Esta semana en la que estrenamos año ¿qué os parece que hablemos de la atención consciente? ¡Sí! de la atención que prestamos a nuestro día a día y a las personas que están en él. A los amigos, a los seres queridos, a los compañeros, en definitiva, a todos aquéllos que forman parte de nuestra rutina diaria.

Porque, precisamente, hemos pasado y estamos pasando unas fechas en las que compartimos más tiempo con nuestra familia, con familiares que, a veces, hace tiempo que no vemos. Y debemos estar preparados para estar atentos porque ¡ese será sin duda nuestro mejor regalo de Reyes!

Y para hablar de la atención consciente, de vivir en el momento presente, os he traído una historia de Anthony Mello ‘El ahora’:

– “¿Dónde debo buscar la iluminación?”

– “Aquí”

– “¿Y cuándo tendrá lugar?”

– “Está teniendo lugar ahora mismo”

– “Entonces, ¿por qué no la siento?”

– “Porque no miras”

– “¿Y en qué debo fijarme?”

– “En nada. Simplemente mira”

– “Mirar… ¿qué?”

– “Cualquier cosa en la que se posen tus ojos”

– “¿Y debo mirar de alguna manera especial?”

– “No. Bastará con que mires normalmente”

– “Pero ¿es que no miro siempre normalmente?”

– “No”

– “¿Por qué demonios…?”

– “Porque para mirar tienes que estar aquí, y casi siempre no lo estás”

¿Y vosotros? ¿Os habéis detenido a pensar cómo miráis la vida? A veces, es necesario, pararse y pensar un poco para aprender a mirar, para ser conscientes de todas y cada una de las cosas que están a nuestro alrededor y que miramos casi a diario, pero que no vemos realmente. Y lo mismo ocurre con las personas. Allí está ese compañero de trabajo. Cada día. Ni siquiera sabemos cuál es su situación familiar, si lleva una vida feliz o si pasa por un momento de angustia. Y coincidimos por la mañana a nuestros hijos… ¡sí! están con nosotros compartiendo el desayuno, pero sabemos tan poco de su día a día en el colegio, en el instituto, en la Universidad o en su trabajo…

¿Y nuestra pareja? Está a nuestro lado, ¡sí! pero ¿cuándo fue la última vez que le preguntaste si es feliz, si está satisfecha con la vida que estáis viviendo?

Y si eso nos pasa con los seres más cercanos, los que vemos a diario… ¿sabemos cómo llevan nuestros padres su vejez? ¿Cómo están -pero de verdad- nuestros hermanos y hermanas? ¿Cómo lleva la enfermedad ese vecino o esa nueva etapa nuestro compañero de trabajo?

En ocasiones, el estrés diario, las obligaciones, el cansancio… nos empujan a avanzar sin detenernos a mirar con atención plena a nuestro alrededor. Y así, un día tras otro, pasamos por la vida como lo hace un hámster en su rueda. Tan centrados en el mañana o en lo que pudimos hacer mejor ayer, que no percibimos esos detalles que la hacen maravillosa.  Sin compartir ¡de verdad! momentos con esas personas que hacen que la vida -nuestra vida- valga la pena.

Decía Marco Aurelio que “la perfección del carácter es vivir cada día como si fuera el último, sin prisa, sin apatía, sin pretensión” ¡Pues bien! Os propongo que empecéis a vivir vuestras relaciones en la vida según los consejos de Marco Aurelio ¿Os animáis?

No se trata de ponernos trágicos sino de ser realistas y ¡os aseguro que nunca más vamos a volver a vivir este momento! ¿No es así? ¡Pues empecemos por vivir al máximo el tiempo con nuestros seres queridos! Escuchemos a nuestros padres, estemos atentos a la actitud de nuestras familias, en definitiva, observemos las necesidades de los que nos rodean.

Y cuando pasen las fiestas, vivamos al 100% atentos ese desayuno con nuestros hijos, ese trabajo con nuestro compañero, esa relación con nuestra pareja… ¡Seguro que así estamos exprimiendo al máximo la vida! Y les estamos haciendo el regalo más maravilloso que se puede hacer: nuestra atención plena. ¿Os animáis a observar la vida con toda la atención que se merece?

Desde aquí lanzo este deseo de Año Nuevo:

¡Ojalá aprendamos a ser conscientes del regalo que cada día es nuestra vida y aprovechemos al máximo y de manera plena cada momento con los que nos rodean!