Sigue. ¡No te rindas! Esta semana en mi post quiero animaros a seguir. ¡Sí! A pesar de los obstáculos, de las dificultades que nos encontramos en la vida. En este otoño diferente todos tendremos momentos de cansancio por las circunstancias anómalas que nos rodean, y a todos ¡sí, a todos! nos darán ganas de rendirnos en determinados momentos, de dejarlo todo porque el cansancio parece que nos vence y el desánimo nos quiere ganar la partida. ¡No le dejes!

  • ¿Te animas a seguir avanzando, a pesar de las circunstancias?

En esta ocasión, os voy a contar una historia que he leído y que me parece muy significativa para poder reflexionar acerca de lo valioso que es vencer nuestros miedos y seguir avanzando, a pesar de las circunstancias adversas.

“Una joven conducía junto con su padre y se toparon con una fuerte tormenta. Muy asustada, la joven le preguntó a su padre:

  • ¿Qué hago?
  • Sigue conduciendo, le dijo su padre.

Los coches empezaron a pararse en ambos lados de la carretera. La tormenta empeoraba por momentos.

  • ¿Qué debo hacer papá?, insistió la joven. ¿Paro el coche?
  • ¡No!, dijo el padre intentando trasladarle tranquilidad, ¡sigue conduciendo despacio!

Unos metros más adelante, vieron un enorme camión que también estaba aparcando en un lado de la calle.

La joven cada vez estaba más asustada y dijo:

  • Papá, ¿debo detenerme? Es terrible y todo el mundo está parado.

Su padre le respondió:

  • Ve con mucho cuidado. Muy despacio, pero no pares ¡Sigue conduciendo!

A pesar de que la tormenta era más fuerte, la joven obedeció y, ¡de pronto!, pudo ver un claro más adelante. Después de un par de kilómetros volvió a estar en una zona tranquila, calmada y con el sol.
Su padre le dijo:

  • Ahora puedes parar y salir.
  • ¿Pero por qué ahora?, se preguntó la joven conductora.
  • Cuando salgas, mira atrás, todas las personas que se rindieron todavía están atrapadas en la tormenta, sus vehículos están llenos de agua y su situación es mucho más complicada que la nuestra hace unos minutos. Tú no te rendiste, tomaste todas las precauciones, pero el miedo no te atenazó y tu tormenta ha quedado atrás”.

Y tú, ¿quieres dejar atrás la tormenta?

Para ello, es necesario que sigamos avanzando. ¡Ya sé que no es fácil! Pero tenemos que seguir. Un día daremos un paso adelante y otro puede que retrocedamos, pero siempre debemos sentirnos satisfechos si hemos conseguido aprender de nuestras equivocaciones, si creemos firmemente que podemos conseguir salir de esta tormenta y alegrarnos de hasta dónde hemos llegado.

Y, para ello, hace falta que nos pongamos a trabajar desde ¡ya! Tenemos que trabajar duro, ¡sí! no os voy a engañar, pero cuando salgamos de la tormenta ¡habrá valido la pena!

¿Recordáis en la crisis económica mundial de 2008/2009 qué características comunes tenían las empresas y/o emprendedores que consiguieron sortearla e, incluso, salir más fortalecidos?

Os apunto algunas:

  • Asumieron que la situación no era buena. Y, una vez analizada, buscaron la manera de afrontarla con nuevos caminos, aprendizaje y asumiendo el riesgo, pero no perdieron el tiempo en lamentarse.
  • Duplicaron el esfuerzo. Porque había que doblar esfuerzos para conseguir ver resultados. Nuevas formas de comunicación. Nuevas tecnologías. Nuevos negocios para las nuevas necesidades…
  • Duplicaron la pasión. En situaciones complicadas hay que incrementar la pasión por el trabajo. Porque cuando ponemos pasión en alguna cosa, ¡sale mucho mejor!
  • No dudaron en empezar de nuevo una y otra vez tras cada tropiezo, en dejarse la piel… La otra alternativa, la resignación, no tiene cabida.

¿Sabéis que es lo mejor de todo esto? ¡Qué somos nosotros los que elegimos!

Elegimos entre resignarnos a vivir en la tormenta o en centrar todas nuestras ilusiones y nuestro esfuerzo en salir de ella.

Elegimos cuál es la actitud con la que decidimos transitar por la tormenta. ¡Y sí! ¡Ya lo sé! Cada situación es diferente. Hay situaciones mucho más complicadas y difíciles que otras, pero en todas ellas -sean como sean- la actitud con las que las vivimos es una decisión nuestra. Y os aseguro que es más fácil transitar la tormenta cuando la actitud es la de poner todo nuestro empeño en salir de ella con realismo y, a la vez, con prudencia.

Podemos elegir, por ejemplo, cambiar el ‘por qué me pasa esto’ por el ‘para qué me pasa esto’.

Elegir pensar cada mañana en ‘¿qué voy a hacer hoy por mejorar mi entorno?’ y acostarnos pensando en los mejores momentos que ha tenido el día.

En definitiva, podemos elegir si atravesar la tormenta aterrorizados o poniendo el foco en que, al final del camino, escampará.

Y todavía tengo una buena noticia: ¡A adoptar esta actitud positiva, se aprende!

Se puede aprender entrenando cada día, pensando en hacer de nuestro trabajo algo extraordinario, buscando nuevas formas de relacionarnos en una sociedad que está cambiando, nuevas formas de trabajar y también nuevas formas de disfrutar de nuestro ocio, pero siempre intentando ver en cada situación cotidiana un reto personal. ¡Y celebrando cada reto superado! Por pequeño que sea.

Ahora me gustaría retomar el comienzo de este post y acabarlo esta semana con un par de retos:

¿Te animas a seguir avanzando a pesar de las circunstancias? ¿Te atreves a poner el doble de pasión en cada cosa que hagas? ¡Sigue!