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¡Vacía tu mente! ¡Brilla!

¡Vacía tu mente! ¿Hace cuánto tiempo que no vacías tu mente? Esta semana en la que muchos estamos con el cambio de estación y en la que parece que nos apetece vaciar nuestras casas, nuestros armarios y llenarlos de cosas diferentes más acordes con la nueva estación que llega…os quiero hablar de vaciar la mente, un ejercicio que me parece necesario para poder brillar con fuerza y quitarnos ruidos que no nos dejan centrarnos en nuestras metas.

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Y os voy a contar una historia muy reveladora que a mí me ayudó y que creo que puede ayudarnos a todos a entender qué es eso de vaciar la mente y, sobre todo, responder a la pregunta de ¿para qué es necesario hacerlo?

Cuentan que había una vez un lama que impartía enseñanzas a los monjes y novicios del monasterio.

Siguiendo la doctrina del Buda, ponía especial énfasis en captar la transitoriedad de todos los fenómenos, así como de relajarse, retirarse de los pensamientos y, en meditación profunda, percibir en el glorioso vacío interior la voz de la mente iluminada. Mostraba métodos muy antiguos a sus discípulos para que pudieran apartarse del pensamiento y vaciar la mente de inútiles contenidos.

– “¡Vaciaos, vaciaos!”, exhortaba incansablemente a los discípulos.

Así un día y otro día, con la misma insistencia que las aguas fluyen en el seno del río o el ocaso sigue al amanecer.

-“¡Vaciaos, vaciaos!”, insistía un día tras otro.

 Ante tanta insistencia, algunos discípulos acudieron a visitar al maestro y le dijeron respetuosamente:

– “Venerable maestro, en absoluto ponemos en duda la validez de tus enseñanzas, pero…”

-“¿Pero?”, preguntó el lama con una sonrisa en los labios.

– “¿Por qué pones tanto énfasis en que nos vaciemos? ¿Acaso, respetado maestro, no acentúas demasiado ese aspecto de la enseñanza?” 

– “Me gusta que me cuestionéis”, dijo el lama. “No quiero que aceptéis nada que no sea sometido al escrutinio de vuestra inteligencia primordial.” Y añadió, “ahora debo llevar a cabo sin demora mi práctica meditacional, pero solicito que todos vosotros os reunáis al anochecer conmigo en el santuario. Eso sí, queridos míos, quiero que cada uno de vosotros traiga consigo un vaso lleno de agua.”

Los discípulos disimularon como pudieron su asombro. ¿Será posible? O sea, que su maestro les pedía algo tan ridículo como que todos ellos fueran al santuario portando un vaso lleno de agua. ¿Se trataría de algún rito especial?

¿Sería una ofrenda que iban a hacer a alguna de las deidades? Los discípulos no dejaban de conjeturar sobre la extraña solicitud del maestro. Unos aventuraban si no se trataría de una ceremonia especial en honor de la misericordiosa Tara; otros pensaban que tal vez era que el lama les iba a hacer leer durante toda la noche las escrituras y que el agua era para evitar la excesiva sequedad de boca; otros confesaban no tener la menor idea del porqué de la insólita petición del lama.

El sol, anaranjado-oro, se comenzaba a ocultar tras los inmensos picos que se divisaban a lo lejos. Los discípulos tomaron cada uno de ellos un vaso y lo llenaron de agua. Luego, ansiosos por desvelar el misterio, fueron hasta el santuario y se presentaron ante el maestro.

– “Bueno”, dijo el maestro riendo con su excelente humor. “Ahora vais a hacer algo muy simple. Golpead los vasos con cualquier objeto. Quiero escuchar el sonido, la música capaz de brotar de vuestros vasos.”

 Los discípulos golpearon los vasos. De los mismos no brotó más que un feo sonido sordo, desde luego nada musical.

 Entonces el maestro ordenó:

– “Ahora, queridos míos, vaciad los vasos y repetid la operación.”

Así lo hicieron los monjes. Vaciados los vasos, golpearon en ellos y surgió un sonido vivo, intenso, musical.

 Los discípulos miraron al lama interrogantes. El lama esbozó una sonrisita amorosamente pícara y se limitó a decir:

 – “Vaso lleno no suena; mente atiborrada no luce. Os deseo felices sueños.”

Los discípulos, un poco avergonzados, comprendieron al momento.

Nunca habrían de olvidar aquello de “vaso lleno no suena”.

¿Y vuestra mente? ¿Está preparada para sonar? ¿O está llena de ruido de fondo?

Seguro que a más de uno os ha pasado que tenéis tantas cosas en la cabeza que olvidáis lo fundamental o que tenéis tanto ruido en vuestra mente, tantos pensamientos que se agolpan que os cuesta conciliar el sueño por las noches o concentraros en ese trabajo tan importante para conseguir vuestras metas.

Esta semana os propongo que intentéis vaciar vuestra mente de todo lo accesorio, lo que no es importante para vuestro día a día, pero que os distraer sobremanera, os sobrecarga y os impide seguir adelante con vuestros objetivos. ¿Y cómo hacerlo?

Yo os puedo dar algunas pautas que os pueden ayudar:

-Haced listas. ¡Sí! Cuando tenemos muchas cosas en la cabeza y tememos olvidar alguna nos preocupamos, nos obsesionamos, y ¡al final! Ocupamos buena parte de nuestro tiempo en pensar cómo no olvidarnos de ellas en lugar de pensar en resolverlas. ¡Pues bien! Cuando algo sea importante de verdad: ¿por qué no lo anotáis? En una libreta o en el móvil, en la agenda del ordenador o en un post-it en la nevera ¡donde sea! Pero en un lugar en el que miréis de habitualmente. De esa sencilla forma os habréis librado de una preocupación más y habréis apagado un ruido de vuestra mente.

-Empezad por lo verdaderamente importante. ¡Sí! Lo que de verdad no admite demora. ¡Dejad de pensad en que tenéis que hacerlo! y ¡Hacedlo! Otro ruido menos…

-Buscad un momento del día y un lugar en el que pongáis vuestra mente en blanco…al principio es difícil, pero tenéis que aprender a dejar marchar vuestros pensamientos. Os ayudará mucho la respiración consciente/meditación. Ser consciente del aire que llena nuestros pulmones y del aire que expulsamos al exterior. ¡Probad a pensar en eso aunque sea un par de minutos al día! Poco a poco iréis aumentando el tiempo en el que sois capaces de poner vuestra mente en blanco.

-Vive el momento presente. Cuando estés haciendo algo (un trabajo, deporte, diversión, cocinar, pasear) pon todos tus sentidos en eso que estás haciendo. Olvida por un momento lo que tienes que hacer después o lo que ya has hecho antes. Es importante estar presente al 100% en el aquí y en el ahora. Es una forma de vaciar tu mente de ruido y de llenarla de lo verdaderamente importante, lo que te ayudará a disfrutar, a brillar y a sonar…

Y tú, ¿te animas a vaciar tu mente para poder brillar y sonar mucho más fuerte?

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