Creencias limitantes, ¿las conoces? ¿Conoces esos pensamientos que te impiden hacer determinadas cosas, que te frenan y condicionan tu progreso? En el post de esta semana te propongo que trabajemos para conseguir superarlas y dejarlas atrás de manera que consigamos aumentar nuestra autoestima y nos atrevamos a dar ese paso que tanto se nos resiste.

¿Te animas a reflexionar conmigo?

Para comenzar, como cada semana, te propongo un cuento procedente de la filosofía sufí que nos acompañará en esta reflexión.

“Cierta mañana el maestro Nasrudín envolvió un huevo en un pañuelo, acudió hasta la plaza de su ciudad y llamó a los que pasaban por allí para que se acercaran y escucharan lo que tenía que decirles.

– ¡Hoy tendremos un importante concurso! – dijo – ¡Quien descubra lo que está envuelto en este pañuelo, recibirá de regalo el huevo que está dentro!

Se miraron, intrigados, y le dijeron:
– ¿Cómo podemos saber qué tienes dentro del pañuelo? ¡Ninguno de nosotros es adivino!

Nasrudín insistió:
– Lo que está en este pañuelo tiene un centro que es amarillo como una yema y está rodeado de un líquido del color de la clara, que a su vez está contenido dentro de una cáscara que se rompe fácilmente. Es un símbolo de fertilidad, y nos recuerda a los pájaros que vuelan hacia sus nidos. ¿Quién puede decirme lo que está escondido?

Todos los habitantes pensaban que Nasrudín tenía en sus manos un huevo, pero la respuesta era tan obvia que nadie quiso pasar vergüenza delante de los otros. Se preguntaban a sí mismos:

– ¿Y si no fuese un huevo, sino algo muy importante, producto de la fértil imaginación mística de los sufíes? Un centro amarillo podía significar algo del sol, el líquido a su alrededor tal vez fuese algún preparado de alquimia. No, aquel loco estaba queriendo que alguien quedara en ridículo.

Nasrudín preguntó dos veces más y nadie se arriesgó a decir algo impropio.

Entonces, el maestro abrió el pañuelo y mostró a todos el huevo.

– Todos vosotros sabíais la respuesta – afirmó – y nadie osó traducirla en palabras. Así es la vida de aquéllos que no tienen el valor de arriesgarse: las soluciones nos son dadas, pero estas personas siempre buscan explicaciones más complicadas, y terminan no haciendo nada”.

Tras la lectura de esta historia, me gustaría haceros esta pregunta:

¿Hasta dónde llegan vuestras creencias limitantes?

Todos, en ocasiones, tenemos algún temor y nos vemos condicionados por pensamientos que, en lugar de animarnos a dar el paso, nos obligan a apretar el pedal del freno. Me gustaría mostraros algunas claves que pueden ayudarnos a superar estos pensamientos y a dejar de lado esos miedos irracionales que nos frenan.

Os pondré un ejemplo directamente relacionado con la historia anterior. Es el miedo a hacer el ridículo. ¿Cuántas veces hemos dejado de hacer algo por temor al qué dirán si me equivoco, por el miedo a hacer el ridículo ante el resto…? ¿Cuántas cosas hemos dejado de hacer por este motivo? ¡Seguro que más de una!

Me pregunto, ¿qué hubiera pasado si -venciendo esta creencia- hubiera dado ese paso? ¿Si hubiera hecho eso que tanto ansiaba? ¿Qué es lo peor que me hubiera pasado en caso de no ser el paso acertado? ¿Qué he perdido al no atreverme a darlo? La mayoría de las veces es más lo que perdemos al no atrevernos que lo que perderíamos en caso de dar ese paso y equivocarnos. Porque de los errores aprendemos, pero de la inacción, del bloqueo ¡no sacamos más que frustración y más miedo! ¿No os parece?

En muchas ocasiones, nos damos cuenta a posteriori de lo que nos hemos perdido por no asumir el riesgo que puede suponer un cambio, por no salir de la zona de confort y seguir creciendo, pero ¿cómo puedo evitar que vuelva a pasarme?

Os propongo que cuando os amenacen los miedos ante una situación de incertidumbre o en la que vuestras creencias limitantes se interpongan, sigáis estos pasos:

  1. Reconocer el miedo, el vértigo que nos produce esta situación. Darnos cuenta de ello es el primer paso para vencerlo.
  2. Preguntarnos: ¿Qué es lo peor que puede pasar si me equivoco? ¿Qué hubiera pasado si uno de los discípulos de Nasrudín se hubiera lanzado a dar la contestación evidente a la pregunta? ¡Hubiera acertado! Pero, en caso de que no hubiera sido así, lo peor habrían sido unas risas de los demás y -como mucho- una reprimenda del maestro. ¿De verdad es tan grave?
  3. Si lo consideramos tan grave, ¿qué hay detrás de esto? Busquemos de dónde viene esa creencia, ese temor tan grande a hacer el ridículo…
  4. Una vez identificado su origen, te propongo que hagas un ejercicio de imaginación y te preguntes: ¿Cómo te sentirías sin esa creencia? ¿Sin ese temor a hacer el ridículo que te impide, por ejemplo, hablar en público, lanzar una idea en una reunión de trabajo o ponerte a bailar con los demás en algún evento social…?
  5. ¡Es el momento de superarlo! ¿No te parece? ¿Y si en lugar de dejar que tu sentido del ridículo te frene, te enfrentas a él? Puedes empezar con algo que no sea especialmente complicado. Cuando lo hayas hecho, te aseguro que la satisfacción de haber vencido esa idea que te limitaba será enorme y te empujará a seguir avanzando. Comienza poco a poco y en entornos de seguridad para ti, para ir ganando confianza en ti y en tus posibilidades.

¿Sabes una cosa? Cuando consigues controlar esos pensamientos limitantes, esas creencias adquiridas y asimiladas durante toda tu vida que te impiden cambiar: ‘Soy muy torpe’, ‘Yo no puedo hacer…’, ‘Nunca seré como…’ Entonces es cuando serás totalmente libre para tomar el timón de tu vida.

¿Te animas a trabajar para dejar atrás tus creencias limitantes? ¿Me lo cuentas?