Adversidad. Esta semana en la que muchos de nosotros nos preparamos para la vuelta al trabajo, al colegio, a la Universidad, en definitiva, a nuestro día a día en una situación diferente a la de otros años quiero hacer una reflexión sobre la adversidad y nuestra manera de hacerle frente.

¿Cómo afrontamos la adversidad? ¿Qué podemos hacer cuando las cosas no salen como teníamos previsto?

Para comenzar el post reproduciré una historia que leí hace un tiempo y que atribuyen a la figura del extraordinario violinista Nicolò Paganini.

“Cuentan que una noche, un prestigioso auditorio de una capital europea estaba repleto de admiradores, preparados para recibir al maestro del violín que iba a tocar junto a una famosa orquesta.

Cuando los miembros de la orquesta entraron y ocuparon sus sitios fueron aplaudidos. El director fue ovacionado, pero cuando la figura de Paganini surgió, triunfante, el público deliró.

Paganini colocó su violín en el hombro y lo que sucedió a continuación fue indescriptible. Blancas y negras, fusas y semifusas, corcheas y semicorcheas parecían tener alas y volar con el toque de aquellos dedos maravillosos.

De repente, un sonido extraño interrumpió el ensueño del público asistente. Una de las cuerdas del violín de Paganini se había roto.

El director paró. La orquesta se detuvo. El público permaneció en silencio, pero Paganini continuó tocando. Concentrado en su partitura como si nada hubiera ocurrido, él continuó extrayendo sonidos deliciosos de un violín con problemas.

El director y la orquesta, admirados, volvieron a tocar y el público se tranquilizó.

De repente, otro sonido perturbador atrajo la atención de los asistentes. Otra cuerda del violín de Paganini se acababa de romper.

El director paró de nuevo y la orquesta se detuvo otra vez, pero Paganini siguió con el concierto. Como si nada hubiera ocurrido, se olvidó de las dificultades y continuó arrancando sonidos imposibles de su violín de dos cuerdas.

El director y la orquesta, impresionados, volvieron a tocar.

Pero el público no podía imaginar lo que iba a ocurrir a continuación. Todas las personas, asombradas, gritaron cuando la tercera cuerda del violín de Paganini se rompió.

El director y la orquesta se detuvieron una vez más, como la respiración del público, que pensó que el concierto había llegado a su final. Pero Paganini siguió.
 
Como si fuera un contorsionista musical, arrancó todos los sonidos posibles de la única cuerda que quedaba en el violín. Ninguna nota fue olvidada.

El director, embelesado, se animó. La orquesta se motivó. El público pasó del silencio a la euforia, del pánico al delirio.
Paganini alcanzó la gloria. Su nombre perdura a través del tiempo. Porque él no es un violinista genial, es el símbolo del profesional que continúa avanzando, aunque todo el mundo diga que es imposible”.

Y tú, ¿cómo actúas cuando tus cuerdas se rompen? ¿Cómo afrontas las adversidades?

Hace un tiempo os narraba en un post el cuento de la zanahoria, el huevo y el café en relación a la manera de afrontar las dificultades. En el artículo de hoy quiero reflexionar en la necesidad que tenemos de seguir adelante, a pesar de los obstáculos que podemos encontrar en el camino, en la importancia de buscar nuestra fuerza interior.

Mirad, ya sé que a veces es complicado, que el esfuerzo nos deja exhaustos, que hay momentos de desilusión y que hay días en los que nos parece que, en lugar de avanzar, damos pasos hacia atrás. ¡Nos pasa a todos! Pero es precisamente esos días en los que tenemos que dar lo mejor de nosotros mismos. Y ahora, en esta época difícil que vivimos, es fundamental que asumamos que el esfuerzo diario es necesario para conseguir avanzar.

¿Qué hubiera pasado si Paganini hubiera dejado de tocar al romperse la primera cuerda de su violín? ¿Si se hubiera enfadado en lugar de afrontar esta dificultad y seguir tocando?

El público se hubiera quedado sin concierto. Desilusionado y, desde luego, no hubiera experimentado la sensación de estar ante uno de los más grandes, no sólo por su virtuosismo con el violín sino también por su forma de ser, por su valentía a la hora de afrontar este obstáculo, por su fortaleza.

Pues bien, en este post os quiero invitar a que busquéis esa fortaleza interior que todos tenemos, pero que, en ocasiones, hemos olvidado. Y ¿cómo encontrarla?

-Lo primero que tenemos que hacer es centrarnos en el objetivo. Fijar una meta concreta y no desviarnos, a pesar de los factores externos que nos hagan retroceder o avanzar despacio. ¿Qué quiero conseguir?

-¿Cómo lo quiero conseguir? Siempre es necesario buscar el cómo afrontar el camino sabiendo que nos vamos a encontrar con dificultades, que no siempre vamos a ver el recorrido despejado y que será necesario apartar obstáculos del camino. Para ello, es importante trazarnos pequeñas metas, pequeños logros que nos inyecten de ilusión para seguir caminando. Y date permiso para corregir el trayecto. Si no podemos alcanzar el objetivo con el camino elegido, buscar otros que sí me acerquen a él.

-Date permiso para descansar. ¡Sí! No tengas prisa. Poco a poco. Celebra cada pequeño logro, cada pequeño avance y date una satisfacción por el camino recorrido. Un pequeño paso puede suponer un gran avance. Nunca lo olvides.

-Y recuerda que no puedes controlar las circunstancias externas, pero siempre puedes elegir la manera de afrontarlas. Elige la manera que te haga sentirte bien contigo mismo, con tu esfuerzo personal, que te haga sentirte orgulloso de lo que has logrado. Y no te dejes contagiar por el desánimo de los que te rodean o por los que te dicen que no vas a conseguirlo. Recuerda que tienes esa fortaleza en tu interior.

En este principio de curso, en este septiembre que llega, os lanzo este reto: Recupera tu fortaleza interior para afrontar con éxito las adversidades. ¿Te atreves?