Esta semana vamos a hablar de la ilusión en el trabajo, de la importancia de la actitud con la que afrontamos nuestro trabajo y de lo importante que es para el resultado, pero, sobre todo, para nosotros mismos, ser capaces de adoptar una actitud constructiva y ganadora. Y voy a comenzar este post con una historia que me pareció preciosa cuando la encontré:

“Cuentan que un caballero que se dirigía a Santiago de Compostela se detuvo a descansar en Miranda de Ebro. Mientras reposaba, miraba a tres canteros que realizaban exactamente el mismo trabajo, pero con una actitud muy diferente.

Intrigado, le preguntó al primero:

– Perdone, ¿qué es lo que está haciendo?

El hombre le contestó de mala manera:

– ¿No lo ve? Estoy picando piedras.

Entonces, el caballero se acercó al segundo cantero, que trabajaba muy concentrado en su labor y le hizo la misma pregunta.

El cantero se volvió hacia él y con mucha parsimonia le empezó a relatar:

– Está clarísimo. Pulo las piedras con el cincel y el buril para que puedan ser trabajadas más fácilmente.

Por último, el caballero se dirigió hacia el tercer hombre que silbaba y cantaba mientras picaba las piedras.

Al oír la pregunta, el cantero miró al forastero con una amplia sonrisa y le respondió entusiasmado:

– ¡Estoy construyendo la catedral de Burgos que dará Paz a los hombres y Gloria a Dios!”

Y tú, ¿con cuál de los tres hombres te identificas? A todos nos gustaría tener siempre la actitud del tercer cantero, ¿verdad? ¡Cómo no! Ser capaces de afrontar nuestro trabajo con la ilusión del que está haciendo algo grande, ¡pues es posible! Os lo aseguro. Y no, no es necesario que tengamos un cargo importante o una profesión de alta cualificación… ¡todos! ¡absolutamente todos! hacemos algo importante para alguien cada día con nuestro trabajo. Desde el limpiador o la limpiadora que llega antes que el resto a la oficina, o se va el último, con el objetivo de que las personas que trabajan allí encuentren perfectos sus escritorios y todas las instalaciones, hasta el conductor del autobús del colegio que lleva con una sonrisa a los niños y que consuela a esa pequeña a la que le cuesta separarse de su madre o el médico que ayuda a ese enfermo a sobrellevar mejor su enfermedad o la cirujana que tranquiliza al paciente antes de entrar a quirófano. ¡Todos!, repito, ¡todos somos importantes para el día a día de alguna persona!

Y, por eso, debemos ser capaces de adoptar la actitud de ese cantero que con su cincel era consciente de que un día su trabajo serviría para construir la catedral de Burgos… Porque cuando tomamos consciencia de la importancia de nuestro trabajo, somos más capaces, tenemos más ilusión y, las cosas con ilusión tienen un significado muy especial y además ¡siempre salen mejor!

Como siempre, os preguntaréis cómo hacerlo, cómo lograr tener ilusión por cada cosa que hagamos, cómo conseguir no caer en la rutina y el tedio del día a día… ¡Pues bien! Os voy a lanzar un primer reto:

-Muchas veces realizamos cada día las mismas tareas (porque son parte de nuestro trabajo), pero ¿y si probamos a hacerlas de manera diferente? Aquí me viene muy bien traer de nuevo a la memoria a ese empleado de la limpieza en Madrid que cantaba la canción de Bob Esponja ante un colegio de Infantil, ¿os acordáis? ¡Qué manera más bonita de romper con la rutina! ¡Qué ejemplo de ilusión!

¿Os atrevéis a modificar vuestra pauta diaria para afrontar con ilusión el día a día? ¿A buscar la trascendencia que tiene vuestro trabajo para otros y para vosotros mismos? Sería un primer paso para recuperar la ilusión. Pero, si creéis que no podéis ilusionaros con vuestro trabajo, os propongo otro reto:

¿Por qué no buscáis ese proyecto que os ilusiona?

– ¡Y no! No estoy hablando de que dejéis vuestro trabajo sin más. Ya sé que eso es inalcanzable para la mayoría, pero sí que podéis sacar un poco de tiempo al día para ir diseñando ese proyecto, esa meta, ese objetivo que os haría sentiros plenos… Os animo a comenzar a diseñar ese proyecto ilusionante, esa experiencia que os apetece vivir, ¡y os invito a vivirla! Porque según vayáis diseñando y alcanzando metas os sentiréis ilusionados y esperanzados. Y además estaréis imprimiendo un nuevo rumbo a vuestras vidas a base de ilusión.

Mirad -como siempre os recuerdo en mis cursos y conferencias- la ilusión es el motor que hace que vivir valga la pena, mantener esa ilusión nos hace mantenernos con el espíritu joven, ilusionarnos con nuestro trabajo hace que no seamos conscientes de estar haciendo algo que nos cuesta, que dejemos de concebir ese trabajo como obligación y empecemos a concebirlo como una posibilidad de participar en algo importante (para nosotros y para el resto de la sociedad). Como ese cantero que contribuyó en la construcción de la catedral de Burgos, ¿no es maravilloso sentirse partícipe de un gran proyecto?

Y tú, ¿te sientes partícipe con tu trabajo de un gran proyecto? ¿Eres consciente de que estás colaborando en hacer una sociedad mejor? ¿Vives tu profesión como un desafío apasionante? ¿Pones toda tu pasión y toda tu ilusión en lo que haces cada día? Si la respuesta es ¡sí!, ¡enhorabuena! Pero, si crees que te falta ilusión te invito a cumplir con los dos retos que te he lanzado en este post, ¿te atreves a cambiar tu forma de hacer las cosas? ¿Te animas a perseguir tus sueños?