¿Estáis enamorados de vuestro trabajo? ¿Ponéis cariño en todo lo que hacéis? ¿Os apasiona vuestra profesión? La semana pasada presenté en Canarias el programa de dirección para formar directivos del sector hotelero que la Hispanic-American College (HAC), ubicada en Nueva York, que se desarrollará en diferentes ciudades del mundo, una de ellas Maspalomas. excelencia Como rector del programa de conferencias de HAC tengo la oportunidad de formar parte de este gran equipo que pretende llevar la excelencia al sector hotelero de las islas. ¿Y sabéis lo que es necesario para ser un profesional excelente? ¡Amor y cariño! Veréis como enseguida comprendéis esta reflexión si os paráis a pensar y respondéis estas preguntas:

¿Qué recuerdas más del último restaurante al que fuiste o del último hotel en el que te alojaste? ¡Seguro que la mayoría pensáis en la comida o en las instalaciones! Era tranquilo, se podía descansar (en el caso del hotel), el ambiente era relajado, la comida exquisita (en el caso del restaurante). Unos pocos, algunos, recordaréis el buen trato que os dispensaron los profesionales de estos establecimientos.

Ahora quiero que penséis en los restaurantes u hoteles que han dejado huella en vosotros… ¿Qué recordáis de ellos? ¿Por qué os acordáis, precisamente, de ellos? Seguro que ahora sois muchos los que os referiréis al trato que os dispensaron. Ese atento camarero que ayudó a tu madre a sentarse en la silla, el que dejó a tu padre disertar sobre vinos durante media hora o el que sirvió a tu pequeña un poco antes para que no se desesperara. O a esa empleada del servicio de limpieza del hotel que buscó por todas partes hasta encontrar las llaves que se te habían perdido o al recepcionista que te acompañó con un paraguas y con las maletas al coche bajo una intensa lluvia para evitar que te mojaras.

¡Y esa es la diferencia! Para ser excelentes en nuestro trabajo tenemos que estar enamorados de lo que hacemos. Sólo así dejamos huella.

Y al enamorarnos de nuestro trabajo no sólo se nota en el resultado sino que nosotros mismos nos sentimos mucho mejor. Porque sólo así vivimos conscientemente cada segundo de nuestra vida ¡y la disfrutamos! Como ya os he preguntado en alguna que otra ocasión: ¿Qué preferís? ¿Dejar pasar el tiempo esperando el fin de semana o vivir intensamente los siete días de la semana, el mes entero, todo el año…?

Ya sé que a veces no es fácil, que en ocasiones enamorarse de un trabajo es más complicado que en otras. Pero seguro que encuentras algún aspecto en el que puedes aspirar a ser excelente, a disfrutar haciéndolo lo mejor que sabes… como ese cocinero que se deleita emplatando una ensalada hasta que queda perfecta o ese encargado de la limpieza que decide animar a los niños de un colegio mientras vacía papeleras o barre las calles… ¡porque todos podemos disfrutar, hacer de nuestro trabajo nuestra pasión, enamorarnos de él!

Y si eres de los apasionados, de los enamorados, de los que disfrutan en su trabajo y no te atreves a decirlo… ¡rompe ese tabú y dilo! Deja de pedir perdón porque te guste ir a la oficina o porque te sientas satisfecho después del esfuerzo realizado al margen de los resultados. Somos muchos, ¡te lo aseguro! Y eso no significa que no disfrutemos también con los momentos de ocio en familia o con amigos. ¡No os equivoquéis, una cosa no excluye a la otra! Es posible fluir con el trabajo y también con el ocio y el descanso. Pero es necesario que, entre todos, creemos una nueva cultura y dejemos de hablar de las responsabilidades que acarrea un trabajo como una carga. ¡Empecemos a hablar en positivo! ¡Y empecemos ya con los niños, desde el colegio…! Sólo así conseguiremos contar con profesionales excelentes que disfruten con lo que hacen, que fluyan,… ¡que estén enamorados de su trabajo!

Se buscan enamorados de su trabajo ¿Cuento contigo?