jardínEn el post de esta semana quiero lanzaros un reto. ¿Os atrevéis a mejorar el mundo? ¡Sí! Os lo digo en serio. Porque todos podemos arreglarlo. ¡Todos! Y muchos os preguntaréis, ¿qué puedo hacer yo por mejorar el mundo? ¡Pues empezar por vosotros mismos, empezar a cuidar a vuestros semejantes, a vuestra familia,…trabajar con entusiasmo, estudiar con pasión, cocinar con cariño!, en definitiva: ¡Arreglar y cuidar vuestro jardín! Porque es la suma de esos jardines lo que hará mejor el mundo en el que vivimos.

Como sé que, en muchas ocasiones, los cuentos sirven para despertar a los adultos os voy a contar una historia que escuché hace algún tiempo y que, creo, servirá para despertarnos y ponernos manos a la obra en este reto que hoy os lanzo.

 

“Se trata de la historia de un laborioso científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo y enfocaba todo su trabajo e investigaciones en encontrar los medios para aminorarlos. El atareado científico pasaba sus días en su laboratorio en busca de respuesta para sus dudas.

Uno de esos días, su hijo de siete años irrumpió en su laboratorio con la firme decisión de ayudarle en tan magna tarea. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado. Pero el pequeño se resistía. El padre, viendo que era imposible sacarlo de allí, pensó en algo que pudiera entretenerlo. De repente, se encontró con una revista, en la que había un mapa con el mundo, justo lo que necesitaba. Con unas tijeras, recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta, se lo entregó a su hijo diciendo: -Como sé que te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie.

El científico calculó que al pequeño le llevaría al menos unos díez días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente: -Papá, papá, conseguí terminarlo.

Al principio el padre se mostró dudoso. Pensó que sería imposible que, a su edad, hubiera conseguido componer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones, con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares.

¿Cómo era posible? ¿Cómo había sido capaz?

–Hijo mío, si no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste?

–Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que en el otro lado estaba la figura del hombre. Así, que le di la vuelta a los recortes, y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo era, explicó el pequeño. Y añadió, cuando conseguí arreglar al hombre, di la vuelta a la hoja y vi que había arreglado el mapa del mundo”.

A veces, nos ofuscamos con los grandes problemas, con las grandes preocupaciones y nos cerramos en banda porque pensamos que no podemos hacer nada para resolverlas. Y no nos damos cuenta de que la solución no está en esa gran hazaña sino en la suma de las pequeñas acciones que pueden contribuir sobremanera a solventar o paliar esos grandes problemas.

Después de leer esta historia, os repito la pregunta con la que iniciaba el post…

¿Os atrevéis a mejorar el mundo?

Y os lanzo una nueva pregunta para que reflexionéis:

¿Qué hacéis cada día para cuidar vuestro jardín?