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Contagia tu manera de ver la vida, ¿te animas a ser el motor del cambio?

Esta semana os pido que seáis el motor del cambio, ¡sí!, porque quiero haceros partícipes de la necesidad de ver y hacer ver lo bueno de todas las personas que nos rodean. La importancia de fijarnos menos en los errores y más en los aciertos y de mantenernos fuertes ante las críticas y las opiniones de los demás si somos nosotros los afectados por esa visión negativa de la vida.

sé motor del cambio

¿Qué os parece si empezamos con una pequeña historia?

“Hace unos años un profesor estaba explicando matemáticas a sus alumnos de Primaria y escribió en la pizarra diversas operaciones. Una de ellas era errónea y todos sus alumnos empezaron a decírselo con risas de burla por la equivocación cometida por su profesor. El maestro se giró y les dijo: “Aunque ahora no lo creáis me he equivocado a propósito porque sabía de antemano vuestra reacción y con ella os quiero dar una pequeña lección de vida”.

Los alumnos dejaron de reírse y se dispusieron a escuchar a su viejo profesor:

-“Recordar que la mayoría de los que os rodean en la vida no os felicitarán por vuestros aciertos, ni siquiera los harán notar… pero cuando os equivoquéis habrá muchas personas esperando para recriminaros. ¡Qué no os importe, seguid adelante! Porque si nunca os equivocáis es porque nunca habéis intentado nada nuevo y si os quedáis bloqueados por la opinión de los demás no conseguiréis alcanzar vuestras metas”.

“Pero también”, añadió el profesor, “recapacitad antes de reíros o criticar a alguien por su equivocación y antes de lanzaros a criticar a alguien, pensad si en alguna ocasión le habéis felicitado por algo que haya hecho”.

Me parece que la enseñanza de este profesor es una estupenda lección de vida, ¿no creéis? Porque… intentad ser sinceros: ¿Cuántas veces habéis dejado de hacer algo por las críticas recibidas? ¿En cuántas ocasiones os habéis echado atrás y habéis abandonado un trabajo, los estudios, un hobby… porque habéis cometido una equivocación y los demás os la han mostrado? Y, ¿cuántas veces sólo habéis reparado en lo malo de una situación o de una persona sin reparar en sus aciertos o virtudes?

Mirad, prácticamente todos tendemos a hacer ver los errores de los que nos rodean. Empezamos desde pequeños cuando constantemente corregimos a nuestros hijos y, en ocasiones, nos olvidamos de felicitarles por los logros obtenidos. Continuamos en el colegio, cuando se resaltan los fallos con tinta roja, pero no se hace lo mismo con los aciertos, con lo que se ha hecho bien o se ha conseguido después de un gran esfuerzo… Y seguimos así en la Universidad, en el trabajo cuando el jefe te apercibe por el error que has cometido pero ¡qué pocas veces te felicita por el trabajo bien hecho o por ese sobreesfuerzo que hemos realizado, independientemente de haber conseguido o no el objetivo! O cuando todos se lamentan porque la comida que has preparado está sosa, pero nunca te dicen lo bueno que te ha salido ese plato en el que has empleado varias horas en la cocina.

Afortunadamente, esta tendencia de hacer notar los errores y de ningunear los logros está empezando a cambiar. Y yo, desde aquí os pido que seáis parte de este cambio. ¿Qué tal si como tarea de esta semana nos proponemos la de resaltar todo lo bueno de los que nos rodean? Podemos elogiar a los más pequeños de la familia cuando se lavan a conciencia los dientes o decirle al dueño de la panadería lo bueno que le ha salido hoy el pan, podemos felicitar a ese compañero por la minuciosidad en el informe que te ha preparado o decirle al maestro de tus hijos lo contento que estás con la formación que están recibiendo. No os olvidéis que a todos, ¡sí, a todos!, nos gusta que nos reconozcan las cosas que hacemos bien. De esta forma sumamos fuerza para intentar hacer cosas nuevas y aunque al principio no las hagamos correctamente si tenemos el tesón de continuar intentándolo conseguimos, como mínimo, mejorar en su ejecución e, incluso, si persistimos, lograr el objetivo.

Cuando llevemos un tiempo con esta tarea nos daremos cuenta de que estamos contribuyendo a que las cosas sean mejores. Tu hijo se lavará siempre los dientes a conciencia y además seguro que se esmera en alguna otra tarea para que le felicites, tu compañero se brindará a ayudarte cuando te vea hasta arriba de trabajo porque sabe que confías en su forma de trabajar y el maestro de tus hijos llegará al colegio con alegría y con ganas de seguir siendo la mejor versión de si mismo ante los pequeños. ¡Es tan fácil!

¿Te animas a contagiar al mundo con tu reconocimiento positivo? ¿Te animas a ser el motor del cambio?

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