Trabajo en equipo. ¿Te animas a practicarlo? Esta semana quiero que reflexionemos acerca del trabajo en equipo, de la colaboración, de entregarnos a los demás… Y de la satisfacción que nos produce haber contribuido a llevar a buen término un proyecto conjunto.

¿Conoces esa sensación?

Para contribuir a esta reflexión os quiero contar una historia sobre una amistad entre un pájaro carpintero y un tucán.

“Hace muchísimos años, en la selva amazónica, vivía un pequeño pájaro carpintero que iba a ser papá. Los días habían pasado rápido y sus crías estaban a punto de nacer. Necesitaba fabricar un nido en un lugar seguro, lejos de los depredadores; por este motivo, eligió la parte alta de un tronco centenario, lejos de miradas indiscretas y de posibles peligros.

Como no disponía de mucho tiempo, se dedicaba día y noche a picotear sin descanso la corteza del árbol ¡Tenía que hacer un agujero grande y confortable para los huevos!

El sonido de su pico golpeando la madera se extendió por los alrededores y llamó la atención de un tucán. Al principio, el ave de colores no era capaz de saber de dónde salía ese repiqueteo, pero indagó un poco más y descubrió al pájaro carpintero trabajando, oculto por el follaje de los árboles.

– ¡Hola, amigo! Veo que estás haciendo un nido para tu familia, le dijo el tucán.
– Sí, así es. Tengo que terminarlo cuanto antes porque mis pequeñuelos llegarán al mundo de un momento a otro.
El tucán estaba fascinado. Nunca había visto a nadie trabajar con tanto interés y decidió hacerle una proposición.
– ¿Sabes? Yo no tengo casa y me veo obligado a anidar a la intemperie y en cualquier lugar. Nunca me siento seguro y paso bastante frío. Me preguntaba si podría contar contigo para que fabriques un nido para mí.

El pájaro carpintero dejó, por un momento, de picar la madera y le miró muy interesado. Sus ojos se posaron en el pecho del tucán, un ave realmente hermosa y colorida.

– ¡Se me ocurre una idea! Si te parece bien, yo me comprometo a fabricar tu nido y a cambio, tú me regalas algunas de tus preciosas plumas rojas ¡Creo que serían el adorno perfecto para mi cabeza!
– ¡Fantástico! Es un trato justo para los dos ¡Cuenta con ello!

En cuanto el pájaro carpintero terminó de construir su nido, se puso a taladrar otro agujero en un árbol vecino para el tucán.

Al finalizar la obra, el tucán le felicitó por su buen hacer, se quitó unas cuántas plumas, y se las colocó a su nuevo amigo en la cabeza. Después, los dos volaron hasta una charca que habían formado las lluvias de la mañana. El pájaro carpintero se inclinó un poco para verse y se encontró guapísimo.

– Oh, ¡qué bien me quedan! Muchas gracias, amigo ¡Son preciosas!
– Gracias a ti por construir mi nuevo hogar.

Se abrazaron y entre ellos se creó una amistad para toda la vida.

Dice la leyenda que, desde ese día, los pájaros carpinteros lucen orgullosos un simpático penacho de plumas y que los tucanes siempre encuentran agujeros para vivir, pues sus amigos los pájaros carpinteros se los ceden para que puedan guarecerse y anidar”.

Esta historia es un ejemplo de que cuando unimos nuestras fuerzas, cuando damos cada uno lo mejor que tenemos y lo ponemos en común surgen cosas maravillosas.

¿Y si lo ponemos en práctica?

En ocasiones, nos cuesta trabajar en equipo porque no somos capaces de confiar y somos tacaños en lo que estamos dispuestos a ofrecer. Veréis, para trabajar en equipo hay que ser generoso. ¡Sí! Ser capaz de dar por el bien común, de todo el equipo.  Importa todo lo que aportas y seguro que es valioso para alcanzar el resultado final. Seguramente, sin la aportación que ha realizado el resto de componentes del equipo, el resultado no hubiera sido el mismo. Así que, la generosidad se convierte en el principal valor para ser un buen miembro de un equipo, pero también la humildad. Porque hay que ser humilde para reconocer que el trabajo de los demás miembros del equipo también es necesario. Para admitir que, sin ellos, no se hubiera podido conseguir el mismo resultado.

¿Y qué más nos hace falta para convertirnos en un buen miembro de un equipo de trabajo? Practicar la escucha. Ser capaces de escuchar a los demás para ser capaces de anticiparnos a sus problemas y poder ofrecer soluciones. Y, por supuesto, estar abierto a alcanzar el consenso. Practicar la flexibilidad y la apertura a nuevas propuestas es fundamental para conseguir fluidez y metas conjuntas dónde todo el equipo busca siempre el bien común, dónde todos pueden aportar. De nuevo volvemos a la generosidad. Porque para dar nuestro brazo a torcer y admitir propuestas de los demás hay que ser muy generoso, ¿no os parece?

Por último, creo que para conseguir un buen trabajo en equipo es necesario una buena comunicación para trasladar las inquietudes, las propuestas y ser capaz de realizar una buena crítica constructiva. Y, por encima de todo, nos hace falta confianza con el resto de las personas que conforman nuestro equipo de trabajo, dejarles hacer y dejar nuestra puerta abierta por si surgen dudas o cuestiones en las que podemos contribuir.

¿Y cuál es el resultado de un buen trabajo en equipo?

Cuando somos capaces de trabajar en equipo y alcanzar las metas que nos habíamos propuesto obtenemos una doble gratificación, la que se produce por haber sido capaz de lograr nuestro objetivo, y el aprendizaje que nos llevamos de las habilidades y experiencia de los demás miembros del equipo.

Para finalizar el post, te vuelvo a lanzar el reto con el que comenzamos, ¿te animas a trabajar en equipo? ¿Te animas a sumar?