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¡Quédate con lo bueno de la vida! ¿Se puede?

Durante las últimas semanas no dejo de conocer personas que han elegido quedarse con lo bueno que les ofrece la vida. Personas que han hecho de su trabajo (en ocasiones muy duro) un buen lugar en el que realizarse, formarse y ayudar a otros a ser mejores, personas que son capaces de emocionarse por un pequeño gesto de cariño ¡y todavía mejor! que no dudan en compartir esa emoción, personas ¡en definitiva! que mantienen un diálogo interior motivador, positivo, que han elegido quedarse con lo bueno y que se lo repiten cada día mentalmente.

lo bueno de la vida

Os aseguro que no son superhéroes. Son personas de carne y hueso, como tú (que estás leyendo este post) y yo. Por eso, esta semana os quiero invitar a quedaros con lo bueno de la vida… ¡os aseguro que se puede hacer! Lo veo a diario. Y las personas que ya han tomado esta decisión y la practican ¡son mucho más felices!

Seguro que todos os preguntaréis ¿Cómo se hace? ¿Cómo se logra romper con ese diálogo interior en el que nos juzgamos tan duramente, en el que nos hacemos reproches? ¿Cómo se pone fin a las lamentaciones?

Veréis las personas que eligen quedarse con lo bueno que les ofrece la vida también se encuentran con obstáculos ¡por supuesto!, con dificultades inesperadas, con piedras en el camino, pero deciden ¡actuar! Sí, de eso se trata, de no gastar ni un segundo en lamentaciones, de no desperdiciar el tiempo pensando en que las cosas podrían haber salido de otra manera…de detener ese diálogo interior que, en ocasiones, surge de manera espontánea. Se trata de preguntarse: ¿qué puedo hacer yo para cambiar esta situación que no me gusta? ¿Está en mis manos eliminar esa dificultad? ¿Puedo hacer algo por quitar la piedra del camino?

Si está en nuestras manos solucionarlo… ¡vamos a ello!, pero no perdamos el tiempo en lamentarnos.

Si no lo sabemos… ¡analicemos lo que sucede y busquemos la manera de salir de esa situación! O por lo menos de minimizarla para que no nos paralice y, sobre todo, no nos obcequemos en contemplar la piedra.

Si no está en nuestras manos… ¡busquemos un desvío en el camino! Puede que tardemos un poco más en conseguir lo que buscamos, pero seguro que por el nuevo camino aprendemos, disfrutamos y conocemos a personas muy interesantes.

En definitiva, ¡busquemos y elijamos el lado bueno de la vida! Es lo que nos impulsará a continuar en el camino a pesar de los contratiempos. Como todas esas personas que ya lo han hecho y que son felices con su trabajo, con sus amigos, con su pareja, con su familia…incluso con las dificultades que les pone la vida. ¡Porque son capaces de buscar fórmulas para superarlas!

Para finalizar hoy quiero compartir con vosotros una historia muy corta, la de Tanzan y Ekido:

“Tanzan y Ekido iban un día por un camino embarrado. Caía una fuerte lluvia. Al llegar a un recodo, se encontraron a una joven encantadora con kimono y faja de seda, que no podía atravesar el cruce en el que se encontraba.

-¡Vamos, muchacha!, dijo Tanzan enseguida, y alzándola en brazos la pasó.

Ekido no volvió a hablar hasta la noche, cuando llegaron a alojarse en un templo. Entonces no pudo contenerse más y espetó enfadado.

– Nosotros los monjes, no debemos acercarnos a las mujeres, le dijo a Tanzan, especialmente a las jóvenes y bonitas. Es peligroso. ¿Por qué hizo usted eso?

-Yo dejé a la chica allá atrás, dijo Tanzan, ¿usted todavía la está cargando?”

¿Qué os parece esta historia?

Con ella os quiero indicar el principio de nuestra nueva actitud de ver el lado bueno de las cosas. Lo primero es que distingamos entre los problemas reales y los que nuestra mente fabrica. Tenemos que comenzar a cambiar ese diálogo interior con nosotros mismos y sólo de esa manera dejaremos de arrastrar problemas imaginarios y podremos hacer frente a las dificultades reales del día a día con total lucidez y predisposición.

 ¿Os animáis a dar ese primer paso? ¿Os animáis a cambiar vuestro diálogo interior? ¿Os animáis a ver el lado bueno de las cosas sin perder más tiempo en lamentarse? ¿Os animáis a cambiar el ‘¿Y si?? por el ‘¿Por qué no…?’ ¡Os aseguro que se puede!

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