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Transformar los obstáculos en retos: la clave para superarlos

Esta semana vamos a hablar de obstáculos y retos. De esos obstáculos a los que nos enfrentamos cada día y que, en ocasiones, nos paralizan, nos bloquean y nos impiden pensar. ¡Sabéis de lo que os hablo!, ¿verdad? Y para comenzar a reflexionar quiero lanzaros una pregunta:

obstáculos

  • ¿Cómo os enfrentáis a los obstáculos?

Mientras reflexionáis sobre ello, os relato una historia que me llegó hace un tiempo por Internet y que me parece muy interesante, ‘La llave y el viejo’.

“Una noche, mientras un joven paseaba por su barrio, se encontré a un hombre mayor que buscaba desesperadamente algo. El joven observó que el viejo mientras se llevaba las manos a la cabeza decía sin cesar: “¿Dónde se habrán caído?”. Y daba vueltas y vueltas dentro un círculo muy reducido cuyo centro era una farola…

Sorprendido, el joven se acercó y le preguntó si le podía ayudar.

  • ¿Puedo ayudarle?
  • Sí, claro, por supuesto…
  • ¿Qué ha perdido?, le preguntó mientras comenzaba a buscar sin saber qué buscaba.
  • Las llaves de mi casa. ¡Las malditas llaves de mi casa!, contestó el viejo, que tenía los ojos brillantes y enrojecidos.
  • No se preocupe -le dijo el joven para tranquilizarlo-, seguro que las encontramos.

Mientras el joven buscaba las llaves junto con el viejo, le preguntó:

  • ¿Está seguro de que se le cayeron por aquí?
  • Pues la verdad es que no – contestó el hombre – pero aquí hay luz.

¿Creéis que el viejo acabará encontrando las llaves? ¿Cuántas veces nos hemos comportado de la misma forma que este hombre? ¿Por qué tememos enfrentarnos a la oscuridad?

Muchas veces, nos enfrentamos a los obstáculos con las mismas estrategias que hemos empleado en anteriores ocasiones. Y, a veces, ¡nos funciona! Utilizamos nuestra experiencia y conseguimos superar el obstáculo. Sin embargo, otras veces, nos empeñamos en utilizar las mismas estrategias sin pararnos a pensar que, en esta ocasión, la salida debe de ser otra. Nos empeñamos, como el viejo del cuento, en utilizar nuestra experiencia como nuestra farola particular sin darnos cuenta de que a veces es necesario buscar en la oscuridad nuevos métodos que nos permitan encontrar esa llave que abrirá nuestra puerta a la solución de ese obstáculo.

¿Y qué hay que hacer ante esos obstáculos?

Os propongo que cuando os tropecéis con un obstáculo de ese tipo, de los nuevos, de los inesperados, de los duros de roer…os propongáis transformarlos en retos. ¡Sí! Esa es mi propuesta: “Transformar los obstáculos en retos” ¿Qué os parece? ¡Os atrevéis! Y, para hacerlo, os daré unas claves que creo que os podrán servir para estas ocasiones en las que nos da miedo adentrarnos en la oscuridad:

  1. ¡Por supuesto que hay que echar mano de la experiencia! Es nuestra luz particular. Nuestra linterna. Nos puede iluminar, pero no hay que basarse únicamente en ella. Porque, ¡recuerda!, se trata de nuevos obstáculos. Y, por lo tanto, necesitamos nuevas soluciones, nuevas formas de actuar…
  2. ¿Cómo resolver esta situación? Esa es la pregunta que debemos hacernos. ¿Cómo hacerlo? ¿Qué es lo que no he hecho todavía que podría ayudarme en esta ocasión?
  3. ¡Atrévete a poner en práctica eso que crees que puede ayudarte, aunque te dé miedo! Sal de tu zona de confort y adéntrate en lo desconocido. No temas a la oscuridad… ¿y si allí está tu llave?
  4. Equivocarse es aprender. ¿Y qué si fallas? Si la solución no ha sido la correcta, recuerda que la experiencia te habrá servido como aprendizaje. Y que estarás mejor preparado para cuando llegue el siguiente obstáculo, o mejor, el siguiente reto.
  5. Satisfacción. ¿Te haces a la idea de lo satisfactorio que puede ser enfrentarse a ese obstáculo que te parece intraspasable y que puedes convertir en un nuevo reto superado a tus espaldas?

Mirad, lo que nunca, nunca hay que hacer cuando nos tropezamos con esa piedra en el camino es huir, escapar, ignorarla… Atreverte a hacer frente a ese obstáculo es lo que te hace crecer como ser humano, tanto si se trata de un reto profesional como si es un reto personal o familiar.

Para empezar, te animo a que cambies tu vocabulario y empieces a ver los obstáculos como retos. De esta forma, también cambiarás tu forma de mirar al problema. ¿Te animas? ¿Te apuntas a transformar tus obstáculos en retos? ¡Cuéntame cómo lo has conseguido!

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