Arreglar el mundo. ¡Menudo reto!, ¿verdad? ¿Quieres hacerlo? ¿Quieres arreglar el mundo? ¿Qué tal si comenzamos por arreglarnos nosotros mismos? En este post quiero reflexionar acerca de lo que está en nuestras manos para hacer del mundo un lugar mejor en el que vivir y ver crecer a todas esas personas que queremos.

  • ¿Te sumas al reto de arreglar el mundo?

Para comenzar, quiero contaros una historia que me contaron hace un tiempo:

“Había una vez un científico que vivía preocupado por los problemas del mundo. Intentaba, día y noche, buscar la manera de solucionar los males que acuciaban al mundo: el cambio climático, las epidemias, la enfermedad, la pobreza endémica en extensas zonas de la tierra, la falta de agua, el egoísmo de muchos gobernantes…

Pasaban los años y no encontraba la solución. ¿Cómo puedo hacerlo?, se preguntaba.

Cierto día, su hijo de siete años invadió su laboratorio decidido a ayudarle a trabajar.

Ante la imposibilidad de sacarlo de ahí, el científico arrancó una página de una revista en la que aparecía una imagen del mundo y la recortó a modo de puzle en decenas de pedazos.

  • “Mira, hijo, aquí tienes el mundo todo roto. El juego consiste en que lo recompongas de nuevo”, le dijo.

El científico calculó que por lo menos tardaría un par de días en poder recomponerlo y así le tendría entretenido y no le distraería de su tarea. Sin embargo, sólo unas horas después oyó la voz de su hijo entusiasmado:

  • “¡Papá, ya está arreglado!”

Completamente estupefacto comprobó que todos los pedazos estaban en su sitio exacto.

  • “¿Cómo es posible que lo hayas terminado tan rápido?”, le dijo.

A lo que el niño contestó:

  • “Cuando arrancaste el papel de la revista para recortarlo, me fijé que en el otro lado de la hoja aparecía la figura de un hombre. Y cuando me dijiste que arreglara el mundo, lo intenté, pero no supe. Entonces di la vuelta a los pedazos de papel y empecé por arreglar al hombre, que sí sabía cómo era. Y una vez que conseguí arreglar al hombre, le di nuevamente la vuelta a la hoja y ¡encontré que había arreglado el mundo!”

El padre, de inmediato, comprendió que no podía enfrentarse a los grandes problemas él solo, que debía ir paso a paso y buscar soluciones a las cosas que estaban a su alcance”.

Y este es el reto. Arreglar el mundo intentando resolver las cosas que sí están a nuestras manos, con los elementos que tenemos a nuestro alcance y ¡dejar de lamentarnos por todas esas cosas que no podemos hacer! ¿Os dais cuenta? Pasamos demasiado tiempo de nuestra vida pensando en cómo solucionar asuntos que nos quedan demasiado lejos, intentado arreglar la vida de los demás sin darnos cuenta de que, en nuestra vida, muy cerca de nosotros, hay un montón de cosas que podemos hacer para que la vida sea más fácil, más plena, más satisfactoria… Perdemos el tiempo y las ganas lamentándonos, ¿y si dejamos de hacerlo?

¿Queréis algún ejemplo de cosas que sí podemos hacer cada día?

-En el trabajo, ¿por qué no intentar alcanzar la excelencia? Seamos científicos, cocineros, pintores o médicos ¡qué importa! Haz especial cualquier cosa que hagas. Esfuérzate, concéntrate al 100% y busca la excelencia.

-En casa, trata con respeto y cariño a los que te rodean, dedícales tu tiempo, escucha a tu pareja, a tus hijos…Siembra amor y recogerás amor.

-Con tus amigos. Interésate por su situación. Comparte con ellos alegrías y ¿por qué no? ¡también las penas! Acompaña y siéntete acompañado. Busca soluciones conjuntas a situaciones difíciles. La amistad es un regalo valioso al que hay que cuidar.

-Con tus conocidos, vecinos, tenderos… Sonríe, saluda, interésate por ellos, escucha… Nos cuesta tan poco y ¡lo cambia todo!

-Prepara esa cena como si fuera lo más importante que fueras a hacer en el día, ¡porque será lo más importante en ese momento! Entrega ese informe como si fueran las claves que sirven para acabar con las enfermedades en el mundo. Regala una sonrisa a esa anciana que te mira desde la soledad de su balcón como si quisieras contagiarla de alegría…

¡Tantos pequeños detalles pueden arreglar el mundo!

Mirad, estamos en una época complicada y ahora es importante, más que nunca, poner todo de nuestra parte para mejorar el mundo. Y no penséis que vosotros no podéis hacer nada. De nuevo, vuelvo a recordaros el ‘método Kaizen’: paso a paso, objetivo tras objetivo hasta alcanzar la meta. ¿Qué os parece? Además, esta actitud es contagiosa y podremos crear una cadena en la que cada vez haya más eslabones trabajando por arreglar y empujando en la misma dirección por arreglar el mundo.

Cada mañana cuando os levantéis os invito a haceros una pregunta:

  • ¿Qué voy a hacer hoy por mejorar mi vida y la de los que me rodean?

Y, al acostaros, preguntaros de nuevo:

  • ¿Qué he hecho hoy por mejorar mi vida y la vida de los demás?

Os aseguro que os acostaréis satisfechos y felices, como el pequeño hijo del científico que mostró con satisfacción su imagen del mundo arreglada.

¿Te sumas a este nuevo reto de arreglar el mundo, vuestro mundo más cercano? ¿Me lo cuentas?