La colaboración y el trabajo en equipo. Esta semana quiero ahondar un poco más en mi post acerca de la importancia del trabajo en equipo y de la necesaria colaboración para lograr buenos resultados. En el post anterior reflexionaba sobre el liderazgo inspirador y la necesidad de los líderes de contar con todo su equipo. En esta ocasión no me quiero referir sólo al ámbito profesional sino también al día a día, a nuestra red más personal. Porque en nuestra vida es necesario que todos empujemos en el mismo sentido para poder avanzar. Para comenzar, he recuperado una historia que leí hace un tiempo y que puede ilustrar este post ‘La sopa de piedra’.

“En un pequeño pueblo, una mujer se llevó una gran sorpresa al ver que había llamado a su puerta un forastero que, aunque correctamente vestido, le pedía algo de comer.

– “Lo siento”, dijo ella, “pero ahora mismo no tengo nada en casa”. 

– “No se preocupe”, dijo amablemente el visitante. “Tengo una piedra de sopa en mi cartera; si usted me permitiera echarla en un puchero de agua hirviendo, yo haría la más exquisita sopa del mundo. Sólo necesito un puchero muy grande, por favor”. 

A la mujer le picó la curiosidad, puso el puchero al fuego y fue a contar el secreto de la piedra de sopa a sus vecinas. Cuando el agua rompió a hervir, todo el vecindario se había reunido allí para ver a aquel extraño y su piedra de sopa. 

El forastero dejó caer la piedra en el agua, luego probó una cucharada con verdadera delectación y exclamó: 

– “¡Deliciosa! Lo único que necesita son unas cuantas patatas.” 

– “¡Yo tengo patatas en mi cocina!”, gritó una mujer. Y en pocos minutos estaba de regreso con una gran fuente de patatas peladas que fueron derechas al puchero. 

El extraño volvió a probar el brebaje. 

– “¡Excelente!”, dijo; y añadió pensativamente: 

– “¡Si tuviéramos un poco de carne, haríamos un cocido de lo más apetitoso!” 

Otro vecino salió zumbando y regresó con un pedazo de carne que el extraño, tras aceptarlo cortésmente, introdujo en el puchero. 

Cuando volvió a probar el caldo, puso los ojos en blanco y dijo: 

– “¡Ah, que sabroso! Si tuviéramos unas cuantas verduras, sería perfecto, absolutamente perfecto…” 

Un joven fue corriendo hasta su casa y volvió con una cesta llena de cebollas y zanahorias. Después de introducir las verduras en el puchero, el extraño probó nuevamente el guiso y, con tono autoritario, dijo: 

– “La sal”. 

– “Aquí la tiene”, le dijo la dueña de la casa. 

A continuación, dijo: 

– “Por favor, traed platos para todo el mundo”. 

La gente se apresuró a ir a sus casas en busca de platos. Algunos regresaron trayendo incluso pan y frutas. Luego se sentaron a disfrutar de la espléndida comida, mientras el extraño repartía abundantes raciones de su increíble sopa. 

Todos se sentían extrañamente felices y mientras reían, charlaban y compartían por primera vez su comida. En medio del alborozo, el extraño se escabulló silenciosamente dejando tras de sí la milagrosa piedra de sopa, que ellos podrían usar siempre que quisieran hacer la más deliciosa sopa del mundo”.

¿Os dais cuenta? El forastero había conseguido la colaboración de toda la población. Y había logrado que disfrutaran de una excelente comida quienes, incluso, no tenían nada para echar al puchero ese día.

El trabajo en equipo en este caso es sinónimo de colaboración y de generosidad que se tradujo en abundancia. ¡Pues bien! Esa es la misma abundancia que, el contar con la ayuda de los que nos rodean, puede llegar a nuestra vida.

Y es que, cada persona tiene una virtud, un don, sabe hacer bien una cosa, ¡mejor o con más talento que el resto!, y es importante que nos demos cuenta de ello, ¡de que todos tienen algo bueno que aportar para el resultado final! Y si esta percepción es importante en nuestro día a día en el trabajo, ¿qué creéis que aportará a la vida personal? ¡Os aseguro que mucho!

Cuando damos responsabilidad a los demás les estamos diciendo: ¡Confío en ti! Con todo el valor añadido que tiene esta afirmación. La persona se siente valorada, se siente importante, se siente querida y trabaja por hacer lo mejor posible la tarea que le han encomendado ¡porque es una pieza más y fundamental en el engranaje de este sistema! (sea un sistema profesional, familiar o de amistad).

Cuando le decimos a un amigo que nos ayude en algo porque no vemos la manera de sacar adelante ese proyecto o esa tarea en solitario, cuando le pedimos consejo en una situación complicada estamos confiando en el buen hacer de ese amigo, le estamos diciendo: ¡Cuento contigo porque sé que puedes aportar mucho porque eres el especialista en esto…! Le estamos dando un chute de energía y autoestima.

Si le decimos a nuestro hijo pequeño que nos ayude en alguna tarea cotidiana ¡no sólo lo hará encantado, sino que conseguiremos hacerlo sentirse grande, importante y que es un eslabón más de este engranaje que es nuestra familia…!

Si reclamamos la ayuda de nuestros mayores, ¡les haremos sentirse importantes y, sobre todo, útiles!

Pero, además, todos ellos nos aportarán su propia visión, su buen hacer, su frescura, su experiencia… y, con todas estas colaboraciones, conseguiremos resultados, algunos esperados y otros no tanto, pero seguro que siempre más completos al haber disfrutado de participar todos juntos en el proyecto.

Y tú, ¿te animas a vivir en la abundancia? ¿te animas a contar con toda tu gente? Acordaros: Juntos, somos más fuertes.