¿Controlas tu mente? o, por el contrario, ¿tu mente te controla a ti? Esta semana quiero que reflexionemos acerca de la necesidad de controlar nuestros pensamientos, de ser capaces de racionalizar y de tomar distancia con determinadas situaciones que, en ocasiones, nos superan y nos agobian.

Y, como siempre, he recuperado un cuento que nos puede ayudar a pensar un poco más en la pregunta con la que he comenzado este post: ¿Controlas tu mente o es tu mente la que te controla a ti?

“Érase una vez un estudiante zen que se lamentaba de que no podía meditar, ya que sus pensamientos ocupaban toda su mente y se lo impedían. Éste le dijo a su maestro que sus pensamientos y las imágenes que generaba no le dejaban meditar, y que aunque a veces desaparecían por unos instantes, al poco tiempo volvían con mayor fuerza, no dejándole en paz.

El maestro escuchó pacientemente y en silencio el lamento de su discípulo y le dijo que acabar con esta situación sólo dependía de sí mismo, y que dejara de darle vueltas.

Pero el estudiante no le hizo caso y continuó en la misma línea, diciendo que los pensamientos le confundían y no le dejaban meditar en paz, y que, cada vez, que procuraba concentrarse le aparecían pensamientos y reflexiones de manera continuada, a menudo poco útiles e irrelevantes.

Antel la insistencia del discípulo, el maestro le propuso que cogiera una cuchara y la sostuviera en la mano, mientras se sentaba e intentaba meditar. El alumno obedeció, hasta que de pronto el maestro le indicó que dejara la cuchara. El alumno lo hizo, dejándola caer al suelo. Miró a su maestro, confuso, y este le preguntó:

  • ¿Quién estaba cogiendo la cuchara? ¿Eras tú quién la sostenía o, por el contrario, es la cuchara la que te sujetaba a ti?

De esta forma, el discípulo se dio cuenta de que todo el poder sobre sus pensamientos estaba en él y que sólo él era el responsable de controlarlos y de no dejarles ocupar su mente en momentos de meditación”.

A todos nos ha pasado algo parecido a lo que le ocurrió al joven discípulo zen, ¿verdad? Nos empeñamos en desconectar y, sin embargo, lo único que nos viene a la cabeza son los pensamientos en torno a los problemas del día a día, la agenda de mañana o el dolor de cabeza que llevamos arrastrando todo el día. ¡Y no podemos gozar de un momento de paz mental!

En otras ocasiones, ante una situación complicada para nosotros -desde hablar en público hasta volar en avión o realizar un examen importante- nos invaden los pensamientos negativos. ¡No voy a poder!, ¡Me va a dar miedo!, ¡Me va a salir mal!… Me gustaría que echarais por un momento la vista atrás:

  • ¿Os habéis castigado en alguna ocasión con un pensamiento negativo sobre algo que ibais a hacer? (Una exposición en público, un examen, un viaje,…)
  • ¿Cuántas veces se ha cumplido vuestro pronóstico negativo?

Muchas veces, la mayoría, nos preocupamos por cosas que nunca llegan a suceder… esa visita al médico que tanto miedo nos da, esa cita con el responsable de un proyecto en la que creemos que nos van a censurar algún trabajo que pensamos que está mal hecho, esos nervios que no nos dejaron dormir antes de un examen…

Veréis, si dejamos que nuestra mente se llene de pensamientos negativos y abandonamos el control provocamos que la falta de sueño, por ejemplo, nos dificulte realizar ese examen o que temblemos cuando nos vayamos a situar frente a un auditorio para hablar en público.

Por eso, es importante que tomemos el control de nuestra mente. ¿Y cómo hacerlo? Practicando, practicando y practicando.

Lo primero que hemos de hacer es tomar consciencia. Ser consciente de cuándo nuestra mente está actuando por su cuenta, cuándo no somos nosotros los que estamos controlando a nuestra mente. ¡Y pararla! No es fácil ¿verdad? En mi opinión, es importante que -una vez detectemos esos pensamientos negativos que amenazan nuestra tranquilidad- nos preguntemos acerca de la base que tienen, de la realidad que transmiten. Si nuestra mente, por ejemplo, se empeña en pensar que el examen nos va a salir mal… parémonos y pensemos:

  • ¿Me he preparado bien el examen? Si la respuesta es ¡sí!, si has estudiado con tiempo, lo has repasado todo y tienes claros todos los conceptos, ¡duerme tranquilo! Nada tiene porqué salir mal. Dile a tu mente que estás preparado para hacer un buen examen…
  • Si se trata de realizar una presentación en público, las preguntas pueden ser: ¿Voy a hablar de algo que domino en mi conferencia? ¿Tengo bien preparado el guión? ¿Las personas que acudan al evento están interesadas en lo que les tengo que decir?… Entonces, ¿por qué voy a temblar? Respira y dile a tu mente que lo tienes todo bajo control, que vas a hablar de eso que tanto te gusta y dominas, y que vas a ayudar a otras personas a saber un poco más sobre ese tema. ¡Sal y cómete el mundo!…

Aprender a controlar los pensamientos negativos que a todos nos intentan dominar en alguna ocasión es cuestión de tiempo y de práctica. Pero, si en alguna ocasión, nos vemos desbordados por ellos, recordemos esa imagen del joven estudiante de zen con la cuchara… ¡y no dejemos que nos atrape, soltémosla, porque somos nosotros quienes la estamos sujetando!

Y tú, ¿controlas tu mente o tu mente te controla a ti?