesitaba! Decidme, ¿cómo os sentís cuando recibís la sonrisa de vuestro hijo después de contarle un cuento? ¿O cuándo vais a visitar a vuestros padres -ya mayores- y charláis un rato con ellos…? ¿Cuándo colgáis el teléfono tras consolar a ese amigo que pasa por una complicada situación personal? ¿O ese compañero de trabajo al que ayudas ante un reto que le tiene bloqueado? ¡Esa es la sensación de la que os hablo! Esa mezcla de satisfacción y de ser una persona un poco más completa.

Si conseguimos incorporar la generosidad a nuestro día a día, enriqueceremos nuestra vida. Por eso, en este post, te invito a darte a los demás, a practicar la generosidad, a pensar más hacia fuera. En realidad, os estoy invitando a ser un poco más felices, y ¿quién puede negarse a esto?

Y tú, ¿te animas a darte? ¿Te animas a practicar la generosidad? ¿Te animas a ser un poco más feliz?