¿Qué bien haré hoy?

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Muchos de vosotros habréis leído o escuchado que Benjamin Franklin se levantaba cada mañana y se preguntaba: ¿Qué bien haré hoy? Al acostarse, antes de dormir, realizaba un repaso del día que finalizaba con la pregunta: ¿Qué bien he hecho hoy? Me parece una fantástica costumbre. Por eso en el post de esta semana quiero recordaros lo que puede enriquecer nuestra vida estar atento a las necesidades de los demás, ayudarles, prestarles un poco de nuestro tiempo, en definitiva, vivir con espíritu de servicio.

Todos conocéis la sensación de bienestar que proporciona, por ejemplo, saber que has acertado con ese regalo que te has preocupado en buscar para esa persona que tanto te importa. Seguro que también muchos habéis experimentado ese punto de alegría al saber que habéis podido prestar ayuda a alguien que la necesitaba en ese momento: acompañar al médico a un vecino, recogerle un paquete, llevar al trabajo a ese compañero que se ha quedado sin coche… ¿a qué sí?

Esa felicidad, esa alegría que sentimos al realizar un acto generoso no es comparable con nada. Y no es sólo una percepción nuestra. Existen estudios científicos que avalan esta teoría de que las personas somos más felices cuando damos rienda suelta a nuestra generosidad, a nuestra actitud de servicio. En mi libro “Reilusionarse” cito alguno de ellos. Como el de la profesora de la Universidad de California, Sonja Lyubomirsky, que realizó importantes investigaciones sobre generosidad. Después de muchos estudios llegó a la conclusión de que las personas que realizan un acto generoso a la semana ¡sólo uno! experimentan un aumento significativo de su percepción de felicidad. ¡Qué gozada! ¿no?

Diversas investigaciones realizadas por expertos del área de Neurociencia Cognitiva del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos han establecidos nexos entre la oxitocina y la conducta generosa.

Además, de las encuestas realizadas a los numerosos voluntarios que prestan servicios en las organizaciones de nuestro país se desprende que entre ellos existe una percepción generalizada de que reciben más de lo que dan. Las personas que realizan algún acto de voluntariado padecen menos depresiones y son más felices…

¿A qué esperamos entonces?

Esta semana, os quiero proponer una doble tarea:

-Recordad la última vez que ayudasteis a alguien y cómo os sentisteis.

-Durante una semana, al menos, al levantaros y al acostaros haceros la misma pregunta que se hacía Benjamin Franklin.

Cuando la pregunta tenga respuesta… si os apetece ¡contadme cómo os habéis sentido!

Y tu:

¿Qué bien vas a hacer hoy?

¿Qué bien has hecho hoy?