Párate y piensa. En este post me gustaría que fuéramos conscientes de que en ocasiones es necesario detenernos. Pararnos un momento, respirar y escuchar lo que nuestro interior tiene que decirnos. Esta semana quiero reflexionar acerca de abandonar la precipitación, el estrés diario, de conseguir momentos de paz, de recogimiento, de escuchar y de escucharnos…

  • ¿Cuándo fue la última vez que os tomasteis un respiro para reflexionar?

Quiero comenzar con una historia acerca del silencio:

“Había una vez un campesino que descubrió que había perdido su reloj en el granero. No era un reloj normal. Tenía mucho valor sentimental para él.

Después de buscar de arriba a abajo entre el heno durante mucho rato, el campesino se rindió de su búsqueda en solitario y decidió buscar la ayuda de un grupo de niños que jugaban afuera del establo.

Les prometió que el que lo encontrara sería recompensado.

Al oír esto, los niños corrieron dentro del granero, pasaban por los alrededores de toda la pila de heno, se colaban en su interior y rebuscaban, pero ni así pudieron encontrar el reloj. Justo cuando el agricultor estaba a punto de dejar de buscarlo, un niño se acercó a él y le pidió que le diera otra oportunidad.

El granjero, ya desesperado y con poco optimismo, lo miró y pensó:

-¿Debería de darle una oportunidad? Al fin y al cabo, este joven parece muy sincero y no pierdo nada por permitirle seguir buscando.

Así que el agricultor envía al niño de nuevo al granero.

Después de un rato, el niño salió con una enorme sonrisa y con el reloj en la mano.

El granjero se puso muy contento a la vez que se mostró muy sorprendido y preguntó al chico cómo pudo encontrar él solo el reloj cuando no había sido capaz de localizarlo en grupo.

El muchacho respondió:

-Yo no hice nada más que sentarme en el suelo y escuchar. En el silencio, oí el tictac del reloj y simplemente busqué en esa dirección”.

Pararse. Escuchar. Escucharnos. ¡Qué importante! ¿No os parece?

Ya estamos llegando al final de septiembre, uno de los más atípicos de los últimos años. En ocasiones, el aluvión de noticias que recibimos, la apretada agenda laboral, las responsabilidades familiares y domésticas copan nuestro día a día sin apenas darnos cuenta del paso de las semanas. Sé que es complicado, pero quiero proponeros un ejercicio. Y es muy sencillo: se trata de pararse aunque sea unos pocos minutos al día.

¿Qué os parece? ¿Complicado?

Cuando propongo este ejercicio en mis conferencias o en mis formaciones (tanto presenciales como online), y observo las caras de la audiencia veo dudas, incluso, detecto sonrisas de incredulidad: ¿Cómo voy a parar si ni siquiera sin hacerlo me da tiempo de llegar a todo?

Sé que es complicado tomar esta decisión, pero os aseguro que también se necesario y que, cuando nos acostumbramos a tomarla, ¡conseguimos que el tiempo nos cunda mucho más! Así que insisto: ¡Párate!

-Pararnos nos ayuda a tomar consciencia y quien quiera puede dejar nuestra mente ‘en silencio’. Sin ruidos, sin prisas ni cosas que hacer y que distorsionan nuestro pensamiento. Por utilizar una metáfora: dejamos que nuestros pensamientos se relajen como lo hace nuestro cuerpo cuando nos tumbamos sobre una toalla al lado del mar con el único ruido de las olas. Al permitir a nuestra mente descansar, conseguimos que recupere fuerzas, que vuelva a estar fresca para crear, solucionar, planificar…

-Pararnos nos permite pasar un rato con nosotros mismos, recuperar nuestro YO. Ese YO del que nos olvidamos en pro de las necesidades del entorno y de los demás: trabajo, familia, proyectos, amigos… Puede que suene un poco egoísta, pero os aseguro que no lo es. Porque cuando recuperamos nuestro YO, estamos en mejores condiciones para darnos a los demás, para realizar nuestro trabajo y/o cuidar de los nuestros.

-Por último, pararnos reduce nuestros niveles de estrés. Al detenernos y conseguir tomar consciencia de nosotros, del ahora… intentar no pensar en nada, oxigenamos nuestro cerebro y devolvemos la calma a nuestro cuerpo evitando situaciones complicadas derivadas de la ansiedad y el estrés del día a día. Digamos que conseguimos bajar nuestras revoluciones y comenzar otra vez al ritmo que reclaman nuestros proyectos, nuestra jornada habitual, sin precipitarnos en la ejecución o en la toma de decisiones…

¿Y cómo podemos hacerlo? ¿Cómo podemos saber cuándo parar? ¿Cuándo es el mejor momento?

Os propongo que busquéis un rato en vuestro día a día para ‘detener el tiempo’ y regalaros ‘momentos’. Pueden ser cinco minutos al despertaros o al acostaros. Puede ser a mitad del día o en un paseo al caer la tarde o al amanecer. No se trata de estar estáticos. Hay personas para las que es más sencillo descansar la mente mientras pasea, pinta, cocina o mientras practica algún tipo de deporte. Otras personas prefieren adoptar una postura cómoda, cerrar los ojos y centrarse en su respiración. Hay quien se desconecta mejor con música… ¡Hay cientos de formas de refrescar y parar nuestra mente disfrutando el momento! Y te animo a buscar la tuya. Porque seguro que tienes una.

Me gustaría conocer vuestras experiencias cuando os animéis a practicarlo. Que os preguntéis ¿qué os ha ayudado a descubrir esta práctica? Al niño pequeño del cuento del inicio del post que se sentó a escuchar -en silencio y sin prisas ni precipitación- le ayudó a encontrar ese reloj perdido. ¿Y a vosotros? ¿En qué os ha ayudado deteneros y disfrutar conscientemente de ese ratito, dedicar ese espacio de tiempo a vuestro YO? ¿Habéis encontrado lo que habíais perdido?

¿Os atrevéis a parar?