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¿Te falta tiempo? ¡Compártelo!

Esta semana quiero hablaros del tiempo. De ese tiempo que todos creemos que nos falta. Del tiempo que escatimamos a los demás: a los seres queridos, a los amigos, a nosotros mismos… Y quiero hacer especial hincapié en la necesidad de pararnos y reflexionar. Antes de que sea tarde y a causa del ritmo que cada uno imprimimos a nuestra vida diaria no nos demos cuenta de las buenas cosas que nos suceden cada día. Y se me ha ocurrido esta reflexión por una noticia que he leído y que me ha producido una inmensa sensación de soledad, de aislamiento… La compartí con todos los que me acompañáis en Twitter y fuisteis muchos los que comentasteis y os conmovisteis conmigo. La noticia era la siguiente: Un anciano finge una cefalea para ir al hospital y no pasar solo su 84 cumpleaños.

tiempo

Se trata de la historia de un hombre de 84 años en Argentina que se encontraba solo. Sin hijos, sin mujer, sin hermanos, sin amigos… Era su cumpleaños y fingió tener un fuerte dolor de cabeza, pero lo que de verdad buscaba era compañía. Esa que las enfermeras le ofrecieron en cuanto se dieron cuenta de su verdadera dolencia: la soledad. Compartieron con él una pequeña tarta y le hicieron soplar las velas, pero ¡lo que es más importante! Le proporcionaron el cariño y la compañía que tanta falta le hacía…, le dieron un poco de su tiempo.

¿Os habéis dado cuenta? ¿Comprobáis el valor que tiene dedicar una parte de nuestro tiempo a los demás, a aquellos que lo necesitan?

Hace ya un par de años que en una entrevista que me hicieron en un periódico titulaban el artículo con una frase que para mí también es importante, con una pregunta que yo formulaba al periodista y que os quiero hacer ahora mismo a todos vosotros: ¿Hace cuánto tiempo que no abrazas a tu madre? Esa era la pregunta de la entrevista, pero quien dice a tu madre, dice a tu padre, a tu hijo, a tu mejor amigo,… ¿Cuánto tiempo hace que no le dices te quiero a tu pareja, que no dedicas unas horas del fin de semana a jugar con tus hijos, a conversar sin prisas con tus amigos, a hablar con todos ellos, a mitigar su soledad?

¿De verdad que no tienes ni un segundo en tu día para compartir con los que lo necesitan?

Os aseguro que cuando compartes tu tiempo con los demás, cuando prestas atención a los que te rodean… ¡recibes mucho más de lo que das! Estoy convencido de que para las enfermeras de ese hospital argentino el compartir una pequeña tarta y darle un cumpleaños en compañía a ese anciano de 84 años supuso casi tanto o más satisfacción que para el anciano que buscaba un poco de compañía.

Además, al comenzar el post os he dicho que tomemos ya las riendas, que empecemos ¡desde ya! a destinar parte de nuestro tiempo a los que nos rodean…antes de que sea tarde porque los hayamos perdido. En la noticia, una de las enfermeras que publicó esta historia en su Facebook insta a valorar “lo que tenemos y no lo que nos falta. Si tienes a alguien que te espera, alguien que te llama, que se preocupa por ti, que te valora y te ama, ama mucho y sobre todo cuídalo, porque eres millonario y no te estás dando cuenta”. ¿No es precioso? ¡Somos millonarios y ni siquiera nos damos cuenta! ¿A qué esperamos?

Y para terminar no quiero dejar pasar esta ocasión para compartir con todos vosotros una historia que me encanta y que me he encontrado en numerosas ocasiones buceando por Internet, “El árbol de las manzanas”, que nos invita a valorar lo que tenemos y a los que tenemos antes de que los hayamos perdido.

“Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él. Trepaba al árbol hasta la copa y éste le daba sombra. Él amaba al árbol y el árbol amaba al niño. Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol.

Un día el muchacho regresó al árbol y escuchó que el árbol le dijo triste:

-“¿Vienes a jugar conmigo?”, pero el muchacho contestó:

-“Ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes árboles. Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos”.

-“Lo siento, dijo el árbol, pero no tengo dinero… Te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas. De esta manera, obtendrás el dinero para tus juguetes”.

El muchacho se sintió muy feliz.

Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero y el árbol volvió a ser feliz. Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el dinero y el árbol volvió a estar triste.

Tiempo después, el muchacho regresó y el árbol se puso feliz y le preguntó:

-“¿Vienes a jugar conmigo?”

-“No tengo tiempo para jugar. Debo de trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?”…

-” Lo siento, pero no tengo una casa, pero…tú puedes cortar mis ramas y construir tu casa”.

El joven cortó todas las ramas del árbol y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió desde esa vez y el árbol volvió a estar triste y solitario. Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el árbol estaba encantado.

-“Vienes a jugar conmigo?” le preguntó el árbol.

El hombre contestó:

-“Estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?”.

El árbol dijo:

-“Usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz”.

El hombre cortó el tronco y construyó su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo. Finalmente regresó después de muchos años y el árbol le dijo:

-“Lo siento mucho, pero ya no tenga nada que darte ni siquiera manzanas”.

El hombre replicó:

-“No tengo dientes para morder, ni fuerza para escalar… Por ahora ya estoy viejo”.

Entonces el árbol con lágrimas en sus ojos le dijo:

-“Realmente no puedo darte nada…. la única cosa que me queda son mis raíces muertas”.

Y el hombre contestó:

-“Yo no necesito mucho ahora, solo un lugar para descansar. Estoy tan cansado después de tantos años. Y es ahora, al final, cuando entiendo tu entrega, tu comprensión y tu generosidad conmigo”. -“Bueno, las viejas raíces de un árbol, son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven siéntate conmigo y descansa”, dijo el manzano.

El hombre se sentó junto al árbol y éste feliz y contento sonrió con lágrimas de emoción por el reencuentro, al fin, el hombre lo había entendido todo”.

¿Os habéis dado cuenta? Ese niño somos nosotros y el árbol puede ser perfectamente cualquier ser querido (nuestros padres, nuestra pareja, amigos, hermanos…). Ellos nos dan todo, siempre están dispuestos a sacrificarse por nosotros sólo por estar a nuestro lado, sólo porque les dediquemos parte de nuestro tiempo ¿tanto nos cuesta sacar un poco de tiempo para ellos? ¡Acuérdate que el tiempo dedicado a los que quieres es el tiempo mejor empleado!

¿Os animáis a mirar con otros ojos a los que os rodean? ¿A estar abiertos a sus necesidades? ¿A compartir un poco de vuestra vida con ellos? ¿Te falta tiempo? ¡Prueba a compartirlo!

Esta entrada tiene 2 Comentarios

  1. Fco Javier says:

    D. Luís Galindo es usted muy grande y la historia del árbol impresionante cada consejo que da cada comentario que hace a mi me ayuda mucho gracias por estar ahí y hacerme que día a día me Reilusionarme y sea mejor persona y espero poder conocerle un día en persona

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