Esta semana en el post te invito a ser tú mismo, ¿te atreves?

Estaréis de acuerdo conmigo en que no podemos pasarnos el tiempo intentando parecernos a otros o aspirando a tener la vida de otras personas: esa familia aparentemente perfecta, ese trabajo ideal, esos hijos modelo… Es importante que nos valoremos como somos, que nos queramos y que nos respetemos.

Y, para ser nosotros mismos, lo primero que debemos hacer es reconocernos, aceptarnos tal y como somos, detectar nuestros puntos de mejora y nuestras fortalezas, nuestros puntos fuertes, preguntarnos en qué podemos ser buenos, qué podemos mejorar, y cuáles son nuestros objetivos y metas en la vida.

Como siempre, comenzaré este post con una historia. En esta ocasión, he elegido un cuento de Jorge Bucay, ‘La fresia’, que puede que algunos de vosotros conozcáis, pero que me ha parecido muy ilustrativo para la reflexión que quiero que todos realicemos.

“Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.

El roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el pino. Volviéndose al pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la vid. Y la vid se moría porque no podía florecer como la rosa. La rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el roble.

Entonces, el rey encontró una planta, una fresia, floreciendo y más fresca que nunca.

El rey preguntó:

  • ¿Cómo es que creces tan saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?
  • No lo sé, contestó la fresia, quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresias. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: Intentaré ser Fresia de la mejor manera que pueda.

 Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con tu presencia. Simplemente mírate a ti mismo. Puedes disfrutarlo y florecer, o puedes marchitarte en tu propia condena…”

¿Y tú?, ¿eres como el roble o como el pino que se marchita aspirando a ser otra persona? O, por el contrario, ¿disfrutas de lo que eres intentando aprovechar todo lo bueno que tienes y trabajas para mejorar los aspectos que quieres y puedes cambiar para seguir creciendo?

Cuando te decides a ser tú mismo tienes que empezar por un proceso de autoconocimiento. Sólo así podrás crecer. Si te empeñas en ser o en convertirte en aquello que no eres te pasará como al roble o la rosa del jardín del Rey. No podrás desarrollarte y acabarás marchito en una esquina del inmenso jardín de la vida.

Y no digo que no sea lícito, incluso loable, aspirar a ser mejor y fijarse modelos a los que parecerse. Tener ejemplos o referentes. Todos, en algún momento, hemos aspirado en convertirnos en ese empresario relevante, ese profesional que es el mejor en su campo o en esa persona que derrocha simpatía, bondad o don de gentes por donde pasa. ¡Y no está mal!

Pero una vez fijado este modelo es necesario que nos analicemos y que actuemos en consecuencia para acercarnos a ese referente que nosotros mismos admiramos. Esa persona que tanto nos gusta y nos motiva a ser mejores.

 ¿Cuál es nuestra situación de partida? ¿Qué pasos podemos dar para acercarnos a ese modelo de vida, a ese modelo de profesional? ¿Cómo lo vamos a hacer?

Se trata de trazar nuestro itinerario personal.

Quizás, en ese proceso de descubrimiento de nosotros mismos nos demos cuenta de nuestras propias virtudes. ¡Y las valoremos! ¿No creéis que si el roble hubiera valorado su fortaleza frente a la altura del pino hubiera crecido sano y robusto? ¿O que si la vid se hubiera dado cuenta de lo jugoso de su fruto se hubiera valorado frente a la belleza de la rosa y se habría desarrollado sana y fuerte?

Os invito a empezar a valorar todas las virtudes y fortalezas que poseéis. Tal vez no tengamos esa destreza que tanto admiramos, pero puede que contemos con otra que nos puede ayudar a ser mejores en lo nuestro y a crecer sanos en nuestro jardín. Ese autoconocimiento es la base de nuestra autoestima, tan importante para un crecimiento personal sano.

Muchas veces, por empeñarnos en ser como otros nos bloqueamos, frenamos nuestro crecimiento y dejamos de lado virtudes que poseemos y que nos pueden ayudar a ser más felices, a estar más satisfechos con nuestra vida, a ser mejores en nuestra profesión, en nuestro día a día.

Para terminar, os sugiero un plan de ruta para nuestro autoconocimiento:

  • Deja de compararte con los demás de forma que no te impulse a ser mejor. Puedes buscar un modelo al que aspires parecerte, pero no se trata de ser idéntico a él, busca tu propia versión de ti mismo.
  • Analiza tus fortalezas y tus puntos de mejora. Potencia las primeras y trabaja por modificar las segundas para minimizarlas o que se conviertan en puntos fuertes.
  • Ponte metas ambiciosas, pero alcanzables (recuerda que un roble no puede transformarse en un pino).
  • Cumple y fíjate en los objetivos a corto plazo y ¡felicítate por ello! es “la gasolina que te va a llevar al éxito final” y en consonancia con el plan a medio y largo plazo.
  • Acéptate y empieza a ser tú mismo.
  • Valora tus logros. Son tan importantes como esos que tanto admiras en los demás.

¿Qué os parece? ¿Os atrevéis con este nuevo reto? ¿Os animáis a ser vosotros mismos?