elogiosDesde hace unos días no dejo de pensar en la cantidad de cosas bonitas o de elogios acerca de los demás que nos callamos, que no decimos o que salen de nuestra boca demasiado tarde. En el post de esta semana os quiero animar a que mostréis abiertamente la admiración por las personas que os rodean y que queréis. Que no escatiméis en elogios, en decir esas palabras bonitas sobre ellas que pensáis que saben y que nunca les habéis dicho. ¿Por qué, en ocasiones, nos es más fácil emitir reproches o pensamientos negativos sobre los demás? ¿Por qué no nos pensamos un improperio o mal gesto y, sin embargo, nos cuesta mucho decir lo maravillosa que es esa persona, tu hijo, tu marido o tu esposa, tus compañeros de trabajo, tus padres, tu profesor…? ¿Qué es lo que nos paraliza?

Pensando en ello me ha venido una historia a la memoria. Una historia sobre una ‘lista de elogios’ que me contaron hace mucho tiempo.

“Un día, una profesora entró en su clase de primaria y propuso un ejercicio a sus alumnos. Todos debían sacar una hoja de papel y poner el nombre de todos sus compañeros uno debajo de otro. Al lado de cada uno tenían que poner lo más bonito sobre él que les viniera a la cabeza. Todos los alumnos se pusieron a la tarea y, una vez finalizada, entregaron la hoja a la profesora.

Al día siguiente, la profesora entregó una hoja a cada alumno. En ella estaba su nombre y al lado todos los calificativos sobre el estudiante que habían puesto sus compañeros. Los chicos y chicas sonreían al recibir esta hoja: ¡No sabía que me querían tanto! ¡Nunca pensé que dirían todo esto sobre mí!, eran algunos de los comentarios.

Pasaron los años. La profesora –ya jubilada- recibió la mala noticia que uno de sus ex alumnos había fallecido en un accidente de tráfico. Al día siguiente acudió al funeral en el que se reencontró con el resto de sus ex alumnos, ya adultos con sus propias familias. Fue precisamente la familia del joven fallecido la que se dirigió a la maestra y le entregó un papel doblado y envejecido. La mujer lo desdobló y vio que se trataba de la ‘lista de elogios’ que sus compañeros habían escrito sobre él muchos años antes. “Muchas gracias”, dijeron los padres del joven, “guardaba esta lista como un auténtico tesoro”.

El resto de ex alumnos que estaba allí presente le dijeron: ¡Yo también la guardo!, ¡La miro a menudo!, ¡Me enorgullece leerla!, comentaban mientras a la profesora se le inundaban los ojos de lágrimas….”

Esta es la historia. ¿Qué fácil y que difícil verdad?

Y vuelvo a preguntaros: ¿Por qué nos cuesta tanto elogiar las bondades y fortalezas de los demás?

Os aseguro que nos hace bien, ¡mucho bien!, hacer sentir bien al resto, contribuir a su bienestar y os aseguro también que destacando sus virtudes, haciéndole ver lo maravillosa que es esa persona, sus puntos fuertes…. estamos contribuyendo a que su vida sea un poco mejor.

Os propongo algo en este mes cargado de regalos y de reuniones familiares, encuentros de amigos o comidas y cenas de negocios… ¿Qué tal si nos dedicamos a regalar bienestar? ¿Qué tal si nos decidimos a decir eso tan bonito que pensamos sobre nuestros compañeros, nuestros colaboradores, nuestra pareja, nuestros padres, nuestros hijos, nuestros hermanos…y que nunca les hemos dicho porque creemos que ya lo saben? Os aseguro que será el mejor regalo de estas navidades, el que mejor les hará sentir y que el más van a aprovechar.

¿Os animáis a hacer vuestra propia lista de elogios?