Ruido o música. Esta semana quiero reflexionar acerca de nuestro ruido interno. ¿Sabes cómo suena tu vida? ¿Sabes si a tu paso dejas ruido, música o si en tu interior hay una preciosa melodía que descubrir?

Como cada semana, para ayudarnos a reflexionar he recuperado una historia que leí hace tiempo y que me ha sugerido este post. Se trata de la fábula llamada ‘La carreta vacía’ 

“Un día, un pequeño, iba de paseo por el campo con su padre.
De pronto, el padre se detuvo en medio de una curva y después de un pequeño silencio preguntó al pequeño:
-Además del cantar de los pájaros, ¿Oyes algo más?
El niño agudizó sus oídos y después de unos segundos respondió a su padre:
-Sólo escucho el ruido de una carreta.
-Eso es, dijo, ¡es una carreta vacía!
Entonces, el hijo, preguntó con curiosidad:
-¿Cómo sabes que es una carreta vacía, si no la vemos?
-Es muy fácil, sé que está vacía por el ruido. Cuanto más vacía está la carreta, más ruido hace.
Años más tarde, el pequeño creció. Y, desde entonces, cada vez que escucha a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de los demás, presumiendo de lo que tiene o de lo que sabe, prepotente y menospreciando al resto de las personas que lo rodean, vuelve a escuchar la voz de su padre diciendo:
-Cuanto más vacía está la carreta, más ruido hace.
Porque la verdadera riqueza consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás descubrirlas. Existen personas tan pobres, que lo único que tienen es dinero y soberbia”.

En esta historia se habla de humildad, de talento, de la riqueza de la generosidad, pero también se habla de egoísmo, de orgullo mal entendido y de pobreza personal.

Pero, a veces, en la vida, en el día a día, no es tan fácil distinguir entre música y ruido. En ocasiones, creemos que cuanto más ruido hagamos más demostraremos a los demás lo que valemos, lo que sabemos, lo que tenemos… Nos encontramos con personas que intentan monopolizar conversaciones, que afirman o están especialmente preocupados por demostrar que son los mejores y se vanaglorian de ello en cualquier foro. Más aún en la época en la que nos encontramos, en la que las Redes Sociales nos ayudan a estar conectados con personas con las que sería casi imposible contactar, pero que, a la vez, pueden ser un altavoz más para esas personas que solo son como carretas vacías: se dedican a pasear y hacer ruido, pero en su interior están vacías.

¿Os habéis parado a pensar de lo maravillosa que es esa persona que te escucha sin juzgarte, que sólo te da su opinión si se la pides, esa persona que -con sólo una mirada- es capaz de entenderte o reconfortarte?

¿Sabéis por qué es tan maravillosa?

Porque no necesita decirte a voz en grito que es tu amiga, que está ahí para lo que necesites, que entiende por lo que estás pasando o que tiene experiencia suficiente para ayudarte o guiarte. Esa persona no hace ruido, pero cuando la conoces escuchas la más dulce de las melodías: la que emiten las personas que tienen una verdadera riqueza interior.

Seguro que alguna vez te has encontrado en medio de una conversación en la que uno de los participantes está más callado que el resto, observa y atiende. Y que, cuando emite su opinión, siempre aporta riqueza  un interesante y generoso debate a la conversación, ¿verdad?

¿A qué te encantaría ser una de esas personas con tanta riqueza interior? Ser como la carreta que apenas hace ruido porque está funcionando para lo que fue creada: para transportar enseres o personas. Que siempre está ahí cuando se la necesita. Que hace su trabajo en silencio, que cumple con su misión en la vida…

A continuación, voy a enumerar algunas características de las personas que me he encontrado en la vida con música en su interior:

  • Esas personas no exhiben sus conocimientos en cualquier conversación, no les hace falta. Sus acciones, su manera de actuar deja ver que son personas sabias.
  • Tampoco tienen que alardear de títulos, porque demuestran cada día lo que son capaces de hacer. Cumplen -y a veces superan- objetivos, lanzan nuevas ideas o encuentran soluciones en las situaciones más complejas.
  • Esas personas escuchan. Porque como más se aprende es escuchando y observando a los demás. De esta manera, aprenden cómo hacer bien las cosas, qué sucede a su alrededor y entienden a las personas con las que se cruzan, qué no hay que hacer cuando el resultado no es el esperado…
  • Son personas agradecidas. Agradecen cada día lo que la vida les ha dado. No desean el ruido o la música que emiten los demás. No les hace falta. Tienen su propia música en su interior.
  • Son personas humildes. Practican la humildad a diario. Y en este punto retomo un post que escribí hace unos meses y que podéis recuperar en este enlace en el que reflexionaba acerca de las claves de la humildad.

Y ahora os pregunto, ¿cómo es la melodía de vuestra vida? Si estáis llenos de música en vuestro interior que sólo pueden escuchar los que verdaderamente la aprecian, ¡enhorabuena! Si, por el contrario, cuando observáis vuestro comportamiento escucháis más ruido que música, os lanzo un reto:

¿Os animáis a transformar ese ruido en música para descubrir vuestra propia melodía y que los demás deseen escucharla?